Arquitectura

Bioconstrucción: cómo son las casas de barro modernas y cuánto cuestan

Con materiales del lugar y técnicas ancestrales, la bioconstrucción gana terreno en Argentina y el mundo como alternativa ecológica y económica.

Redacción2 min de lectura
Bioconstrucción, la técnica para fabricar casas de barro modernas: ¿cuánto cuestan y cómo se construyen?

Las casas de barro modernas dejaron de ser una excentricidad para convertirse en una alternativa concreta frente al costo de la construcción tradicional. La bioconstrucción, disciplina que utiliza recursos del lugar donde se levanta la vivienda, ya se aplica en distintas provincias argentinas y en varios países. El dato que mejor resume su potencial: una pareja de antropólogos sin experiencia en el rubro construyó en Montana, Estados Unidos, una casa de 220 metros cuadrados con arcilla, arena y paja por solo US$20.000.

Daniel y Katherine Ray se inspiraron en construcciones de adobe que conocieron en Gales. Trabajaron en el terreno durante casi tres años, a razón de 40 horas semanales a contra turno de sus empleos. Primero levantaron una vivienda de 91 metros cuadrados en tierra de propiedad familiar y tres años después se mudaron a una más amplia. Con sus propios pies mezclaron tierra, arcilla, paja y agua para fabricar la mazorca, el material de las paredes, y hasta diseñaron los muebles.

En la Argentina, la bioconstrucción tiene exponentes diversos. En Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza, el Chozos Resort es un complejo turístico ideado por el artista Sergio Roggerone a partir de la arquitectura de los pueblos originarios de la región. Sus habitaciones evocan chozas de barro y paja, con techos circulares y cúpulas abovedadas, revestidas con totora trenzada y ladrillos cocidos en hornos de cerámica tradicionales.

En el Valle de Calamuchita, en las sierras de Córdoba, el Estudio de Bioarquitectura Hombre de Barro construyó una vivienda con suelo local que funciona como refugio térmicamente eficiente. El proyecto incorpora diseño bioclimático, energías renovables y procesos constructivos de bajo impacto.

Más allá de los casos particulares, existen técnicas bastante estandarizadas. Para las paredes se usa barro del segundo perfil de la tierra, alguna fibra que soporte las tracciones —paja, lana de oveja, hilo de coco, hoja de caña, retazos de tela o pasto seco—, arena y agua. Para el techo, la opción viva combina machimbrado, plástico y una tela con sustrato para que crezcan plantas. El techo de paja puede hacerse con entramado, de mayor duración, o en fascículos, con una vida útil de entre cinco y ocho años.

La versión más futurista combina el material más antiguo con tecnología de impresión 3D. Tecla es el nombre del proyecto desarrollado por el arquitecto italiano Mario Cucinella y Massimo Moretti, fundador del estudio Wasp, en la localidad de Massa Lombarda, Ravenna, Italia. Se trata de la primera vivienda sostenible construida 100% con tierra cruda del mismo lugar donde se implanta.

La ejecución demandó 200 horas de impresión, 7000 códigos máquina, 350 capas de barro de 12 milímetros, 150 kilómetros de extrusión y 60 metros cúbicos de materiales naturales, con un consumo medio inferior a los 6 kW. Durante el proceso se usaron dos brazos de impresora sincronizados en simultáneo.

Por qué importa

Frente al encarecimiento de los materiales tradicionales, la bioconstrucción aparece como una opción concreta para acceder a la vivienda propia usando recursos del lugar. Además, reduce el impacto ambiental y el consumo energético de las casas.

Qué sigue

Resta ver si estas técnicas se masifican en Argentina con normativas y financiamiento acordes. El avance de la impresión 3D con tierra cruda podría acelerar los tiempos y bajar costos en los próximos años.

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