Política

Las internas del gobierno Milei amenazan su gestión antes de 2027

La batalla entre Karina Milei y Santiago Caputo por el poder desenfoca al presidente en un momento crítico para su continuidad política.

Redacción2 min de lectura
Las internas del gobierno Milei amenazan su gestión antes de 2027
Las internas del gobierno Milei amenazan su gestión antes de 2027

Javier Milei enfrenta una crisis de gobernanza que trasciende las simples disputas políticas: la guerra abierta entre su hermana Karina y su asesor Santiago Caputo amenaza con debilitar un poder que aún conserva pero que se erosiona con cada escándalo filtrado desde adentro. El presidente simula hasta donde puede, pero la acumulación de conflictos desborda cualquier intento de ocultamiento.

Desde el inicio del año, las internas del oficialismo han dejado de ser ruido de fondo para convertirse en el centro del juego político. Karina comanda un equipo de poder que incluye a los primos Lule y Martín Menem, mientras que Caputo mantiene cuotas notables de influencia: la comunicación digital, los mensajes presidenciales, el manejo de espionaje estatal y la intervención en licitaciones de importancia geopolítica. El triángulo de decisiones que alguna vez tuvo al Presidente como vértice desapareció hace tiempo bajo la preeminencia de Karina y su círculo.

Lo más grave es que en esta batalla no hay debate ideológico alguno. Ambos bandos persiguen lo mismo: destruir al adversario para acumular más poder y ejercerlo con fines que no siempre responden a criterios patrióticos. Las filtraciones de escándalos como la pseudomoneda $Libra o los sobreprecios en discapacidad son amplificadas sin piedad por los contendientes. Caputo perdió el control del Ministerio de Justicia bajo presión de Karina, pero interviene en asuntos diplomáticos y comerciales donde ningún asesor presidencial había entrado en décadas.

El timing es catastrófico para Milei. Octubre de 2027 marca la próxima batalla electoral y las decisiones que determinará el voto de cada argentino ya se están gestando. El Presidente tiene demasiados frentes abiertos: cumplir sus promesas económicas, mantener el superávit fiscal, lidiar con el cierre de pymes y una inflación que baja un mes para resurgir al siguiente. No puede permitirse que sus conflictos internos le coman la energía política que necesita para esta etapa.

La economía entrega resultados contradictorios. Mientras anuncia inversiones extraordinarias en gas, petróleo y minería, miles de pequeñas y medianas empresas cierran sus puertas. El impacto de la crisis global y la guerra en Irán generan temores de nuevos rebotes inflacionarios. Un ajuste fiscal sigue a otro para garantizar el superávit, y el torniquete nacional multiplica quejas de provincias y municipios que pierden su propio equilibrio presupuestario.

Esta semana, el Gobierno logró aprobar la derogación de subsidios al gas natural en zonas frías, un proyecto que impulsó Máximo Kirchner años atrás. Para conseguir los votos, creó nuevos subsidios a tarifas eléctricas para zonas cálidas. El premio fue para los aliados libertarios; el castigo, para quienes criticaron la medida. Remiendos políticos que encajan con la prédica hiperbólica del ministro Luis Caputo, quien esta semana profetizó un crecimiento feroz para el próximo año que supondría un triunfo por paliza de Milei.

Milei aún puede frenar la hemorragia interna. En otros momentos mostró intolerancia sin miramientos con funcionarios cesanteados por detalles menores. Con sus hermanos políticos, elige mirar para otro lado. Ante presiones externas como las denuncias contra Manuel Adorni, apela al viejo recurso de resistir para evitar que lo acusen de débil. Pero las internas no son un lujo que pueda costear en este momento: son un obstáculo directo para enfocar la gestión en lo principal y para mantener el apoyo social que necesita frente a un 2025 decisivo.

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