Salud

Caminar más lento de lo esperado puede ser señal de alteraciones cerebrales

Una neuróloga analiza estudios que vinculan la velocidad de la marcha con la salud cognitiva y propone usarla como biomarcador en chequeos de mediana edad.

Redacción2 min de lectura
Caminar más lento de lo esperado puede ser señal de alteraciones cerebrales

La velocidad a la que una persona camina de un punto a otro puede revelar mucho sobre el funcionamiento interno del cuerpo y la mente. Diversas investigaciones académicas corroboraron que quienes tienen una marcha rápida envejecen de manera menos avanzada que quienes se toman su tiempo. Además, se confirmó que aquellos que se desplazan con lentitud manifiestan signos de envejecimiento cognitivo avanzado, como puntuaciones más bajas en pruebas de cociente intelectual (CI), memoria, velocidad de procesamiento y razonamiento.

Un estudio publicado en la revista Neurology, liderado por académicos de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, evaluó la función cognitiva de 904 personas de 45 años a lo largo de toda su vida. Los resultados mostraron que quienes caminaban más despacio tenían cerebros más pequeños, una neocorteza más fina y menos materia blanca, en comparación con los caminadores rápidos. Incluso, hubo indicios de que estas diferencias en la salud estaban presentes desde una edad temprana, ya que los investigadores se basaron en pruebas de inteligencia, lenguaje y habilidades motoras que los participantes habían hecho cuando tenían apenas tres años.

Line Jee Hartmann Rasmussen, una de las investigadoras que lideró el estudio, declaró que la velocidad de marcha no es solo un signo de envejecimiento, sino también una ventana a la salud cerebral a lo largo de toda la vida. En esa línea, Lucía Zavala, médica neuróloga, explicó que en neurología clínica no se habla simplemente del tamaño del cerebro, sino de una reserva estructural y cognitiva. “Un mayor volumen cerebral y un grosor cortical preservado representan una mayor densidad neuronal”, desarrolló, y añadió: “Esto ayuda a que el sistema nervioso pueda tolerar el daño neurodegenerativo o vascular”.

Zavala destacó que una marcha fluida y con buen ritmo es una tarea motora compleja que requiere la coordinación de múltiples sistemas. “Caminar más lento de forma prematura puede indicar una alteración en la conectividad cerebral”, advirtió. El aporte destacado del estudio de Duke, según la especialista, es el factor temporal: demuestra que la ventana fenotípica se abre muchísimo antes de lo que se creía. “Sugiere que la velocidad de la marcha en un adulto es el reflejo acumulativo de la salud del neurodesarrollo y del envejecimiento a lo largo de toda la vida”.

Por último, Zavala mencionó otras actividades físicas que también poseen un potencial cerebral similar al de la marcha fluida, como el ejercicio regular. Además, subrayó que ahora contamos con una base científica sólida para proponer que la medición de la velocidad de la marcha se incorpore en los chequeos de salud rutinarios de personas de mediana edad. Se trata de un biomarcador clínico barato, no invasivo y con un altísimo valor predictivo.

Fuente: Lanacion.

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