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Alberto Gutiérrez y su viaje al espacio: "Es una experiencia muy extrema y muy rápida"

El empresario español cumplió el sueño de su vida a bordo de la cápsula New Shepard de Blue Origin y contó cómo son los 10 minutos que lo convirtieron en el cuarto español en cruzar la línea de Kármán.

Redacción••3 min de lectura
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Alberto Gutiérrez y su viaje al espacio: "Es una experiencia muy extrema y muy rápida"

El empresario español Alberto Gutiérrez cumplió a principios de año el sueño que tuvo desde chico: viajar al espacio. Lo hizo a bordo de la misión NS-38 de Blue Origin, la empresa aeroespacial fundada por Jeff Bezos, y compartió su experiencia durante una visita a Buenos Aires. "Es una experiencia muy extrema y muy rápida", resumió sobre los poco más de 10 minutos que duró el vuelo.

Gutiérrez, nacido en Valladolid en 1983 y fundador de la plataforma Civitatis, se convirtió tras el viaje en el cuarto español de la historia en cruzar la línea de Kármán, la barrera reconocida internacionalmente como el límite del espacio, ubicada a 100 kilómetros de altitud sobre el nivel del mar.

"Creo que la idea de ir al espacio se tiene desde que uno nace. Ves alguna película del espacio, ves a los astronautas, pero lo que no esperás es poder hacerlo algún día y de repente se dio la posibilidad", relató el empresario, fanático de los aviones, sobre cómo llegó a formar parte de la tripulación.

El viaje se realiza en la cápsula reutilizable New Shepard, con capacidad para seis pasajeros y grandes ventanillas que permiten vistas panorámicas de la Tierra. Los lanzamientos parten desde el Launch Site One, en las montañas de Guadalupe, cerca de Van Horn, en Texas, Estados Unidos.

La preparación comienza tres días antes del despegue, con una estadía en la Villa de Astronautas. "No es una preparación física, sino un entrenamiento para aprender a soltarte, para volver a abrocharte, para saber cómo va a ser la gravedad cero, cómo tenés que colocarte en tal sitio, qué pasa si hay un fuego. Todo lo necesario para poder disfrutar del vuelo", explicó Gutiérrez.

El empresario aclaró que este tipo de vuelo no llega a la órbita, sino que asciende a poco más de tres veces la velocidad del sonido y cruza la línea de Kármán. "Se llega a la estratosfera, pero el vuelo en total son 10 minutos y 17 segundos. Es subir a 100 kilómetros —a 107 de hecho— y bajar. Es una experiencia muy extrema y muy rápida, de una aceleración increíble", detalló.

Consultado sobre lo que sintió, aseguró que fueron "muchas emociones" difíciles de describir. "Es una experiencia totalmente diferente, los colores vivos que ves desde la nave son únicos", sostuvo. Además, aclaró que la Tierra no se llega a ver entera, porque para eso habría que alejarse mucho más: "Desde el kilómetro 40 de altura ya ves el espacio totalmente negro, infinito, ves la atmósfera azul, ves la Tierra más grisácea y del 40 al 107 ya casi estás flotando, viendo la curvatura de la Tierra".

Los tripulantes tienen tres minutos para desabrocharse los cinturones y disfrutar de la ingravidez. Sin embargo, Gutiérrez confió que su objetivo no era dar volteretas: "Lo que querés ahí arriba es ver la Tierra. La ingravidez es una cosa más, muy divertida, que se puede hacer en otros lados. Mi objetivo no era subir a dar volteretas, sino ver la Tierra".

El empresario fue el único hispano de la misión. La mayoría de los pasajeros que se aventuran a esta experiencia suelen ser estadounidenses y de alto poder adquisitivo, ya que el costo de estos vuelos se cuenta en miles de dólares. Sobre la posibilidad de repetir, no dudó: "Hombre, mañana mismo, si pudiera. Es algo indescriptible. Igual, si lo hiciera más veces, lo podría describir mejor, porque son muchas sensaciones en apenas 10 minutos. Es una maravilla".

Por qué importa

Los vuelos suborbitales comerciales dejan de ser una promesa y empiezan a tener pasajeros concretos, aunque por ahora reservados a quienes pueden pagar miles de dólares. La experiencia redefine qué significa viajar al espacio para el público general.

Qué sigue

Blue Origin sigue sumando misiones tripuladas de la New Shepard y compite con otras empresas por el turismo espacial. La pregunta abierta es cuándo esos vuelos dejarán de ser un privilegio de millonarios y se acercarán a un público más amplio.

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