Deportes

El argentino que llevó a Aruba al ascenso en la Copa Davis y los preparó en un container de Cañuelas

Claudio Martínez, capitán del equipo caribeño, relató la insólita experiencia de convivencia en un campo bonaerense antes del playoff en Paraguay.

Redacción5 min de lectura
El argentino que llevó a Aruba al ascenso en la Copa Davis y los preparó en un container de Cañuelas

Entre el 8 y el 11 de julio, en Luque, Paraguay, se disputó el playoff del Grupo Mundial IV de la Zona Americana de la Copa Davis. Aruba fue uno de los grandes protagonistas: superó invicto la fase de grupos y venció a Cuba por 2 a 0 en la serie por el ascenso, asegurando su regreso al Grupo III. El festejo de los caribeños tuvo un toque albiceleste, porque el capitán de ese seleccionado es Claudio Martínez, un argentino de 61 años con una historia peculiar.

Martínez llegó a la "Isla de la Felicidad" hace más de veinte años para jugar un torneo y hoy es referente del tenis en ese país. El equipo formado por Patrick Sydow, Kyle Frankel, Ibian Hodgson y David Zuleta hizo la preparación final para la eliminatoria en Argentina, donde vivió una experiencia que los sacó de su zona de confort pero también los enriqueció y fortaleció.

El entrenador quería que sus jugadores, habituados a las canchas duras, pudieran adaptarse al polvo de ladrillo junto a tenistas formados en esa superficie, en la que se disputarían los partidos en Luque. El Club Atlético Monte Grande, donde trabajó un tiempo y aún tiene viejos conocidos, les abrió las puertas. Y confirmado el lugar de entrenamiento, al coach se le ocurrió una idea diferente para el alojamiento: una pequeña casa que él construyó en un contenedor en un campito en Cañuelas.

"No teníamos mucha plata para pagar un hotel... No teníamos plata para pagar un hotel, en realidad. Así que les propuse ir a Cañuelas. Ellos viven en Aruba, donde es todo como una maqueta, tienen más hotel y aeropuerto que tomarse un colectivo. Entonces me pareció que era una buena experiencia. Les dije: 'Esta forma de vida no la van a experimentar nunca y les va a hacer bien'", recordó Martínez en charla con Clarín.

"Prendíamos la salamandra para calentar la casita, porque en esos días hizo un frío de locos allá. Una noche tuvimos -5°. Salíamos a buscar madera para la estufa, nos hacíamos el desayuno, íbamos a caminar por el campo, compartíamos un baño entre todos. Cocinábamos al calor del fuego. Ellos no habían prendido un fuego con leña en su vida", relató el entrenador.

Y continuó: "Vivimos con la incertidumbre de que podía quedarse el auto en medio de la ruta, porque yo acondicioné un auto que tenía allá, que era de mi hijo, y lo usábamos para ir y volver del club. De que si había tormenta en Cañuelas se podía cortar la luz, aunque ahora puse un panel solar en la casa para poder al menos cargar los celulares si se corta. Y les encantó".

"En el club Monte Grande me dijeron inmediatamente 'Las canchas son de ustedes'. Y pudimos entrenar con la primera del club, que tiene jugadores que juegan muy bien. Quería que los chicos tuvieran tres días para entrar en ritmo de polvo de ladrillo, con gente que tiene la capacidad de jugar mejor en ese tipo de canchas, que experimentaran cómo es jugar y moverse en esta superficie. Además así les sacamos ventaja a los rivales con los que jugamos en Paraguay, que fueron todos países del Caribe o de Centroamérica, que tampoco están acostumbrados al polvo", agregó.

La historia de Martínez con Aruba es tan curiosa como la experiencia que les hizo vivir a sus jugadores en la previa de los playoff de Paraguay. Arranca en Banfield, donde Claudio comenzó a jugar al tenis de casualidad. Y sigue con una serie de eventos "afortunados" que marcaron su destino.

"Fue como una falla en la matrix, porque en ese momento, un chico del nivel económico de mi familia no podía jugar al tenis en ningún lugar del mundo", afirmó tras recordar sus comienzos. "En mi casa nunca llegábamos a fin de mes o llegábamos arañando. Si le pedía a mi viejo que me comprara un par de zapatillas para jugar, me iba a mirar como diciendo 'Estás loco, no alcanza para comer y vamos a comprar zapatillas'. Pero bueno, se fue dando. Y a veces en la vida se dan las cosas y uno tiene que aprovecharlas".

Martínez agarró por primera vez una raqueta (rota, que le habían regalado) cuando tenía 12 años. Por entonces jugaba al fútbol, pero también peloteaba a veces en la calle con chicos del barrio. Y trabajaba para ayudar a sus padres; primero, vendiendo cosas -como biromes y pela papas- en la calle; y después, pintando casas. Uno de sus primos abrió un club de tenis en Banfield y le propuso que fuera a trabajar allí.

"Al principio hacía cualquier cosa, desde limpiar el baño hasta barrer la cancha. Un domingo faltaba uno para un torneo, lo jugué y gané el dobles. Yo ni sabía contar, me decían parate acá, parate allá, pasá la bola y corré. Pegaba slice de revés con continental y no sabía lo que era. Pero era muy jovencito, tenía buen estado físico y corría como un animal, entonces pasaba todas. Ahí me empezó a gustar, arranqué a pelotear con la gente y después, a ayudar en las clases de tenis", contó.

Fue en ese club en el que tuvo su primera "lección" de tenis, cuando Martín Errecalde, un entrenador y ex jugador que trabajaba en la AAT, le corrigió algunos detalles técnicos y le acomodó la empuñadura. Unos años, tras hacer el servicio militar obligatorio en la Infantería de Marina y cuando ya trabajaba en Monte Grande con 19 años, empezó a ir dos veces por semana a San Martín, donde Toto Cerúndolo -reconocido entrenador y papá de Francisco y Juan Manuel- daba clases. "Ahí traté de mejorar más, porque yo había aprendido casi solo. Tenía cierta facilidad y mucha garra, pero golpes poco pulidos", aseguró.

Varios años más tarde, en un momento político, social y económico complicado en Argentina, un triunfo en un torneo que se jugó en un country de Moreno le cambió la vida.

"Yo daba clases de tenis en el Club Italiano de Caballito. Me invitaron a jugar y, con mi compañero, ganamos el dobles. El premio era un viaje a Aruba. Fue en pleno 2001, cuando explotó todo. Ese año viajamos a competir allá con un grupo de como 20 jugadores. Había equipos de siete países. Les caí bien a los que organizaban el evento, que era para promocionar la isla, y me preguntaron si quería organizar los preliminares el año siguiente, porque tenían muchos problemas con la gente de los countries. Lo hice por tres años seguidos, conocí una chica de acá, empezamos una relación y después nos casamos; y me vine definitivamente, a probar suerte", relató.

Fuente: Clarín.

Más en Deportes