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Caminar como juego: la app argentina que premia tus pasos con beneficios

Pasito ya suma 338.000 usuarios y convierte la actividad física en una competencia con recompensas en comercios.

Redacción4 min de lectura
Caminar como juego: la app argentina que premia tus pasos con beneficios

La farmacia queda a seis cuadras de su casa. Antes, Carolina Echagüe, de 26 años, probablemente hubiera ido en auto. Ahora aprovecha para caminar. Cuando sale, intenta estacionar unas cuadras más lejos de su destino para sumar pasos. Incluso, si va de una punta a otra de su casa, busca tener el celular encima para registrar todos los movimientos.

“Agarro el celular para cualquier cosa, cualquier movimiento para que me tome los pasos que estoy haciendo. Salgo un poco más y trato de caminar lo más posible por la competencia”, cuenta.

No empezó a entrenar para una carrera ni siguió una indicación médica. Lo que cambió fue que empezó a caminar con un propósito y por una motivación: canjes y competencia. La aplicación Pasito recompensa la actividad física con beneficios en comercios gastronómicos, de belleza, artículos coleccionables, entre otros. Transforma acciones cotidianas —como caminar unas cuadras más o estacionar más lejos— en una especie de juego.

Ese cambio no es casual. Para Joan Cwaik, especialista en tecnologías emergentes y autor de El Algoritmo: ¿Quién decide por nosotros?, la aplicación no modifica el acto de caminar, sino el significado que adquiere. “Caminar sigue siendo caminar. Lo que aparece con la app es una capa nueva arriba de un hábito viejísimo. De golpe ese paseo tiene un número y, a veces, alguien del otro lado midiéndose con vos”, explica.

Según sostiene, la gamificación logra acortar la distancia entre el esfuerzo y la recompensa. “Nos cuesta sostener una conducta cuyo premio recién aparecerá dentro de medio año. La gamificación adelanta una recompensa pequeña e inmediata y eso compensa que el beneficio de fondo tarde tanto en llegar”, resume.

La aplicación fue desarrollada por Santiago Schamberger, de 26 años y oriundo de Olavarría, en equipo con su hermano Lisandro, de 29, y su novia Renata Poletti, de 25. “El fin último de la aplicación es que seas más saludable, dejar un poco la tecnología, salir del encierro de tu casa y que conozcas lugares nuevos”, detalló en diálogo con LA NACION tras el lanzamiento. Explicó que su idea surgió a partir de un análisis de las redes sociales, que favorecen una “ultraconexión” que hace que la gente se encierre cada vez más en su hogar, al tener la posibilidad de ver contenidos ilimitados por streaming y varias aplicaciones para pedir comida. “Mi idea con la app es romper con eso, hacer que la gente se mueva, que tenga que salir”, sumó.

El mecanismo es sencillo. La app convierte los pasos en una moneda virtual: 1000 pasos equivalen a un “pasito”, que luego puede ser canjeado por descuentos, promociones o productos en comercios adheridos.

En el grupo que Carolina comparte con amigos esto ocurre seguido. Mira el ranking, descubre que está apenas unos cientos de pasos por detrás del primero y abre la aplicación. “A veces estoy a 300 de superar al que tengo arriba y salgo a caminar un poco más para pasarlo”, comenta.

Melisa Balliani, de 26 años, integra cuatro grupos distintos. En uno están sus compañeros de trabajo; en otro, sus amigas. Relata que no hablan todo el tiempo de la aplicación, pero cada tanto alguien manda un mensaje preguntando cómo hizo otro para llegar a 30.000 pasos en un día o bromeando a quien quedó último en el ranking. “Es una especie de stalkeo, pero más sutil. De alguna forma me siento conectada con mis amigos”, resume.

Para Cwaik, esa dimensión social explica buena parte del éxito de estas plataformas. “Cuando metés a gente cercana aparece una forma suave de compromiso público. Que tu hermana o amigos vean si caminaste o te quedaste tirado agrega una presión que uno solo no se pone jamás. Es la vieja fuerza de la tribu funcionando dentro del teléfono”, sostiene.

No todos transforman radicalmente su rutina. Pero muchos describen modificaciones casi imperceptibles que, acumuladas, terminan alterando el día.

Trinidad Taurell, de 25 años, vive en Ingeniero Maschwitz, donde las distancias suelen obligar a usar el auto. Aun así, cuando puede, elige ir en bicicleta con amigas o caminar desde la entrada del barrio hasta su casa. Cuenta que empezó a incorporar estos hábitos “de a poquito”.

La estudiante Sofía André, de 19 años, reconoce que cuando instaló la aplicación elegía los caminos más largos para sumar pasos y, si sabe que va a caminar bastante, lleva el celular en la mano para asegurarse de que registre toda la actividad. “Suelo hacer distintos grupos con uno o dos personas para competir. Solemos siempre hablar de quién camina más y muchas amigas se dieron cuenta que caminan mucho gracias a la app”, relata.

Además, afirma que más allá de la competencia, la motiva tener un registro de su actividad: “Algo que me engancha es ver cómo suben mis pasos en la semana, me gusta ver que camino más por mi salud, fuera de los beneficios. Desde la app, lo hace ver más divertido”.

Alma Caporaletti, de 19 años, también modificó un gesto cotidiano: “Ahora bajo antes del colectivo para caminar un poco más. Lo mismo cuando voy del trabajo a la facultad, busco sumar pasos para romper una meta mía personal”.

Para Cwaik, el auge de este tipo de plataformas refleja un cambio más profundo en la relación con la tecnología: “No es que la app nos haga caminar, sino que nos da una razón para hacerlo visible. Y en un mundo donde todo se mide, caminar también se vuelve un dato”.

Fuente: Lanacion.

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