El peronismo admite el orden fiscal: la apuesta central de Milei
Dirigentes opositores reconocen en privado la necesidad del equilibrio presupuestario, una ruptura con décadas de emisión monetaria y déficit.

Aníbal Fernández, exministro peronista, afirmó que no tocaría nada de la gestión económica de Milei si llegara a la presidencia. La declaración en el canal Gelatina marca un cambio significativo en la posición de la oposición respecto del orden fiscal, un tema que ha dividido históricamente a la política argentina.
La sorpresa no radica solo en quién lo dijo, sino en el reconocimiento de una verdad que intendentes peronistas y gobernadores de la oposición admiten en privado: las restricciones presupuestarias son necesarias después de dos décadas de expansión del gasto público. Incluso Kicillof ha reconocido la necesidad del equilibrio fiscal en conversaciones privadas, según fuentes consultadas.
La frase de Fernández encapsula un punto de inflexión político. Hay un lugar al que una parte importante del electorado no quiere regresar bajo ninguna circunstancia: la emisión monetaria descontrolada y el déficit fiscal permanente. Aunque el Gobierno enfrenta restricciones presupuestarias severas y escándalos administrativos, este consenso sobre lo que no se debe hacer constituye un activo electoral considerable para Milei de cara a 2027.
La ventaja competitiva es clara. Mientras Mauricio Macri en 2019 enfrentaba múltiples objetivos—terminar con el kirchnerismo, bajar inflación y pobreza, modernizar el Estado—, Milei concentra su promesa en una sola: mantener las cuentas públicas ordenadas incluso a costa de decisiones impopulares. Para la oposición, encontrar candidatos que compitan contra esa promesa explícita resulta cada vez más complejo.
El horizonte cambiario se presenta más favorable que en gestiones anteriores. Las exportaciones de abril alcanzaron un superávit comercial de 2.700 millones de dólares, cifra que no incluye aún la cosecha gruesa proyectada para otros 35.000 millones. Si las condiciones se mantienen, la Argentina podría superar los 100.000 millones en exportaciones por primera vez en su historia y cerrar el año con superávit de cuenta corriente.
Sin embargo, la realidad económica es heterogénea. La actividad económica creció 3,5% en abril respecto a marzo, según el Indec, lo que generó comentarios irónico sobre una recesión que no termina de confirmarse. Al mismo tiempo, hay ganadores y perdedores en sectores específicos. La inflación histórica camuflaba ineficiencias empresariales que ahora quedan expuestas.
Empresas como Le Utthe, la textil con 52 sucursales, cerraron su filial en Posadas por la combinación de presión tributaria municipal e impuesto a los ingresos brutos de Misiones. Aunque la firma sigue abriendo locales en otras ciudades como Quilmes y San Rafael, el modelo de negocios basado en volumen y rotación requiere márgenes más amplios. "Cierren ya el local", resolvió la dirección. Otros industriales como los Karagozian han reorientado sus plantas hacia sectores como minería y energía.
Techint aceleró su transición hacia Europa tras perder la primera licitación de tubos para Vaca Muerta frente a la india Welspun. El cambio marca un quiebre respecto a ciclos anteriores: la decisión no se tomó en despachos oficiales, sino en el mercado. Fueron los propios pares de Rocca—los Bulgheroni, Mindlin e YPF—quienes eligieron la oferta más competitiva.
El factor electoral muestra disparidades geográficas. Según el índice de confianza del consumidor de la Universidad Di Tella, en mayo los niveles más altos de aprobación del Gobierno llegan a 45,39 puntos en el interior, mientras en el conurbano bonaerense caen a 37 puntos. En provincias como Tucumán, el peronismo se debilita: Juan Manzur aparece dos o tres puntos por debajo de Lisandro Catalán, precandidato de La Libertad Avanza.
Las tensiones internas del Gobierno permanecen sin resolver. Santiago Caputo y Martín Menem continúan con sus diferencias públicas en redes sociales, mientras Milei intenta evitar que esas disputas comprometan áreas administrativas sensibles: privatizaciones, concesiones ferroviarias, proyectos de patentes e hidrobiología. El Presidente reconoce que necesita de ambos sectores, pero el desgaste es evidente.
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