Del six pack al core funcional: por qué ya no alcanza solo con abdominales
Entrenadores especializados explican el cambio de paradigma: fortalecer el núcleo corporal es clave para proteger la columna y mejorar la estabilidad.

La imagen del abdomen marcado en forma de tableta de chocolate dominó décadas de fitness. Hoy, ese enfoque estético cede ante un cambio conceptual: el core o núcleo corporal ya no se reduce a flexionar el tronco, sino a comprender un sistema complejo que actúa como centro de control del cuerpo. Entrenadores y profesionales de educación física coinciden en que esta transformación redefine cómo entrenar la zona media.
Federico Guerra, profesor nacional de Educación Física, lo explica con claridad: "Si bien antes el entrenamiento abdominal se asociaba de forma reducida a lo estético, hoy el concepto de core es mucho más amplio: incluye abdomen, zona lumbar, glúteos y musculatura profunda que estabiliza el cuerpo". Este núcleo permite transmitir la fuerza entre el tren superior e inferior, actuando como centro de control que sostiene el cuerpo en cualquier acción.
La diferencia entre los abdominales tradicionales y el core es tanto conceptual como anatómica. Mientras que históricamente el término se refería al recto abdominal y su función de flexión, el núcleo representa un complejo muscular tridimensional. Federico Bozzano, también docente especializado, subraya: "Su función principal no es producir movimiento, sino prevenirlo y estabilizar el tronco (anti-extensión, anti-rotación, anti-flexión lateral)". Un core fuerte protege la columna de los esfuerzos diarios y deportivos.
Juan Carlos Cóceres utiliza una comparación ilustrativa: "Una zona media fuerte es como tener suspensión en el auto". No se trata únicamente de marcar el abdomen, sino de fortalecer esta zona que mantiene al individuo erguido, estable y sin dolor.
Entre los ejercicios imprescindibles aparece el dead bug o bicho muerto. Guerra lo considera clave porque trabaja la estabilidad, protege la zona lumbar y mejora la coordinación. Cóceres destaca su valor para el control lumbopélvico: "Enseña disociación entre tronco y extremidades. Mantener la zona media estable mientras movés brazos y piernas imita cómo caminamos sin compensar con la espalda". Bozzano resalta su capacidad para aislar el transverso abdominal, ese músculo profundo que actúa como un corset natural.
El segundo ejercicio con consenso generalizado es la plancha abdominal o plank. Bozzano la define como el ejercicio por excelencia de anti-extensión: la mayoría de los problemas lumbares derivan de una incapacidad para resistir la extensión de la columna. "La plancha enseña al cuerpo a contraer el recto abdominal y los glúteos simultáneamente para mantener una línea neutra, protegiendo la zona lumbar", detalla. Cóceres refuerza que este ejercicio enseña al núcleo a mantenerse rígido bajo carga, siendo la base para proteger la salud de la espalda.
Los tres profesionales coinciden en señalar los riesgos de una mala técnica y la sobreexigencia mal entendida. El error más común en la ejecución de planchas es la pérdida de la neutralidad de la columna, específicamente al dejar caer la cadera y provocar una hiperextensión lumbar. "Eso pone toda la compresión en los discos lumbares en vez de distribuirla", advierte Cóceres. Guerra añade que es habitual ver a personas repitiendo ejercicios sin descanso ni técnica, bajo la falsa creencia de que más repeticiones garantizan mejores resultados.
"El mito de las mil repeticiones ya quedó atrás. Más cantidad no significa mejores resultados", subraya Bozzano. La calidad sobre cantidad es el principio rector: la fatiga y la mala técnica son consecuencias de priorizar volumen. "El objetivo funcional se alcanza con series de 10 a 20 repeticiones bien ejecutadas o trabajos isométricos de 20 a 45 segundos", apunta. Para lograr definición muscular, la alimentación es el factor clave, dado que los músculos suelen estar cubiertos por masa adiposa.
Con respecto a los crunches o encogimientos tradicionales, la advertencia principal recae sobre la zona cervical. Se observa con frecuencia el vicio de tirar del cuello con las manos, generando tensión peligrosa en las vértebras. La función real es simplemente enrollar el tronco despegando solo los hombros del piso.
Un aspecto técnico central es el papel de la respiración, como activador del transverso abdominal y generador de presión intraabdominal, fenómeno conocido como bracing. Bozzano recomienda inhalar antes del esfuerzo y exhalar de forma potente durante la máxima contracción. Guerra coincide: "Una buena coordinación entre inhalar y exhalar permite contraer mejor la zona media, proteger la espalda y tener mayor control del movimiento".
Trabajar el core es fundamental para la estabilidad corporal, la prevención de dolores lumbares y la mejora del rendimiento deportivo. Más allá de la cuestión estética, este cambio de paradigma resuelve un problema real: cuerpos más fuertes, más estables y menos propensos a lesiones.
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