Historia

Paul Lafargue, el yerno de Marx al que el propio Marx despreciaba

El autor de El derecho a la pereza se casó con Laura Marx en 1868, pero su suegro dudaba de su capacidad intelectual y criticaba su forma de difundir el marxismo.

Redacción••2 min de lectura
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Paul Lafargue, el perezoso yerno de Marx

La historia del movimiento obrero europeo del siglo XIX suele recordarse por sus grandes disputas ideológicas, pero también tuvo capítulos domésticos incómodos. Uno de ellos involucra a Karl Marx y a su yerno, el cubano-francés Paul Lafargue, autor de El derecho a la pereza y difusor de las ideas marxistas en España y Francia. En cartas a su amigo Friedrich Engels, Marx se refería a Lafargue en tono despectivo por su color de piel y ponía en duda su capacidad intelectual.

Lafargue había nacido en 1842 en Santiago de Cuba, hijo de un comerciante francés y de una mujer de origen mulato. Estudió Medicina en París y luego en Londres, donde se vinculó a la Asociación Internacional de Trabajadores, la Primera Internacional fundada en 1864. Allí fue elegido miembro del Consejo General y conoció a Marx, de quien se volvió discípulo.

En la casa del autor de El capital conoció a Laura Marx, con quien se casó el 2 de abril de 1868. La relación con su suegro nunca fue sencilla. Marx desconfiaba de su formación y de sus orígenes, y cuestionaba su manera de divulgar el socialismo. En una carta a Engels escribió una frase que quedó como sentencia: «Si ellos son marxistas, yo no soy marxista».

Tampoco le agradó El derecho a la pereza, el libro en el que Lafargue sostenía que el hedonismo debía ser el fin de la revolución y que los obreros debían luchar por reducir la jornada laboral en lugar de glorificar el trabajo. La obra, publicada en 1880, se convirtió en un texto clave del socialismo francés y en una rareza dentro de la ortodoxia marxista.

Antes de instalarse en el marxismo, Lafargue había militado entre los seguidores de Louis-Auguste Blanqui, el revolucionario francés que propugnaba la toma del poder por la fuerza. Su paso por esa corriente fue breve: el contacto con Marx lo llevó a abandonar las posiciones anarquistas y a integrarse al socialismo centralizado.

En España difundió las ideas de su suegro entre dirigentes como Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE. También participó en la formación del Partido Obrero Francés, se opuso a las ideas socialdemócratas de Jean Jaurès y mantuvo una relación estrecha con Vladímir Lenin, que lo consideraba el mayor divulgador del pensamiento de Marx.

El final fue trágico. En 1911, Paul y Laura Lafargue se quitaron la vida. Dejaron una nota en la que explicaban su decisión: «ante una vejez despiadada que nos ha quitado los placeres y alegrías». Ambos tenían 69 y 66 años. Su historia quedó resumida en una consigna que parafrasea el célebre llamado marxista: «Perezosos del mundo, uníos».

Por qué importa

La figura de Lafargue muestra las tensiones internas del marxismo del siglo XIX y cómo el propio Marx desconfiaba de quienes decían continuar su obra. Su libro sobre la pereza sigue siendo una referencia en los debates sobre jornada laboral.

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