Belleza y Moda

Danisa Bevcic: "Lo humano es el nuevo lujo de la moda, ya no es un vestido caro"

La asesora de imagen sostiene que tener criterio propio y elegir prendas con historia pesa más que seguir tendencias o comprar lo que impone el algoritmo.

Redacción••3 min de lectura
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Danisa Bevcic: "Lo humano es el nuevo lujo de la moda, ya no es un vestido caro"

La asesora de imagen Danisa Bevcic sostiene que el verdadero lujo en la moda dejó de estar asociado al precio y la exclusividad para correrse hacia lo humano. En su análisis, una pieza hecha a mano, una prenda modificada para alguien o un vestido heredado valen hoy más que un objeto caro producido en serie. La idea central: cuando todo se puede fabricar y replicar, lo que conserva una historia propia gana otro valor.

Bevcic plantea que nunca fue tan fácil saber qué se usa ni conseguir una prenda: un algoritmo aprende los gustos y anticipa qué vamos a mirar. Sin embargo, cuando una mujer se prueba algo frente al espejo, ninguna herramienta puede decidir por ella si esa prenda tiene que ver con quien es.

En esa escena cotidiana aparece lo que la especialista describe como el nuevo lujo. Muchas llegan a una consulta de imagen con el placard lleno, capturas de pantalla y prendas compradas porque estaban de moda. Tienen información de sobra, pero lo que falta en algunos casos es una opinión propia. "Lo humano es el nuevo lujo: ya no es un vestido caro sino una pieza hecha a mano o una que heredamos", afirma.

La autora retoma una idea del brasileño André Carvalhal en su libro Moda e vida: lo humano puede convertirse en un nuevo lujo. La tecnología puede generar el diseño de un vestido o sugerir qué color combina mejor con otro, pero no puede describir la emoción de la noche en que alguien recibió una noticia que le cambió la vida ni saber qué recuerdos despierta ese color en una persona. Hay una diferencia entre producir algo y otorgarle significado.

La edad también modifica la relación con la ropa. Con los años, la necesidad de demostrar que se está al día pierde fuerza y aparece otra prioridad: sentirse representada por lo que se lleva puesto. Después de comprar prendas que casi no se usaron y de seguir tendencias que no favorecían, muchas personas conocen mejor sus preferencias y aprenden a decir que no. "No es para mí" puede ser una de las frases más difíciles de pronunciar cuando todo alrededor invita a comprar, y a la vez una señal de estilo: tener criterio también es saber qué dejar pasar. En esa línea, la vida después de los 40 suele traer un vínculo más libre con la propia imagen.

Durante mucho tiempo el lujo estuvo atado al precio, la exclusividad y la dificultad de acceso. Ahora empiezan a pesar otros elementos: una pieza hecha a mano, un género cuya procedencia se conoce, un vestido heredado. No son objetos extraordinariamente caros, pero tienen algo que la producción masiva no reproduce con facilidad, una historia. Por eso vuelve a cobrar importancia el oficio, el tiempo que lleva bordar, cortar o terminar una prenda, y la posibilidad de reparar en lugar de reemplazar.

Hay una paradoja que Bevcic señala: cuanto más fácil resulta fabricar una imagen perfecta, más valor puede tener aquello que conserva alguna huella de quien lo hizo. La pregunta excede a la industria. ¿Qué cosas queremos seguir haciendo nosotros cuando una máquina pueda hacerlas por nosotros?

En la moda, la respuesta pasa por elegir: una prenda porque gusta y no porque aparece en todos lados, calidad cuando sea posible, reparar, reutilizar, conservar, mezclar algo nuevo con algo que ya se tiene. Vestirse de una manera que tenga sentido para la vida real y aceptar que no todo tiene que ser nuevo para ser actual. Como ocurre con las tendencias que se imponen en Nueva York, el desafío no es seguir la próxima moda sino no perder la capacidad de elegir.

La moda siempre fue una manera de contar quiénes somos. La diferencia es que hoy hay más herramientas que nunca para construir esa imagen y, al mismo tiempo, más posibilidades de terminar pareciéndose a todos. Cuando todo puede ser producido, recomendado y replicado, aquello que lleva la mirada propia empieza a tener un valor distinto. Y quizá ese sea, hoy, el verdadero lujo.

Por qué importa

En una industria que celebra lo nuevo y donde el algoritmo recomienda qué comprar, la nota propone correr el valor del precio hacia lo humano: el oficio, la historia de cada prenda y la capacidad de elegir. Interpela a cualquiera que arme su placard.

Qué sigue

El debate sobre el lugar de la inteligencia artificial en la moda seguirá creciendo a medida que las herramientas de diseño y recomendación se masifiquen. La pregunta de fondo, qué elegimos seguir haciendo nosotros, quedará abierta para la industria y para los consumidores.

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