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Federer reflexiona sobre presión, derrota y reinvención tras dos décadas de excelencia

En una conferencia tecnológica en Orlando, el ex número uno mundial compartió sus aprendizajes sobre disciplina, equilibrio emocional y cómo la paternidad cambió su relación con la frustración.

Redacción3 min de lectura
Federer reflexiona sobre presión, derrota y reinvención tras dos décadas de excelencia
Federer reflexiona sobre presión, derrota y reinvención tras dos décadas de excelencia

Roger Federer reflexionó sobre los pilares de su carrera y su transformación personal durante Sapphire, la conferencia anual de la empresa tecnológica SAP, ante más de 17.000 personas en Orlando. En una conversación íntima con Christian Klein, CEO de SAP, el ex tenista suizo profundizó en temas de liderazgo, innovación y cómo reinventó su vida después del retiro profesional.

El tema central fue la excelencia sostenida. "Mantener y permanecer en la excelencia, creo que esa es la parte difícil", resumió Federer, sintetizando dos décadas de competencia al más alto nivel. Aunque su imagen pública siempre fue la de un jugador elegante y controlado, el deportista admitió que "por dentro había un volcán; realmente tuve que cambiar mi carácter".

Federer comenzó a jugar tenis a los tres años y disputó su primer torneo a los ocho, con una derrota contundente: 6-0 y 6-0. En su Basilea natal, el fútbol y el tenis convivían como sus pasiones principales. A los 14 años tomó una decisión crucial: abandonó su hogar para entrenar en el Centro Nacional de Tenis de Suiza, donde vivió con otra familia durante la semana. A los 16 era tenista profesional; a los 17 ganó Wimbledon Junior. A pesar de alcanzar el nivel más alto mundial, insistió en que jamás sintió que estuviera destinado a ser el mejor.

De joven era extremadamente emocional: rompía raquetas, lloraba, protestaba. Odiaba perder en cualquier contexto. El cambio no llegó a través de una intervención mágica sino cuando comprendió que ciertos comportamientos le impedían competir al máximo nivel. Primero intentó eliminar toda reacción emocional en la cancha, volviéndose frío y excesivamente contenido. Después descubrió que tampoco funcionaba. "Me volví demasiado callado y demasiado tranquilo, y eso daba miedo", describió.

Así surgió el concepto que aún hoy utiliza para describirse: fuego y hielo. "Necesito tener fuego en la panza y el hielo en las venas; es una sensación muy genial en la cancha que me permite sentirme muy seguro", explicó. Encontrar ese equilibrio le llevó más tiempo que a Rafael Nadal, Novak Djokovic o Andy Murray, según su propia evaluación.

Sobre las derrotas, Federer reveló que al inicio de su carrera lo perseguían durante días. Quedaba atrapado en el "qué hubiera pasado si...". Con la experiencia desarrolló una claridad distinta: aprendió a detectar rápidamente las razones de una derrota y a seguir adelante. Un elemento clave en esta transformación fue su familia. Convertirse en padre cambió completamente su relación con la frustración, afirmó.

Recordó la final de Wimbledon 2019 contra Djokovic, cuando tuvo puntos de partido y perdió. Esa noche volvió a casa frustrado, pidió cinco minutos a solas, se acostó, procesó el dolor y decidió dejarlo ahí. Luego bajó a compartir la noche con sus hijos, amigos e invitados. "No voy a dejar que un partido defina mi felicidad", resumió.

Federer insiste en que el tenis, visto desde cierta distancia, sigue siendo simplemente un juego. "Al final estamos persiguiendo una pelota amarilla", dijo. Aunque comprende la presión gigantesca del circuito moderno —redes sociales, sponsors, conferencias de prensa, expectativas nacionales— intenta quitarle dramatismo recordando que una derrota no define quién es una persona.

"Hoy vemos bastantes problemas mentales en el circuito debido a esta presión que los jugadores se ponen a sí mismos; se identifican demasiado a través de la victoria y la derrota", señaló. Los jugadores contemporáneos, cuando ganan, creen ser excepcionales; cuando pierden, sienten que no valen nada. "Y eso no es quien sos, eso es cómo tratás a otras personas, qué tan duro podés entrenar, cómo atravesás la vida cotidiana y otras cosas", enfatizó.

Hace dos años, Federer brindó un discurso de graduación en Dartmouth College que se viralizo globalmente. En él destacó que ganó el 80 por ciento de sus partidos profesionales tras obtener el 54 por ciento de los puntos que jugó. La lección fundamental: no existe la perfección. "No podemos ganar siempre. Como atletas, como creo que todos nosotros, a veces buscamos la perfección. Queremos que sea tan perfecto que nos rompemos por eso", explicó en Orlando.

Finalmente, reflexionó sobre la competencia moderna. Reconoció que durante un tiempo dominó el circuito sin una amenaza tan grande enfrente. Luego comprendió algo fundamental: las rivalidades no eran obstáculos, sino oportunidades para crecer y elevar el nivel del deporte. "Ganar no lo es todo, es un proceso. Nunca hay una carrera lineal; ese fue el mensaje", concluyó.

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