El problema de liderazgo que expone Milei en la crisis de su entorno
La parálisis del Presidente ante el conflicto entre su hermana Karina y Santiago Caputo revela una dispersión de autoridad que ya no puede ocultar.

La agresividad de las luchas internas en el oficialismo escala de manera sostenida, pero el último enfrentamiento entre Martín Menem y Santiago Caputo —desencadenado por la cuenta "Periodista Rufus" en X— pone al descubierto un problema más grave: la incapacidad de Javier Milei para disciplinar a las figuras clave de su equipo. Lo que sale a la luz es un quiebre en su liderazgo.
La perplejidad que genera esta situación es considerable. Hasta ahora, la imagen del Presidente era la de un jefe sin contemplaciones: alguien capaz de prescindir de colaboradores de largo recorrido como Nicolás Posse o Guillermo Francos, sus dos primeros jefes de Gabinete. Un político con capacidad para desconcertar a aliados como Mauricio Macri con movidas de cálculo frío. Esas habilidades pierden valor cuando queda expuesta la parálisis que padece ante el conflicto entre sus principales escoltas: su hermana Karina y el "Mago del Kremlin" Caputo. Frente a ellos dos, el Presidente está inmóvil.
La raíz de esta limitación podría buscarse en lo emocional. Karina y Caputo no son figuras del equipo como las demás: son personas con las que Milei mantiene un vínculo afectivo único. Hace poco confesó que "Santiago es un hermano", noticia que Karina recibió sin preanuncio. La fratría que era de dos pasó a ser de tres. Pero esta explicación, aunque tentadora, es superficial.
Lo distintivo es que, a diferencia de los demás integrantes del gobierno, ambos son depositarios de porciones sustanciales de poder. Karina administra una función que no se puede delegar: la relación del Presidente con las personas. Venerada por él, es la única que conoce su subjetividad y el temperamento volcánico de sus emociones. Cuando le preguntan sobre sus ambiciones públicas, responde: "Yo sólo estoy aquí para cuidar a mi hermano".
A Caputo, en cambio, Milei le asigna el dominio de otro misterio: el alma de la opinión pública. Por ese mérito recibió desde el triunfo la función de arquitecto electoral de La Libertad Avanza. El Presidente no delegó en ambos meras atribuciones administrativas: les cedió una porción del poder. De ahí la mención al "triángulo de hierro". Es una estructura inusual y probablemente contraproducente. Ningún presidente argentino anterior —Yrigoyen, Perón, Alfonsín, Menem— se imaginó formar un triángulo con nadie. Se veían a sí mismos como el centro indivisible del sistema.
El desafío que enfrenta Milei no es lograr que Karina y Caputo se lleven bien. Su verdadero desafío es reabsorber la autoridad que dispersó entre ambos. Y hacerlo visible.
El martes emitió un síntoma inquietante de lo difícil que resulta esta tarea. Explicó la guerra interna diciendo que Menem no tenía responsabilidad en la cuenta que agredía a Caputo. Aunque el diputado había reconocido que los mensajes provenían de un colaborador menor de su círculo, Milei afirmó que le habían plantado ese perfil. Fue el ardid para eludir una decisión que no está en condiciones de tomar.
Daniel Parisini, conocido como "GordoDan" y subordinado a Caputo, lo desminió de inmediato. Afirmó que estaba probado que "Periodista Rufus" operaba bajo las órdenes de Menem. Y pidió que no le mintieran al Presidente. Aunque Parisini se ofreció muchas veces para "dar la vida" por Milei, antes de cumplir ese voto está dispuesto a menoscabar al ídolo. Al confirmar que fue Menem quien lanzó las agresiones, recolocó al Presidente en la posición de la que escapaba: la de un líder obligado a cerrar una guerra que se fue de las manos. El Presidente necesita que el perfil le haya sido plantado.
Pero Parisini fue más allá: presentó a un jefe susceptible de ser engañado respecto a datos verificables y concretos. La gravedad de esa observación es que resulta verosímil. Obedece al ejercicio triangular del poder. Milei no delega ciertos problemas: se desentiende de ellos. Esa propensión imprime a su gestión una característica singular: es difícil hallar en la historia democrática reciente a un jefe de Estado que maneje información de tan baja calidad.
Hay al menos tres razones. La primera es el desdén. Milei parece mucho más cómodo en el terreno de las abstracciones, axiomas y teoremas que en el reino de lo individual, del dato, del detalle. Acepta depender de otros para conocer lo que sucede. Por eso formuló desmentidas categóricas con información que después resultó falsa.
La segunda es que admite no leer diarios. Lee tuits. Consume narraciones fragmentarias sin control de calidad. No sorprende que alguien que forma su visión del mundo así considere que la prensa es fraudulenta.
El tercer factor es la tendencia a sacralizar narrativas conspirativas. Un líder con esa inclinación suele rodearse de pícaros dispuestos a confirmar sus presunciones para ganarse el favor. Existen múltiples indicios de que Caputo aprovecha esa fragilidad para obtener una confianza con rasgos adictivos. Hostigar a Macri es el camino rápido al corazón de Milei. Luis "Toto" Caputo acaba de demostrarlo al intentar probar que la gestión del Pro es el reflejo inverso de La Libertad Avanza, con argumentos que él mismo desmienten al recordar que fue su propia emisión de bonos la que generó aquella euforia financiera de la que ahora acusa a Macri.
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