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El sistema secreto de Menotti: cómo los técnicos argentinos espiaron rivales en 1978

Roberto Saporiti reveló la red de entrenadores que observó cada selección. Incluso Carlos Bilardo estuvo cerca de sumarse al operativo que preparó el camino hacia el título mundial.

Redacción3 min de lectura
El sistema secreto de Menotti: cómo los técnicos argentinos espiaron rivales en 1978
El sistema secreto de Menotti: cómo los técnicos argentinos espiaron rivales en 1978

César Luis Menotti convirtió a los técnicos del fútbol argentino en sus ojos y oídos durante la Copa del Mundo de 1978. A diez días del comienzo del torneo, Roberto Saporiti, entonces entrenador de Talleres de Córdoba y coordinador del cuerpo técnico de la Selección, reveló públicamente cómo funcionaba el sistema de observación de rivales que el Flaco había organizado meticulosamente para que "nada se dejara librado al azar".

En la concentración de José C. Paz, el 22 de mayo, Saporiti desplegó la estructura con la precisión de una operación militar. Alfio Basile en Mar del Plata seguiría al rival inmediato; Jorge Griffa y Enrique Fernández trabajarían desde Rosario; Vicente Rodríguez en Mendoza; Humberto Maschio y Humberto Taborda en Córdoba. En Buenos Aires, Jorge Zorzenón y José D'Amico recibirían a los observadores con un dispositivo que parecía sacado de una película de espías.

Paradójicamente, Carlos Salvador Bilardo estuvo a punto de integrarse al equipo. Saporiti confirmó que si el futuro rival de Menotti llegaba el 31 de mayo, se le acreditaría de inmediato para seguir al próximo adversario argentino o analizar el desempeño del equipo propio. La ironía es que años después, Bilardo y Menotti terminarían en las antípodas del fútbol argentino.

El sistema funcionaba con precisión quirúrgica. Basile vería el primer partido de Italia y Francia el 2 de junio a las 13.45. Luego presenciaría otro encuentro y regresaría a Buenos Aires en avión. Un automóvil lo esperaría en Aeroparque para llevarlo a la concentración, donde esa misma noche habría una reunión de análisis. Después volvería a Mar del Plata para observar el segundo partido de los italianos. "Con eso lograremos que para el día 10 —cuando juegan la Argentina con Italia— Basile tenga perfectamente definido al equipo italiano, ya que lo habrá visto dos veces", explicaba Saporiti con precisión.

La paradoja es que Italia fue el único rival que venció a Argentina en aquella Copa del Mundo, ganando 1-0, un resultado que obligó al equipo a disputar la segunda fase en Rosario. Sin embargo, el método funcionó para las demás selecciones. Saporiti aclaraba que los observadores en otras sedes no tendrían la misma intensidad de trabajo porque sus rivales serían potenciales adversarios de la segunda vuelta, dependiendo de cada clasificación.

Saporiti fue también el puente entre Menotti y Bilardo. Compartía con el Flaco una visión futbolística cercana, mientras que con el Narigón mantenía una amistad forjada en Deportivo Español, donde fueron compañeros en 1963. En 1977 organizó una cena en su casa de Palermo que se convirtió en una batalla dialéctica sobre fútbol que se extendió hasta las tres de la mañana. Menotti defendía la necesidad de movilidad y opciones de pase; Bilardo argumentaba que lo primero era recuperar la pelota y atacar directo.

La colaboración formal de Bilardo nunca se concretó. La de los demás técnicos sí. Y tampoco era un secreto celosamente guardado. La revista Goles del 6 de junio publicó un artículo titulado "Opinan los espías de Menotti", dando voz a los observadores. Humberto Taborda señalaba a Alemania y Brasil como amenazas principales. Vicente Cayetano Rodríguez analizaba a Holanda, notando que el subcampeón de 1974 era distinto sin Cruyff y sin su técnico emblema. A pesar de ese análisis, los neerlandeses llegaron a la final del 25 de junio.

Décadas después, cuando se reveló el sistema completo, quedó clara la obsesión de Menotti por preparar cada detalle. Mientras otros países confiaban en intuición y talento, la Selección argentina de 1978 ganó su primer Mundial con información, método y la colaboración de casi toda la dirigencia técnica local. Una frase de Saporiti resumía la filosofía del Flaco: "Tener la certeza de que nada se dejó librado al azar".

Fuente: Clarín.

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