Argentina y Canadá: el contraste que expone la falta de una estrategia de largo plazo
Mientras Ottawa busca autonomía estratégica con Europa, Buenos Aires se abraza a Washington y descuida sus vínculos históricos con el continente.

Durante décadas, la lista de países prometedores y marcadamente europeos en el nuevo mundo incluyó a Canadá, Australia y Argentina. Hoy esa comparación se desdibuja: impulsada por las presiones de Donald Trump, Canadá avanza hacia una alianza política, social y quizás militar con Europa, mientras el viejo continente discute sumar a Australia y Nueva Zelanda para conformar un polo de poder capaz de resistir las presiones de Estados Unidos y China y las amenazas de Rusia.
En ese tablero, la posición argentina quedó relegada. Ya nadie en Europa habla de aliarse políticamente con el país, pese al vínculo histórico, cultural y económico que durante años lo hizo natural. El acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea se firmó por razones estrictamente comerciales, no por una afinidad ideológica del gobierno de Javier Milei con Bruselas.
El contraste entre Argentina y Canadá resulta evidente. Ambos son países vastos, poco poblados y ricos en recursos naturales, ubicados en extremos opuestos del continente. Sin embargo, Ottawa busca autonomía estratégica acercándose a una Europa que sigue apostando por la democracia y las sociedades libres. Lo resumió en Davos el primer ministro Mark Carney: “Si no estamos sentados a la mesa, estamos en el menú”.
La frase interpela directamente a la Argentina. El país forma parte de ese menú global que incluye petróleo, gas, minerales, tierras raras, reservas de agua y energía. La diferencia es quién elige los platos. La idea de una autonomía estratégica y de un proyecto a largo plazo aparece hoy como una ilusión del pasado.
El vínculo con Brasil, el gran socio vecino, atraviesa su peor momento político, a la espera de que el país gire también a la derecha. La pregunta que sobrevuela es qué ocurre si ese giro no se concreta, si Trump pierde poder o si Europa profundiza su viraje hacia la ultraderecha en Francia y Alemania.
Marruecos ya expuso con crudeza la fractura interna del viejo continente. Pese a todo, Europa mantiene cierta idea de sí misma, como sostenía uno de sus fundadores, Jean Monnet. Lo mismo, con más fuerza, puede decirse de Canadá. La pregunta que queda abierta es cuál es, en cambio, la idea de Argentina.
Entre Estados Unidos y China, ambos inevitables, existió siempre otro mundo con el que cultivar un entorno política y socialmente afín. Esa puerta europea parece cerrada por un buen tiempo, mientras el país debate qué es, de dónde viene y adónde va.
Por qué importa
La posición internacional de Argentina se debilita frente a socios estratégicos que sí construyen alianzas a largo plazo. El país queda expuesto a las presiones de Washington y Pekín sin un contrapeso europeo que históricamente le fue afín.
Qué sigue
Habrá que seguir la evolución del vínculo con Brasil y el resultado de las elecciones en Estados Unidos, además del avance del acuerdo Mercosur-Unión Europea en su implementación comercial.
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