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Devoto: la cárcel que se vacía y deja su sombra en la historia argentina

El traslado de presos a Marcos Paz marca el final de un penal emblemático por donde pasaron desde Robledo Puch hasta los asesinos de la familia Puccio.

Redacción••3 min de lectura
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Devoto: la cárcel que se vacía y deja su sombra en la historia argentina

La cárcel de Devoto se vacía. Con el traslado de presos a Marcos Paz, el penal porteño que albergaba a 1.500 internos hasta la semana pasada quedará reducido a menos de 80. Sus muros centenarios caerán, pero su sombra seguirá presente en el imaginario argentino.

Durante décadas, Devoto fue mucho más que un barrio: fue la cárcel. Escenario de abismos humanos, asesinos célebres, motines sangrientos y fugas de película. Por sus pabellones pasó Carlos Robledo Puch, el mayor asesino múltiple de la Argentina, y también Arquímedes Puccio, el patriarca de la familia que secuestraba y mataba a jóvenes empresarios amigos de sus hijos rugbiers.

El traslado de presos a Marcos Paz avanza en etapas. Ya se mudaron los primeros 326 presos y luego otros 609 reclusos que vaciaron el 40% de los pabellones. El objetivo oficial es desalojar por completo el predio para reutilizar los terrenos.

La historia de Devoto está atada a episodios clave del país. En 1969, el gobierno de Juan Carlos Onganía usaba el penal para meter preso a quien quisiera mediante los edictos policiales, sin juicio ni derecho a la defensa. Tres jugadores de Estudiantes —Poletti, Manera y Aguirre Suárez— terminaron detenidos allí tras una final perdida contra el Milan en la Bombonera que acabó a las trompadas. De esa época quedó la frase de Carlos Bilardo: “La gloria o Devoto”.

En 1978, el año del retiro del Bambino Veira, Devoto soportó la masacre del Pabellón Séptimo: un motín con 65 muertos y 85 heridos tras una quema de colchones durante una protesta en la que los presos murieron asfixiados, quemados o baleados. En esos años, el penal fue también un centro de torturas de la dictadura, con decenas de secuestradas, incluso con sus hijos.

Por Devoto pasó Sergio Schoklender, condenado por matar a sus padres, que intramuros fundó el Centro Universitario y consiguió visitas para el amor. También estuvo Vitette Sellanes, líder boquetero del golpe al Banco Río, y el Concheto Álvarez, un joven de clase alta que terminó como asesino múltiple en Belgrano. El baterista de Callejeros que asesinó a su mujer prendiéndole fuego apareció luego tocando en San Telmo.

La biblioteca del penal estuvo a cargo de Arquímedes Puccio, que recomendaba libros de Química. Esos textos se suspendieron después de que el Gordo Valor los pidiera seguido para aprender sobre explosivos y tratar de volar uno de los gruesos paredones. No lo consiguió, pero al final se fugó descolgándose con sábanas anudadas desde siete metros ante guardias distraídos y dos vecinas que lo filmaron en un video casero.

El epílogo de Devoto llega con un dato que trasciende: seis de cada 10 presos en Argentina siguen sin condena, con procesos eternos en juzgados colapsados. La inseguridad muta: ya nadie roba bancos ni vende los buzones donde Robledo Puch arrojaba colillas encendidas, pero arrecian los delitos digitales, los secuestros virtuales y el gatillo de motochorros que apaga una vida en una esquina.

Si finalmente viene el Papa, encontrará un penal con el espacio libre de un palacio. Después caerán sus muros, pero no su sombra. Ese rosario de pecados argentinos que sigue en pie. Cada día, la gloria o Devoto.

Por qué importa

El cierre de Devoto marca el fin de un símbolo del sistema penitenciario argentino, pero expone que seis de cada 10 presos siguen sin condena. La inseguridad muta y los delitos digitales crecen mientras el penal deja su sombra.

Qué sigue

El Gobierno avanza con el traslado total de los presos a Marcos Paz y la reutilización de los terrenos. Resta definir el destino de los muros centenarios y si la visita del Papa encuentra el penal ya vacío.

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