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Belgrano R: la casa que se declara "Principado de Escandinavia" y esconde una parodia con historia

En la avenida Melián, un médico esteticista convirtió su vivienda en una falsa sede diplomática con carteles enigmáticos que llaman la atención de los vecinos.

Redacción••2 min de lectura
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La misteriosa casa de Belgrano R que simula un Principado, pero esconde una historia insólita

En la avenida Melián, en pleno Belgrano R, hay una casa que a simple vista pasa desapercibida entre consulados, residencias diplomáticas y casonas. Pero una placa de bronce la identifica como sede del "Principado de Escandinavia", un Estado que no existe. Escandinavia no es un país, sino una región del norte de Europa integrada por Dinamarca, Noruega y Suecia.

El responsable de la iniciativa es Pablo Bañares, médico esteticista y emprendedor de moda, perfumes y café, que se presenta como "la figura diplomática de Escandinavia en la Argentina". Su objetivo, según contó, es recreativo: "Trato de ponerle onda a la vida, empujo el carro un poco más hacia lo escenográfico para colaborar con la alegría de la gente", declaró desde la terraza de lo que llama "su territorio escandinavo".

Los carteles que rodean la propiedad refuerzan el tono de parodia. Uno advierte que, por seguridad, los datos biométricos de los transeúntes están siendo registrados y que, mediante Bluetooth, se ingresa al celular para obtener información personal. Otro, ubicado junto al jardín, propone: "Arroje aquí las cenizas de su perro que tanto le gustaba cagar en este jardín". En el buzón, un mensaje pide no insertar publicidades y solo depositar "cartas de amor".

Bañares no se autoproclamó príncipe de un día para otro. Antes fue "embajador" y "cónsul". En 1995 compró una vivienda sobre la calle Mendoza, también en Belgrano R, que bautizó "Embajada de Transilvania", donde vivió 25 años. Luego se mudó al "Consulado del Ciberespacio" en 2020 y, antes de instalarse en el actual principado en 2025, se alojó dos años en el Hotel Alvear, en la habitación 418, para experimentar lo que describió como "vivir a room service".

La elección de Transilvania no fue azarosa. Bañares viajó a esa región del centro de Rumania, visitó los montes Cárpatos y el castillo de Bran, conocido como el castillo de Drácula, y se interesó por la historia de Vlad III el Empalador, en quien se inspiró Bram Stoker para crear al vampiro. "Siempre coqueteé con la historia de Drácula, entonces le puse ese nombre", recordó.

Además del costado lúdico, el médico reconoció una ventaja práctica: "Empezó por un tema de seguridad". Al colocar un chapón que dice embajada, consulado o principado, evita que la gente toque el timbre por cualquier motivo y disuade a posibles intrusos, que suponen que hay vigilancia. Con los años, la casa se volvió una atracción del barrio y recibió currículums para trabajar en el principado y cartas con consultas sobre turismo en Escandinavia.

Por qué importa

La historia muestra cómo una intervención urbana excéntrica puede transformar la vida de un barrio y, al mismo tiempo, cumplir una función práctica de seguridad. También expone los grises legales de autodenominarse sede diplomática sin serlo.

Qué sigue

No hay un hito formal pendiente: la casa seguirá funcionando como atracción vecinal y su dueño no anunció cambios. La atención estará puesta en si alguna autoridad cuestiona el uso del término "principado".

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