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Messi, la AFA y la grieta entre el orgullo y la vergüenza

La despedida del capitán en el Monumental dejó una postal de gratitud y otra de corrupción: la investigación a Tapia y Toviggino que salpica a la Justicia

Redacción••4 min de lectura
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Messi, la AFA y la grieta entre el orgullo y la vergüenza

La despedida de Lionel Messi de la Selección argentina, el martes en el Monumental, dejó dos sensaciones opuestas. Por un lado, la gratitud de los hinchas hacia el capitán y el cuerpo técnico que lo acompañó en su etapa más gloriosa. Por el otro, la vergüenza que genera la conducción de la AFA, con Claudio Tapia y Pablo Toviggino a la cabeza, investigados por corrupción en una serie de causas judiciales.

El partido con Benín fue olvidable y la ceremonia, mal organizada. Lo que salvó la noche fue el sentimiento que iba y venía de la cancha a las tribunas. Messi habló con palabras directas y espontáneas, agradeció a sus padres, a sus compañeros y a la hinchada que lo sigue fiel. Scaloni escuchaba atento y se le escapó alguna lágrima mientras hablaba el diez.

Lo que más se valora de Messi es que el talento enorme que despliega dentro de la cancha no lo lleva a sentirse superior al resto cuando está afuera. Su disposición a ser uno más entre los otros parece innata. La lleva sin esfuerzo. No la ostenta como un mérito, acaso porque no lo es.

Ese sentirse uno más también se refleja en el juego. Es verdad que en cierta medida el equipo jugaba para Messi, o al menos buscándolo siempre, en la certeza de que cuando la pelota está en sus pies las leyes de la física quedan en suspenso. Sin embargo, también es cierto que Messi juega para los demás. Ha hecho cantidad de asistencias cuando él mismo, por la posición en la que estaba, podía haber intentado convertir.

La falta de soberbia lo lleva a ser agradecido. Yo esperaba que mencionara al otro Lionel. Con su nobleza y su templanza, Scalon i fue otro factor fundamental en la conformación del espíritu de esta Selección. Soledad había instalado, con su voz y su presencia, el clima propicio para que el crack tomara el micrófono. Una vez más, desde el centro de la cancha, Messi volvió a generar esa suerte de comunión con los hinchas. Ya no con la pelota, sino con la palabra.

A Tapia no se lo vio. Se refugió en su palco de los cantos hostiles que bajaron de las gradas. De las acusaciones que le pesan por los manejos turbios de centenares de millones de dólares de la AFA se refugia en sus contactos en la Justicia. Son conocidas sus relaciones con el ministro del área, Juan Bautista Mahiques, y su padre, así como con magistrados de primera instancia y jueces de Cámara que deciden apelaciones y competencias.

Anteayer, el juez federal de Campana, Adrián González Charvay, sobreseyó sin investigación previa a familiares de Toviggino, tesorero de la AFA, en una causa por lavado de dinero. Es el mismo juez que se quedó con la causa de la mansión de Pilar que escondía más de cincuenta autos de alta gama y que figura a nombre de presuntos testaferros, una jubilada y un monotributista.

La elite se blinda y se ríe de una sociedad exhausta y empobrecida, que aun así llena las tribunas para despedir al ídolo. Los argentinos somos maestros en el arte de la disociación. Aunque, por lo visto en River el martes, la gente empieza a demostrar que es capaz de distinguir una cosa de la otra y aplicar, según corresponda, el aplauso o el abucheo.

Son dos países conviviendo en uno. En esa comunidad que es el equipo de la Selección todos cuentan y son reconocidos. Allí la estrella sabe que el éxito, que va más allá del resultado, no depende solo de él, sino también de cada uno de sus compañeros, y sobre todo de la energía que sobreviene cuando esta convicción es compartida por todos. En una orquesta, cada familia de instrumentos aporta su parte, pero la sinfonía que recrean juntas cuando los músicos se comprometen con la partitura es algo más que la suma de ellas. En una buena orquesta, como en la selección de Messi y Scaloni, hay un sentido comunitario del que carece el país de la vergüenza, en el que los cínicos con poder se quieren quedar con todo y lo consiguen. A costa del resto, que sobrevive como puede, ignorado y no reconocido.

El orgullo es intenso, pero la vergüenza lo es todavía más porque excede en mucho al fútbol. Lo mejor y lo peor de nosotros en el mismo vaso.

Por qué importa

La nota expone la contradicción entre el reconocimiento a Messi y la impunidad de los dirigentes de la AFA, investigados por corrupción. Muestra cómo el poder judicial y político protegen a los sospechosos, mientras la sociedad sigue aplaudiendo al ídolo.

Qué sigue

El juez González Charvay sigue al frente de la causa por lavado de dinero y de la mansión de Pilar. Las apelaciones y competencias judiciales definirán si avanzan las investigaciones contra Tapia y Toviggino.

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