Dormir con el perro: un estudio revela que los humanos suelen despertar primero a sus mascotas
Investigadores de la Universidad de Toronto monitorearon durante cuatro semanas a 25 personas y 38 perros y no hallaron efectos negativos en la calidad del sueño.

Un estudio de la Universidad de Toronto encontró que, cuando humanos y perros se interrumpen el descanso durante la noche, en la mayoría de los casos son las personas las que comienzan a moverse primero y terminan despertando a sus mascotas. La investigación, publicada en la revista científica PLOS One, monitoreó durante cuatro semanas la actividad nocturna de 25 personas y sus 38 perros.
Además de detectar ese patrón, los investigadores no encontraron efectos negativos significativos sobre la duración ni la calidad del sueño de quienes comparten la cama con sus mascotas. El trabajo se realizó con acelerómetros que registraron los movimientos corporales de manera continua.
La idea de que los perros arruinan el descanso de sus dueños está muy extendida. Muchos propietarios dan por hecho que cualquier despertar nocturno tiene un responsable de cuatro patas. Sin embargo, los datos obtenidos durante el estudio cuentan una historia distinta.
Para observar qué ocurría durante la noche, los participantes humanos llevaron los sensores en sus muñecas, mientras que los perros los utilizaron sujetos a sus collares. También respondieron cuestionarios sobre la calidad percibida de su descanso. Los resultados mostraron que compartir la cama con un perro no modificó de manera significativa la duración ni la eficiencia del sueño humano.
En las conclusiones del trabajo, los investigadores señalaron que “dormir juntos no tuvo efecto sobre la duración o la eficiencia del sueño de los humanos ni sobre la actividad nocturna de los perros”. Pero la pregunta que más les interesaba era otra: cuando una persona y su perro se mueven durante la noche, ¿quién empezó?
Los registros revelaron una fuerte sincronización entre los patrones de actividad de ambos. En muchos casos, humanos y perros tendían a activarse casi al mismo tiempo. Cuando los científicos analizaron la secuencia de esos movimientos, encontraron una diferencia llamativa.
Entre los binomios humano-perro que mostraban una correlación clara en su actividad nocturna, el 45% registró actividad humana antes que actividad canina. En cambio, solo el 18% mostró la situación inversa, es decir, movimientos del perro antes que los del propietario. En otro 36% de los casos, los movimientos ocurrieron prácticamente de manera simultánea.
En otras palabras, los datos sugieren que los dueños podrían despertar a sus perros con más frecuencia de la que los perros despiertan a sus dueños. Los autores resumen esa conclusión de forma directa en el artículo: “Nuestros hallazgos sugieren que la actividad nocturna de humanos y perros está estrechamente acoplada”.
El resultado contradice una percepción muy extendida entre quienes conviven con mascotas. Algunos participantes aseguraban sentirse molestos por los movimientos nocturnos de sus perros. Sin embargo, las mediciones objetivas no encontraron una reducción significativa ni de la duración ni de la eficiencia del sueño asociada con la presencia de los animales.
Esa diferencia entre lo que las personas creen que ocurre y lo que efectivamente muestran los sensores fue uno de los aspectos que más llamó la atención de los autores. Una sensación subjetiva de mal descanso no siempre coincide con los indicadores objetivos utilizados para evaluar la calidad del sueño. Los investigadores destacaron ese punto al escribir que “pueden existir discrepancias entre las mediciones objetivas y las evaluaciones subjetivas del sueño”.
Los investigadores aclaran que los resultados deben interpretarse con cautela. El trabajo incluyó solamente a 25 personas y 38 perros y no contó con un grupo de control integrado por individuos que durmieran sin mascotas. Por eso consideran necesario realizar nuevas investigaciones con muestras más amplias y con animales de distintas edades y razas.
El estudio tampoco permite concluir que dormir con un perro mejore el descanso. Su aporte es más específico: entre los participantes analizados no se observaron efectos negativos significativos asociados con compartir la cama con sus mascotas.
Por qué importa
Miles de dueños culpan a sus perros de sus despertares nocturnos. El estudio sugiere que la creencia está invertida y que la sensación de mal dormir no siempre coincide con lo que miden los sensores.
Qué sigue
Los autores piden nuevas investigaciones con muestras más amplias y perros de distintas edades y razas, además de un grupo de control sin mascotas, para confirmar los resultados.
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