Gastronomía

El Padrino, la pizzería de Caballito que nació de una librería fundida y resiste desde 1975

Lautaro Gómez Bernardiz heredó el local que abrieron sus padres en Caballito y mantiene la pizza al molde, la fainá de regalo y un delivery propio.

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Fracasaron con una librería, pero apostaron a la pizza de molde y crearon un clásico

En la esquina de Espinosa y Neuquén, en Caballito, funciona desde hace cinco décadas una pizzería de bajo perfil que se sostiene a base de clientes fieles. El Padrino abrió en 1975 y desde 1978 ocupa el mismo local, donde cada mediodía y cada noche despacha pizza porteña de masa alta y crujiente, cocinada al molde. El espacio tiene apenas un mostrador rodeado de cuadros de películas y músicos, más unas barras altas en la vereda que quedaron como herencia de la pandemia.

Al frente está Lautaro Gómez Bernardiz, de 45 años, que lleva casi cuatro décadas en el oficio. Sus padres abrieron el negocio después de fundirse con una librería y no tenían experiencia en gastronomía. “El Padrino nació en 1975, lo abrieron mis viejos. Era un espacio más grande, con mesas y sillas. Arrancaron ofreciendo algunos platos, pero enseguida se especializaron en pizza”, contó el dueño.

La historia familiar explica el nombre. “Mi mamá era psicóloga, mi viejo había estudiado filosofía, aunque nunca terminó la carrera. Él tenía una librería: en los años 70 se fundieron, y no tuvieron mejor idea que abrir una pizzería. No sabían nada del rubro. Las primeras pizzas les salían pésimo, se pegaban a los moldes, no entiendo cómo sobrevivieron”, recordó Gómez Bernardiz.

El local conserva la tradición de la pizza al corte y también la costumbre de regalar una porción de fainá con cada pedido. “Es una yapa, un gesto. Lo empezó mi hermano mayor, él estuvo a cargo de la pizzería en los años 90, después de que falleció mi viejo. Y quedó como algo de la casa”, explicó.

Entre las especialidades aparecen la fugazzeta rellena y el calzoni, que pesa unos dos kilos y medio y alcanza para cinco o seis personas. “Son enormes, llevan un montón de queso dentro. Este año, Jorge D’Agostini, el que escribió el libro La Boca, pizza, cocina, identidad, nos convocó para ser parte del Fugazzeta Fest que se hizo por Caminito, y fue una locura. Vendimos más de 200 pizzas en los dos días del evento”, afirmó.

La clientela mezcla vecinos, trabajadores de la zona y público que sale del Movistar Arena o vuelve de las canchas de Ferro, Atlanta y Argentinos Juniors. También hay habitués del mundo del rock, como Fernando Ruiz Díaz, de Catupecu Machu, o el baterista de los Auténticos Decadentes. “Cuando atendía mi viejo, venía mucho Banana Pueyrredón. Y Horacio Fontova tenía un estudio por acá, le mandábamos siempre pizzas”, sostuvo.

El dueño mantiene el delivery propio en lugar de sumarse a las aplicaciones. “En ese bolsito que tienen los chicos de las apps, la pizza te llega hecha un licuado de cualquier cosa. A nadie le importa lo que está llevando. Por eso prefiero enviar yo”, remarcó. La masa se amasa a las 10 de la mañana y leva diez horas en heladera; al mediodía se usan los bollos preparados el día anterior. “Usamos la misma harina de siempre, también más o menos los mismos quesos. Ya trabajo de memoria, es puro oficio”, cerró.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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