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La Odisea de Nolan: una crítica a la versión que borra a los dioses y a Atenea

La película de Christopher Nolan elimina la cosmovisión sagrada de Homero y convierte a Ulises en un héroe trágico moderno sin intervención divina

Redacción••3 min de lectura
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La Odisea de Nolan: una crítica a la versión que borra a los dioses y a Atenea

La Odisea de Christopher Nolan puso de moda el mito homérico y llevó a muchos jóvenes a leerlo, pero su versión elimina la cosmovisión sagrada en la que están inmersos los personajes. La película, basada en la traducción de la filóloga inglesa Emily Wilson, humaniza y despoja de magia y sacralidad el relato, y excluye la intervención decisiva de la diosa Atenea, omnipresente en el texto original.

La crítica de Wilson al guion de Nolan, publicada en The Guardian, señala que los personajes "carecen de profundidad psicológica, emocional, política y ética". La película reduce la épica a un Ulises guerrero y desamparado que solo cuenta con sus propios recursos: las armas, la fuerza de voluntad, la resiliencia y la astucia.

En el texto homérico, Atenea concibe, dirige y gestiona la Operación Retorno de Ulises. La diosa se compadece de él cuando los dioses se reúnen en el Olimpo, convence a Zeus de liberarlo de Calipso, inspira a Penélope el ardid del tejido y a Telémaco a ir a Esparta. En la película, apenas hay unas pocas apariciones veladas de una imagen femenina que, en un final confuso, queda asociada a una víctima decapitada en Troya.

La Odisea de Nolan carece de profundidad espiritual. Nos relata un Ulises que vuelve a Ítaca veinte años después y comete una sangrienta venganza de los pretendientes con la ayuda de Atenea, pero sin dioses que lo acompañen. Ulises vuelve igual de violento que como se lo vio en Troya.

La primera imagen de dios es femenina y data del Paleolítico superior, cuando aparecen los bajorrelieves de las Venus hacia 25.000 a.C., que configuran el mito de la Gran Madre. Muchos milenios después surgen los dioses masculinos que velan por las nuevas actividades humanas. La diosa madre deja su lugar a un dios padre que anticipa la caída de lo femenino sagrado y consagra el patriarcado.

Hoy resuenan tambores de guerra en todo el mundo. Además de los 59 conflictos armados actuales, el gasto militar no para de crecer y la violencia se expande. Seis de cada siete naciones del mundo están presididas por varones, incluidas las principales potencias nucleares, presididas por Trump, Xi, Putin, Netanyahu y los ayatolas. También en Argentina soplan aires autoritarios del pasado: Javier Milei agita irresponsablemente la causa Malvinas.

La violencia milenaria que relatan los mitos con héroes guerreros no es universal, es masculina. Las guerras actuales las declararon y las continúan los gobiernos de varones. También es masculino el terrorismo y el delito: según datos de las Naciones Unidas, el 93% de los presos del mundo son varones, mientras que cada 10 minutos una mujer es asesinada en el mundo por sus parejas o un familiar cercano.

Ulises sigue en Troya. Ni siquiera emprendió el regreso. Tal vez no puede o no sabe volver a Ítaca. A fuerza de perseguir dinero y poder, de luchar contra enemigos reales o ficticios, ha perdido contacto con su alma y con ello la orientación. Sin dioses que lo acompañen y lo iluminen, Ulises hoy vaga por un mundo troyano sin poder ver que la vida siempre estuvo en otra parte.

La actual crisis de civilización muestra el agotamiento del modelo porque está sustentado en un error: la divinización del hombre racional después del "Dios ha muerto" de Nietzsche, a expensas de su alma. La batalla apocalíptica que estamos presenciando no es política, ni económica, ni cultural, ni militar ni tecnológica, sino espiritual y antropológica: ¿hay o no hay alma? ¿Hay o no hay Dios? ¿Hay o no un orden superior y divino? Nolan contribuye con este error esencial al ocultar lo sagrado, en un momento en el que muchos jóvenes se están volcando a la lectura del mito.

Por qué importa

La película de Nolan pone de moda el mito pero lo vacía de su dimensión sagrada y femenina. La ausencia de Atenea borra el rol central de lo divino femenino en la cultura occidental.

Qué sigue

El debate sobre la fidelidad de las adaptaciones de mitos clásicos sigue abierto. La película ya generó lecturas encontradas entre filólogos y espectadores.

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