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Draco Rosa: redención, viajes y el nuevo disco 'Olas de luz'

El cantante puertorriqueño lanzó su álbum tras un viaje transformador por España y República Dominicana que marcó su presente artístico.

Redacción3 min de lectura
Draco Rosa: redención, viajes y el nuevo disco 'Olas de luz'
Draco Rosa: redención, viajes y el nuevo disco 'Olas de luz'

Draco Rosa acaba de publicar Olas de luz, un disco que el propio músico describe como un acto de redención. El álbum emerge tras un viaje que lo llevó por República Dominicana y la costa brava de España a finales de 2024, una experiencia que transformó su perspectiva y nutrió cada canción con historias vividas, postales y hasta recibos guardados como testigos.

Rosa es la acumulación de múltiples versiones de sí mismo. Fue el ídolo juvenil de la boy band Menudo en los años 80, luego actor de cine tras el filme Salsa, compositor de los temas más conocidos de Ricky Martin, y finalmente explorador de territorios más introspectivos y místicos en sus trabajos en solitario. Dos batallas contra el cáncer, episodios de exceso y renacimientos sucesivos moldean su trayectoria. Hoy vive en una finca de Puerto Rico rodeada de colinas y vegetación caribeña, lejos de la capital.

Durante una conversación por video, Rosa muestra su Dodge Charger del 68 desde la ventana de su oficina, mientras bromea sobre el consumo de gasolina en tiempos de alzas petroleras. Sin embargo, su reflexión deviene seria cuando toca el tema central: la necesidad de adaptarse a nuevas realidades. "El lema del día es que hay que destruir para crear", sostiene, reflejando el caos que trasunta en su nuevo trabajo.

El álbum nace de una crisis personal. A fines de julio de 2024, Rosa llevaba "el peso de muchas cosas" que lo tenían mal. Junto a su pareja, decidió partir. El viaje lo llevó primero a República Dominicana y después a España, donde sucedieron los encuentros que inspiraron cada tema. Visitó el monasterio de Monserrat en Cataluña, asistió a una misa en catalán sin entender las palabras pero sintiendo la experiencia, y conoció a una mujer de 80 años cuya historia de acompañamiento a su marido con Alzheimer lo marcó profundamente.

En Madrid, Rosa paseó por los museos con lucidez por primera vez tras años de visitas embriagadas. Frente al tríptico de El Carro de heno, la revelación fue súbita. Llamó a su colaborador más cercano desde el hotel: "Quiero hacer un disco". Tenía tres canciones listas. En su cuaderno anotó todo: las postales, los momentos, incluso los recibos de ese peregrinaje creativo.

Años atrás, Rosa había publicado Monte Sagrado, que toma nombre del lugar donde reside, y luego Sound Healing, enfocado en la música como herramienta terapéutica. Posteriormente grabó un homenaje al rock latino sin guitarras, que incluyó composiciones de músicos argentinos. Ahora regresa con Olas de luz, más declamativo y cargado de narrativa personal.

Cuando se le pregunta sobre la nostalgia, Rosa pivota hacia una filosofía de presente. Tras repasar su historia desde 1988 —cuando rodó Salsa—, constató que seis amigos de esa época ya han fallecido, todos jóvenes. Las enfermedades propias completaron el panorama. "El sendero está lleno de esa pena negra pero ahí dentro hay una luz", afirma. Su trabajo de los últimos seis años ha sido cambiar el chip diariamente, enfocarse en tareas de la finca, en sembrar, en cultivar comunidad.

Rosa habla de un estatus nuevo: "Don Draco". No es una vanidad, sino el reconocimiento de haber atravesado incertidumbres que forman parte de la caminata. En Olas de luz celebra a la familia, a los encuentros casuales en la calle que a veces ofrecen conversaciones más profundas que amistades de años. "Eso es espiritualidad", señala, especialmente en tiempos donde la inteligencia sintética amenaza con reemplazar lo humano. Al cierre, una convicción: "Cada año me siento más privilegiado".

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