Griselda Siciliani: la decisión que cambió su carrera y la renuncia que le abrió puertas
La actriz recordó cómo dejó de lado su viaje de egresados para estudiar teatro musical y cómo Hugo Midón la becó.

Griselda Siciliani descubrió la danza a los ocho años y supo que quería ser bailarina. Ingresó a la Escuela Nacional de Danza a los diez, convencida de que ese era su destino. Sin embargo, mientras se formaba, sus objetivos evolucionaron: ya no quería ser solo bailarina, sino una artista versátil que pudiera bailar, cantar y actuar. El teatro musical llegó a su vida y la transformó, aunque enfrentaba un obstáculo económico que parecía insalvable.
A los diecisiete años, como bailarina profesional ya formada, Griselda asistió a una presentación de Vivitos y coleando, el icónico musical argentino de Hugo Midón y Carlos Gianni. Llevó a su hermana menor, Leticia, quien tenía tres años. En ese momento, la actriz experimentó un punto de quiebre: "Claro, yo no quiero ser solo bailarina, quiero hacer esto", recordó. Vio la tercera versión de la obra y después accedió a los VHS con las interpretaciones de Roberto Catarineu, Andrea Tenuta, Carlos March y Ana María Cores, quienes se convirtieron en sus "ídolos máximos".
Mientras completaba sus estudios en la Escuela Nacional de Danza, Siciliani también quería especializarse en canto. "Estudiaba actuación con Hugo Midón y ahí teníamos canto, pero yo quería estudiar música. Mi única manera de estudiar —salvo Midón, que me becó— era en instituciones públicas", explicó la protagonista de Envidiosa (Netflix). Se preparó para ingresar al Conservatorio, pero tras un año de cursada comprendió que esa no era la formación que buscaba. Decidió reorientar sus estudios hacia la comedia, manteniendo su identidad como bailarina que además quería actuar.
Durante su adolescencia, el acceso a la cultura fue un desafío para la familia. "Todos los fines de semana me tomaba el colectivo 5 para ir al hall del Teatro San Martín a ver al ballet contemporáneo. Tenía 12 o 13 años e iba sola porque, además, somos muchos hermanos. No es que mis viejos pudieran ir conmigo a ver danza. Tenían que ocuparse de los otros hijos también", relató.
El momento decisivo llegó cuando decidió renunciar a su viaje de egresados. Pidió a sus padres que le dieran ese dinero para pagar las clases de teatro musical en el estudio de Midón, cuyos aranceles eran elevados. "Pagué el primer año y Midón nunca supo. Me becó para segundo, tercero y cuarto", reveló Siciliani. La convicción de la actriz y la apuesta del director en su talento dieron sus frutos. Esa decisión de renunciar a una experiencia típica de la adolescencia le permitió acceder a la formación que transformaría su carrera artística.
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