Agustín Aristarán: de estudiar magia en Buenos Aires a protagonizar Willy Wonka
El actor estrena Charlie y la fábrica de chocolate el 4 de junio en el Gran Rex, tras el éxito de School of Rock y Matilda.

Agustín Aristarán debuta como Willy Wonka en Charlie y la fábrica de chocolate, que se estrena el 4 de junio en el Gran Rex con temporada hasta el 2 de agosto. El actor, quien llegó a Buenos Aires desde Bahía Blanca para estudiar magia y teatro, construyó una carrera que lo llevó a protagonizar Matilda y School of Rock en la misma sala, consolidándose como uno de los grandes nombres del musical argentino.
La propuesta llegó de manera inesperada. Cuando finalizó la última función de School of Rock, tres productores lo abordaron sobre el escenario: "Willy Wonka, me vuelvo loco", recuerda Aristarán sobre su primer reacción. Aunque supo del proyecto con meses de anticipación, la ansiedad fue constante. "La ansiedad es una constante en mi vida", bromea.
Construir el personaje le presentó un desafío singular. A diferencia de Gene Wilder, Johnny Depp y Timothée Chalamet —quienes ya lo llevaron a la pantalla— Aristarán rechazó revisar las películas para no "contaminar" su propia versión. "El personaje está en constante construcción hasta el día del estreno con el público real", explica. Lo describe como un niño en cuerpo de adulto, profundamente solo en su megafábrica de chocolate, que descubre en Charlie el heredero emocional que nunca tuvo. "Hay mucha dulzura, mucha comedia, y mucha oscuridad por la soledad que vivió toda su vida".
Su trayectoria es resultado de formación temprana y decisiones paternas poco convencionales. Mientras otros padres inscribían a sus hijos en fútbol, los suyos lo enviaron con Tito Piqué, quien enseñaba jazz a través de fábulas. "Tuve una infancia que parece sacada de un cuento", reflexiona. Tocaba batería, cantaba scat en festivales por todo el país y después descubrió la magia. Sin escuelas de magia en Bahía Blanca, sus padres lo orientaron hacia teatro, danza y canto.
A los 16 o 17 años, mientras trabaja como mago en eventos, comenzó a viajar diariamente a Buenos Aires. Partía de madrugada en el colectivo de la noche tras tomar clases. En el pico de su carrera como mago infantil en Bahía Blanca, decidió radicarse definitivamente en la capital. Sus padres siguieron apoyándolo con una condición: que fuera la mejor versión de sí mismo.
Hoy, con participaciones en Otro día perdido en eltrece y la película Parque Lezama junto a Luis Brandoni, mantiene una perspectiva singular sobre el éxito. "Me gusta pensar que no llegué a ningún lado, porque si llego me tengo que quedar, desarmar la valija y colgar la ropa", dice con pragmatismo. "Me motiva mucho saber todo lo que falta". Sobre su relación de doce años con la actriz Fernanda Metilli, resume el secreto en términos simples: comunicación genuina y respeto mutuo en el oficio.
Su "niño interior bien atendido" es el motor creativo. Rechaza las reglas claras y los límites cuando juega, espacio donde germinan las mejores ideas. "Me permito mucho el juego en el mejor sentido", afirma. Es desde allí que intenta entretener cada noche en el escenario.
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