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Godzilla Minus One: cómo un film de US$ 15 millones venció a Hollywood y ganó el Oscar

La película de Takashi Yamazaki logró efectos visuales de nivel blockbuster con 35 artistas y 610 planos. El 6 de noviembre llega la secuela, Godzilla Minus Zero.

Redacción••2 min de lectura
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Godzilla Minus One: cómo un film de US$ 15 millones venció a Hollywood y ganó el Oscar

Godzilla Minus One se estrenó en 2023 y sorprendió al mundo con efectos visuales que compitieron de igual a igual con las grandes superproducciones de Hollywood, pese a contar con un presupuesto de apenas US$ 15 millones. La película dirigida por Takashi Yamazaki ganó el Oscar a Mejores Efectos Visuales en 2024 y se convirtió en un caso de estudio sobre cómo hacer cine ambicioso con recursos limitados. El 6 de noviembre llegará su secuela, Godzilla Minus Zero, la primera película japonesa rodada para IMAX.

El contraste con la industria estadounidense es notable. En Hollywood, las productoras reparten el trabajo entre un estudio principal y varios secundarios, con cientos de artistas y departamentos especializados. Godzilla Minus One, en cambio, concentró todos sus VFX en Shirogumi, un estudio japonés fundado en 1974, que destinó 35 artistas a realizar 610 planos con CGI y efectos visuales en ocho meses.

La clave del éxito fue la figura de Yamazaki, que además de dirigir supervisó los efectos de forma directa dentro del propio estudio. Con trayectoria en Shirogumi desde 1986 como animador, compositor y supervisor, el realizador apodado "el James Cameron japonés" daba indicaciones mesa por mesa, sin filtros intermedios. Esa cercanía le permitió detectar talentos como el de Tatsuji Nojima, un compositor digital de 23 años que creaba complejas simulaciones de agua en su tiempo libre.

Yamazaki reescribió el guion para trasladar escenas clave al mar, incluido el clímax, y aprovechar así el trabajo de Nojima, que terminó recogiendo el Oscar en 2024. También optimizó el presupuesto con decorados físicos mínimos y olas simuladas con cámara y actores, y recreó en CGI 3D la ciudad de Ginza de 1940 para poder destruirla con mayor facilidad. El resultado fue una lección de eficiencia frente al despliegue masivo de los grandes estudios.

El fenómeno se inscribe en un interés renovado por el cine de monstruos y por las producciones que escapan a la lógica de los grandes presupuestos. En ese marco, la figura del kaiju japonés mantiene una vigencia que ya lleva más de siete décadas, como lo muestra el recorrido de la película que originó al monstruo en 1954.

La secuela llega con más presupuesto y mayor complejidad técnica, pero con la misma fórmula de trabajo. Godzilla Minus Zero buscará repetir el impacto de su antecesora y demostrar si el modelo japonés puede sostenerse cuando la escala crece. La expectativa está puesta en cómo Yamazaki administra esos recursos adicionales sin perder la cercanía artesanal que definió a la primera entrega.

Por qué importa

El caso demuestra que un estudio chico puede competir con los grandes de Hollywood si concentra el talento y elimina intermediarios. Es una referencia para la industria audiovisual sobre cómo gestionar recursos escasos sin resignar calidad.

Qué sigue

El 6 de noviembre se estrena Godzilla Minus Zero, la primera película japonesa rodada para IMAX. Habrá que ver si Yamazaki sostiene la fórmula con más presupuesto y si el modelo de Shirogumi escala a una producción de mayor envergadura.

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