Relámpagos bajo el mar: el fenómeno que guiaba a los polinesios sigue sin explicación
El te lapa, destellos luminosos en el Cinturón de Fuego del Pacífico, orientaba a los navegantes; la ciencia aún debate su origen.


En las profundidades del Cinturón de Fuego del Pacífico aparecen líneas de luz similares a relámpagos bajo el mar, con destellos que atraviesan el agua y desaparecen en segundos, incluso sin tormentas. El fenómeno se conoce como te lapa y habría orientado a los antiguos navegantes polinesios, aunque su origen todavía desconcierta a los científicos.
Según un artículo publicado en Popular Mechanics, el nombre te lapa significa “el destello”. Los antiguos navegantes polinesios habrían utilizado estas señales para encontrar tierra durante sus travesías nocturnas.
Los destellos parecían proceder de zonas sumergidas próximas a las islas, por lo que servían como referencia cuando la oscuridad o las nubes impedían observar el cielo. Los viajeros también examinaban las olas generadas por tormentas lejanas, que podían chocar contra las costas, encontrarse entre sí y formar ondulaciones mayores; la interferencia solía indicar la presencia de tierra cercana.
Te Aliki Koloso Kahia Kaveia, antiguo jefe del pueblo de Taumako, consideraba que esos cruces entre las olas podían concentrar la luz como una lente de gran tamaño. Su descripción vinculaba el fenómeno luminoso con las señales que los navegantes reconocían en el movimiento del agua.
La investigación presenta a Kaveia, descendiente del navegante legendario Lata, que vivía en la isla de Taumako, en las Islas Salomón. Luego de aprender las técnicas de orientación de su padre y de los ancianos desde una edad temprana, transmitió esos conocimientos mediante el Proyecto Vaka Taumako.
La antropóloga cultural Marianne George lo conoció en 1993 y se convirtió en una de las pocas personas ajenas al Cinturón de Fuego que observaron el te lapa. La luz no se parecía a un rayo que descendía desde una nube, sino que Kaveia la comparó con “una antorcha que se encendía y se apagaba de inmediato”.
Décadas antes, el médico neozelandés David Lewis había contactado a Kaveia y a navegantes tradicionales de otras islas. Lewis recorrió desde Tahití hasta Nueva Zelanda con una carta y un mapa celeste y en 1972 documentó esos métodos en su libro We, the Navigators.
George regresó varias veces a Taumako para buscar el origen de las luces. En un estudio publicado en 2013 en Time and Mind, examinó datos y teorías sobre bioluminiscencia y fenómenos electromagnéticos, además de las limitaciones tecnológicas y las dificultades para acceder a los equipos necesarios. Sin embargo, no alcanzó una conclusión.
La antropóloga planteó que los movimientos tectónicos constantes del Cinturón de Fuego podrían generar emisiones electromagnéticas desde las islas que aparecerían en el agua como luces fugaces. Según el estudio, sumergibles de investigación detectaron aumentos de voltaje alrededor de fuentes hidrotermales y volcanes en sectores del fondo del Pacífico con una intensa actividad electromagnética. Los registros impulsaron la teoría de descargas eléctricas capaces de producir relámpagos submarinos.
El agua salada presenta un obstáculo para esta explicación: las sales disueltas se separan en iones que transportan corriente, por lo que cualquier carga debería dispersarse antes de acumular suficiente energía. Sin embargo, algunas descargas recorrieron decenas de metros antes de desvanecerse. Las hipótesis señalan que las burbujas de gas, los cambios extremadamente rápidos de temperatura y los minerales presentes en las columnas de agua caliente podrían actuar como aislantes.
Bajo esas condiciones, el voltaje alcanzaría un límite y liberaría su energía en el océano. La descarga tendría suficiente intensidad para romper moléculas de agua y provocar reacciones que unen átomos en otros compuestos químicos.
El profesor de Harvard John Huth recuperó una explicación que los científicos habían descartado. Como parte de su proyecto de relámpagos submarinos, cultivó dinoflagelados, unos microorganismos que brillan en la oscuridad. Huth colocó agua oceánica con estos seres en un tanque y generó ondas de presión mediante el desplazamiento de un señuelo con forma de pez. Después apagó las luces, esperó varias horas y grabó el resultado: el experimento mostró líneas luminosas de color azul pálido.
En un estudio de 2016 publicado en Structure and Dynamics, Huth señaló que “no existe una explicación definitiva sobre el origen del te lapa”. Una posibilidad es que peces en movimiento atraviesen áreas con abundantes dinoflagelados, los cuales emiten luz ante las ondas de presión. La capacidad de estos microorganismos para producir los elevados voltajes detectados por los sumergibles continúa sin demostrarse y se considera poco probable. Huth indicó que nuevos estudios necesitarían un dispositivo de captura sensible a luces de baja intensidad.
Fuente: Lanacion.
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