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Faustino Oro, el prodigio del ajedrez que convirtió una exhibición en Tigre en un acontecimiento histórico

El gran maestro más joven de la Argentina jugó 25 partidas simultáneas ante chicos y chicas en el Museo de Arte Tigre.

Redacción4 min de lectura
Faustino Oro, el prodigio del ajedrez que convirtió una exhibición en Tigre en un acontecimiento histórico
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Hay silencios que dicen más que un aplauso. El Museo de Arte Tigre fue escenario de uno de esos momentos. Afuera, la naturaleza y el paisaje del delta. Adentro, una multitud contenía las palabras mientras el protagonista se desplazaba ante 25 tableros y otros tantos jóvenes oponentes con una tranquilidad intrigante y magnética. Ni los flashes, ni las cámaras de televisión, ni los celulares levantados parecían existir para Faustino Oro, el llamado Messi del ajedrez.

Con solo 12 años, es el gran maestro más joven de la historia argentina y uno de los más precoces del ajedrez mundial. Su presencia genera admiración haciendo exactamente lo contrario a un show: hace pensar.

Las partidas simultáneas se realizaron en el cierre de la Semana Internacional del Ajedrez. La Camerata de Tigre abrió la ceremonia con orquesta en vivo y luego llegaron los discursos del intendente Julio Zamora, del secretario de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación, Daniel Scioli, y del legendario gran maestro Miguel Ángel Quinteros. Lo presenciaron dirigentes, profesores, familias y, por supuesto, Romina y Alejandro Oro, padres del pequeño prodigio que se enamoró de esta disciplina durante la pandemia y protagonizó un ascenso brutal hacia la elite mundial.

“Para mí es un orgullo representar a la Argentina en cada torneo”, dijo Faustino, quien todavía conserva la timidez de un chico de escuela. Y agradeció a la organización de la gira nacional, que lo llevará también a Mar del Plata y Rosario.

Tras las palabras, el gran protagonista fue a lo suyo. Faustino saludó a cada rival, observó apenas unos segundos la posición, hizo su movimiento y siguió sin detenerse más que unos breves instantes.

En cada tablero había chicos y chicas de siete, diez, doce o quince años que probablemente recordarán esa partida durante toda su vida. Algunos sonreían, otros intentaban esconder sus nervios. Sabían que estaban ante alguien que ya pertenece a otra dimensión del juego.

Cristian Dolezal, maestro internacional y coordinador de la Escuela de Talentos de Tigre, los preparó mentalmente para vivir ese momento sin obsesionarse con el resultado. “Es como jugar un partido contra Messi”, resumió. “Lo importante es que entiendan que esta experiencia les va a quedar para siempre”, agregó.

Dolezal lleva más de tres décadas recorriendo torneos y conoció varias generaciones de talentos argentinos. Sin embargo, cuando habla de Faustino, deja de buscar comparaciones: “Nunca vi un chico así. Conocí jugadores extraordinarios, pero ninguno que fuera gran maestro a los 12 años. Tiene un talento enorme, pero además una capacidad de trabajo impresionante”.

Para Luis Antón, director de la Escuela Municipal de Ajedrez de Tigre, el fenómeno Faustino coincide con el mejor momento del ajedrez argentino en muchos años: “Él es el emergente más visible, pero detrás hay una enorme cantidad de chicos jugando. La edad de los competidores bajó muchísimo y cada vez aparecen más talentos”.

Antón también encontró una explicación menos técnica y mucho más humana para el crecimiento del juego. “El ajedrez integra. Se puede jugar entre generaciones, entre mujeres y hombres, entre principiantes y expertos. Se crean amistades muy fuertes. Los clubes dejaron de ser espacios cerrados para convertirse en lugares abiertos donde cualquiera puede aprender”, agregó.

En Tigre, la apuesta por el ajedrez lleva varios años de desarrollo. Más de diez mil chicos lo practican en las escuelas del distrito y la Escuela Municipal desarrolla talleres en escuelas primarias, polideportivos, clubes y bibliotecas. Daniel Scioli, uno de los impulsores de la gira nacional de Faustino, destacó en su discurso esa política pública del municipio tigrense: “Julio Zamora ha hecho una verdadera política de Estado con el ajedrez en Tigre. Soy un apasionado del juego y mi próximo libro hablará justamente de la incidencia que tuvo el ajedrez en mi vida”.

Zamora recogió el guante y explicó por qué el municipio insistió en ser sede de una jornada de estas características: “Quiero agradecer a Daniel Scioli, que eligió a Tigre como una de las tres ciudades para este evento. Y pusimos el mejor lugar que tenemos para recibir a nuestro genio del ajedrez”. El Museo de Arte Tigre ofreció una postal singular: pinturas, vitrales, columnas y luz natural entrando por los ventanales. “Es un día histórico. Tenemos la presencia de uno de esos genios que aparecen cada cien años”, celebró Miguel Ángel Quinteros.

El silencio continuó respetándose en una sala donde había unas 300 personas. Faustino siguió caminando. Un movimiento. Dos pasos. Otro tablero. Mueve las piezas y salta de un tablero a otro. No lo inquieta la fama ni la notoriedad que posee.

“Siempre intento disfrutar de lo más importante, que es el ajedrez y jugar mi mejor ajedrez. Siempre buscando disfrutar de las partidas y ganar”, valoró el gran protagonista.

Sus movimientos no provocaron ni gritos ni fervor, pero sí admiración. Por su presencia y por su destreza que asombra al mundo. Y eso es justamente lo que pasó durante esta tarde memorable en Tigre, en la que durante un par de horas, un salón entero descubrió que el silencio también es una forma de ovacionar.

Fuente: Lanacion.

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