Política

Milei entre dos mundos: la guerra virtual que paraliza la gestión

Las disputas internas entre "celestiales" y "territoriales" dominan redes y medios mientras el Gobierno pierde protagonismo en temas económicos concretos.

Redacción2 min de lectura
Milei entre dos mundos: la guerra virtual que paraliza la gestión
Milei entre dos mundos: la guerra virtual que paraliza la gestión

En bares, subtes y espacios públicos de toda la ciudad, la escena se repite con monotonía: grupos de personas reunidas en silencio, absortas en pantallas de celulares. La comunicación cara a cara se extingue paulatinamente, reemplazada por el scrolling constante de contenidos y el intercambio compulsivo de mensajes. Este fenómeno que atraviesa la sociedad argentina tiene consecuencias que van más allá de la concentración individual: cuando quienes gobiernan se entregan con igual ferocidad a ese mundo virtual donde lo imaginario pesa más que lo real, la gestión del Estado sufre.

Las redes sociales actúan como amplificadores de comportamientos. Plataformas como X (ex Twitter) incentivan posturas más pendencieras y combativas porque los algoritmos recompensan el contenido que genera polémica. Instagram y TikTok invitan a la ensoñación narcisística. Quien navega mejor estos espacios consigue visibilidad y seguidores, pero a costa de trasladar a lo virtual dinámicas que pertenecen a otro registro: conflictos políticos reales que se magnifican en pantalla y generan consecuencias offline.

En el corazón del Gobierno de Javier Milei, esta dinámica se manifiesta con crudeza. Desde hace semanas, las disputas internas copan la conversación mediática: de un lado los "territoriales" —Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, y el clan Menem—; del otro, los "celestiales" —Santiago Caputo y su círculo más cercano—. Ambas facciones operan agresivamente en redes sociales, amplificando sus diferencias mientras el Presidente intenta sostener la ficción de que defiende a ambos bandos de manera equidistante.

El problema es estructural: los dos grupos no pueden ni verse y complican la gestión al agitar constantemente las aguas de la interna libertaria. Martín Menem, con determinación, intentó bajarle temperatura al conflicto en sendas entrevistas radiales. Sin embargo, el esfuerzo quedó opacado por la viralización de un audio íntimo del Presidente que terminó dominando nuevamente las conversaciones en redes, medios y ámbitos políticos, relegando a un segundo plano asuntos de peso económico y administrativo.

Mientras tanto, el mundo real aporta evidencia concreta de gestión: mejores índices económicos, nuevo desembolso del FMI con valoraciones positivas, cosecha récord y anuncio de nuevas bajas de retenciones, aprobación de normativas sobre zonas frías, envío de proyectos de ley trascendentales y una licitación para reparar nueve mil kilómetros de rutas con inversión privada. Noticias que merecerían ocupar el centro de la agenda pero que quedan sepultadas bajo capas de conflicto virtual.

La paradoja es clara: el Gobierno tiene logros concretos para comunicar pero no consigue romper el cerco de sus propias disputas internas amplificadas por redes sociales. El mundo virtual —donde operan Caputo, Karina Milei y sus respectivos equipos con distinta estrategia comunicacional— absorbe toda la energía mediática. El mundo real de políticas públicas, inversión y resultados económicos queda marginado. Es la batalla entre lo imaginario y lo tangible, y por ahora, la pantalla está ganando.

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