La interna libertaria en redes y la tentación de gobernar con IA
Mientras Milei navega conflictos internos, un microestado filipino demuestra que un programa informático puede administrar mejor que los políticos.

Un microestado en Filipinas llamado Sensay se autoproclamó hace exactamente un año y tomó una decisión radical: reemplazar a los políticos por inteligencia artificial. El programa Oráculo (Organizational Analysis and Causal Understanding for Long-term Operations) lidera las encuestas locales con un dato incómodo para cualquier gobernante: funciona sin corrupción, sin aumentos de sueldo, sin declaraciones juradas engorrosas y, lo más importante, sin tuitear.
El experimento del microestado asiático abre un espejo incómodo para la Argentina. Oráculo fue instruido con modelos de Churchill, Mandela, Gandhi y Marco Aurelio, pero cuando se le preguntó si entre sus referencias figuraban Cristina Fernández de Kirchner o Javier Milei, respondió con sequedad: ambos quedaron fuera por vivir. Un bot que no conoce la voracidad kirchnerista, ni la concupiscencia albertista, ni los delirios de Massa. Milei no se aumenta el sueldo, pero Oráculo directamente no cobra. No tiene marido, mujer, ni hermana. La quinta de Olivos se convertiría en shopping y hoteles. La Casa Rosada sería museo o templo mormón. Sin embargo, mientras el microestado prospera, en Argentina la política sigue capturada por guerras intestinas que ensombrecen las buenas noticias.
Desde el sábado, X es un campo de batalla libertario. De un lado, Santiago Caputo con su expertise en redes, su streaming La Misa y acceso a cajas del Estado. Del otro, los operadores cercanos a Karina Milei, provistos de cargos estratégicos y el apellido que importa. En el medio, Javier Milei, quien no logra entender por qué sus propios aliados le tiran. Martín Menem operaba desde @PeriodistaRufus, una cuenta que atacaba al Gobierno y burlaba al entorno presidencial. El nene de pañales resultó ser un diablillo consumado.
Lo paradójico es que los dos bandos coinciden en algo: pegarle a Milei. Daniel Parisini, el Gordo Dan, lugarteniente digital de Caputo, desmiente públicamente al presidente y se le ríe en la cara. Todo muy raro. El consejo sería forzar un parlamentar: una rueda de mate con bizcochitos de grasa en una Cámara Gessell, con el presidente detrás del vidrio espejado. Aunque el pobre vidrio no resistiría.
Mientras tanto, el fragor de la batalla interna opaca logros concretos: crece la actividad económica, bajan retenciones al campo, el Banco Central compra más reservas que nunca y el Fondo gira mil millones de dólares, aunque también impone tareas como dejar de mentir con el Indec. Lo curioso es que Oráculo no viaja, no da declaraciones falsas, no se pelea con sus colaboradores. Un bot que no genera escándalos mientras los políticos de carne y hueso libran guerras que nadie pedía.
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