El curioso hábito de Elizabeth Taylor que desesperaba a su abogada
Barbara Berkowitz, letrada de la actriz durante décadas, reveló que su impuntualidad era lo único que lograba sacarla de quicio.

Elizabeth Taylor fue una de las grandes estrellas de Hollywood y, a lo largo de su vida, se destacó tanto por su talento como por su activismo y su personalidad arrolladora. Pero quienes la conocieron de cerca también saben que, como cualquier persona, no era perfecta. Su abogada durante décadas, Barbara Berkowitz, reveló cuál era uno de los pocos aspectos de la actriz que podía llegar a sacarla de quicio: su absoluta falta de puntualidad.
En diálogo con la revista People, Berkowitz aseguró que Taylor no era una mujer propensa a los conflictos innecesarios y que, pese a su carácter fuerte, estaba muy lejos de alimentar los chismes o las peleas. "Ella estaba por encima de muchas cosas. No toleraba los chismes, las traiciones ni las mezquindades. No era así en absoluto. No creaba dramas", explicó la abogada.
Pero había una excepción que ponía a prueba su paciencia: las demoras de la actriz. "Lo único que creo que me sacaba de quicio de Elizabeth era su impuntualidad, algo que la gente comentaba. No sé cómo lo manejaba el equipo que se encargaba de prepararla... En su lugar, me habría dado una úlcera", contó entre risas.
El motivo de aquellas tardanzas, sin embargo, tenía una explicación bastante particular. Taylor seguía un elaborado ritual de belleza antes de salir y, curiosamente, una de las últimas etapas consistía en darse un baño.
"Yo llamaba preguntando: ‘¿Cómo está?’ Y me decían: ‘Bueno, está en la bañera’", recordó Berkowitz. La respuesta podía hacer pensar que la actriz recién estaba comenzando a prepararse, pero en realidad ocurría todo lo contrario.
Taylor ya tenía el pelo y el maquillaje prácticamente terminados. El baño era uno de los últimos pasos de su rutina porque utilizaba el vapor para fijar el maquillaje. "Salía del cuarto de baño, se ponía las joyas, se vestía y salía. Ya tenía el pelo y el maquillaje listos. Después de eso, todo era muy rápido", explicó la abogada.
La propia Taylor era además una pieza fundamental de su propia preparación. Aunque contaba con profesionales que podían maquillarla, Berkowitz sostuvo que nadie conocía su rostro como ella misma. "Venían personas a maquillarla, pero ella lo hacía mejor que nadie. Sin duda, ella misma era su mejor maquilladora", afirmó.
El sitio web oficial de la actriz también conserva detalles sobre aquella particular rutina de belleza que incluye un baño rápido para que el vapor hiciera su magia. La técnica puede resultar extraña según los estándares actuales, pero formaba parte de la imagen característica de la actriz. Taylor utilizaba una base ligera que permitía que sus pecas siguieran visibles y recurría a un delineador de ojos gris mate en crema para conseguir un efecto sutil.
Taylor falleció el 23 de marzo de 2011, a los 79 años, en Los Angeles. Seis semanas antes había sido hospitalizada por una insuficiencia cardíaca. Las últimas imágenes que quedaron de ella fueron en silla de ruedas por los problemas que sufría en la espalda. La actriz de los dos premios Oscar y de los ojos violetas empezó a actuar desde niña y terminó consagrándose como una de las mujeres más admiradas de Hollywood. El nombre de Elizabeth Taylor trascendió fronteras y convirtió a la artista nacida en Londres en uno de los íconos más reconocidos del cine internacional.
Además de lucirse frente a las cámaras, la diva se había vuelto una activista contra el sida después de que su amigo Rock Hudson falleciera a causa de esta enfermedad en 1985. La actriz fue cofundadora de la Fundación Estadounidense para la Investigación sobre el Sida y también fue artífice de la Fundación Elizabeth Taylor del Sida. Por toda esta lucha comprometida recibió un galardón honorífico de la Academia de Hollywood. Asimismo, fue reconocida con el premio Princesa de Asturias en 1992, el mismo año en que participó de un show tributo a Freddie Mercury, para concientizar sobre la enfermedad.
Por qué importa
El testimonio de Berkowitz humaniza a una de las últimas grandes divas de Hollywood y muestra cómo sus rutinas de belleza, hoy replicadas en redes, ya eran objeto de fascinación y comentario en su entorno más cercano.
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