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Bonavena asesinado y Galíndez campeón: la épica y la tragedia del 22 de mayo de 1976

Hace 50 años, el boxeador argentino murió en Nevada mientras su amigo conseguía un KO histórico en Sudáfrica sin conocer la noticia.

Redacción2 min de lectura
Bonavena asesinado y Galíndez campeón: la épica y la tragedia del 22 de mayo de 1976
Bonavena asesinado y Galíndez campeón: la épica y la tragedia del 22 de mayo de 1976

Oscar Natalio Bonavena fue asesinado en la madrugada del 22 de mayo de 1976 en el Mustang Ranch de Nevada, mientras a miles de kilómetros, en Johannesburgo, su amigo Víctor Emilio Galíndez lograba un KO épico en el ring sin saber lo que ocurría. Dos destinos opuestos que marcaron a fuego la historia del boxeo argentino y se convirtieron en símbolos de gloria y tragedia para generaciones.

Bonavena tenía 33 años cuando murió en circunstancias oscuras que, según investigaciones recientes, difieren de la versión oficial transmitida durante décadas. Willard Ross Brymer, sicario del dueño del lugar Joe Conforte, le disparó desde 15 metros a ras del piso cuando Bonavena intentaba ingresar al prostíbulo. El investigador argentino Al Camano profundizó en el caso a través de su libro Ringo RIP, publicado en 2023, tras recorrer comisarías y tribunales del Oeste estadounidense.

Según la pesquisa de Camano, la narrativa que durante años culpabilizó a Bonavena por conducta iracunda con Sally, exmujer de Conforte, no se ajusta a los hechos. En cambio, Ringo convivía con Fancy, una alternadora de cabaret que el mismo Conforte permitía. El boxeador buscaba una revancha con Muhammad Alí y mantenía sus finanzas pendientes. Simpatizaba con todos los empleados del Mustang Ranch, quienes lo admiraban, algo que enfureció a Conforte, quien idolatraba a Benito Mussolini y no toleraba que su gente congeniera con el púgil argentino.

El guardia de seguridad John Colletti le había advertido a Bonavena en varias ocasiones que su vida corría peligro. Esa madrugada, después de una noche en el casino Sundowner de Reno donde perdió 200 dólares, recibió una llamada anónima para regresar al prostíbulo. Llevaba una pistola en su bota, confiada por Sally Conforte. Al intentar ingresar, fue ejecutado antes de poder reaccionar.

A la misma hora, a casi 14.000 kilómetros, en el Rand Stadium de Johannesburgo, Galíndez enfrentaba al estadounidense Richie Kates por su título mundial semipesado. El equipo argentino conocía la muerte de Bonavena y trabajó en silencio para mantener a Galíndez concentrado sin revelarle la tragedia. Tito Lectoure, desde el rincón, dio instrucciones para ganar tiempo.

En el tercer round, Kates golpeó con la cabeza el entrecejo y ojo derecho de Galíndez. El argentino parecía desangrarse en el ring mientras 42.125 espectadores presenciaban una escena brutal. El árbitro Stanley Christodoulu permitió que continuara. Galíndez, bañado en sangre, llegó hasta el round 15 y, once segundos antes del campanazo final, ganó por KO con un gancho de izquierda que selló una de las patriadas mayores del deporte nacional.

Cuando terminó la pelea y le suturaban la herida en la ceja, Lectoure y el doctor Roberto Paladino le sujetaron los brazos. Le comunicaron la muerte de Bonavena mientras la aguja cerraba las heridas del combate. Galíndez quedó casi desmayado, sin poder sentir el rigor de la aguja. Solo repetía: No, no.

Cinco décadas después, ambos permanecen en la memoria del pueblo argentino. Bonavena se convirtió en leyenda: libro, monumento, calle, tribuna, cine y serie televisiva. Galíndez, el leopardo de Morón, inmortalizó su gallardía defensiva entre 1974 y 1979. Aquel 22 de mayo, la gloria y el ocaso se unieron en una sola acción, fusionando la épica y la tragedia casi al mismo tiempo, separadas apenas por horas y dos continentes.

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