Economía

La jugada de Milei: cómo los números de la economía aceleraron la baja de retenciones

El Gobierno decidió anunciar la reducción de derechos de exportación para trigo, cebada y soja horas antes del acto, impulsado por datos de recuperación económica.

Redacción3 min de lectura
La jugada de Milei: cómo los números de la economía aceleraron la baja de retenciones
La jugada de Milei: cómo los números de la economía aceleraron la baja de retenciones

La decisión de bajar las retenciones se terminó de cocinar horas antes de que el presidente Javier Milei subiera al escenario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Según pudo saber Demo Diario de fuentes cercanas al Gobierno, la medida venía siendo analizada hace meses en la cúpula oficial, pero no había consenso sobre el momento preciso para ejecutarla. Los últimos datos de actividad económica fueron el factor determinante que inclinó la balanza.

En el círculo del ministro de Economía, Luis Caputo, aseguran que el funcionario tenía la política "trabajada hace meses" y completamente estudiada. Sin embargo, la vacilación sobre el timing desapareció cuando los números macroeconómicos comenzaron a mostrar señales de recuperación más sólidas. La economía creció 3,5% mensual en marzo y 5,5% interanual, lo que en el equipo económico fue interpretado como margen suficiente para avanzar sin comprometer el equilibrio fiscal, eje central del programa de Milei.

El timing también respondía a razones productivas concretas. La campaña de trigo para 2026/27 estaba en etapa crítica de definición: los productores comenzaban a ingresar a los lotes y debían cerrar sus números de siembra en cuestión de días. Si el Gobierno quería influir sobre esas decisiones, la señal tenía que llegar antes de que los cálculos estuvieran finalizados. Como resumieron cerca del equipo económico: "Tenía que ser ahora".

El anuncio contempla una reducción de retenciones para trigo y cebada que pasarán de 7,5% a 5,5% desde junio. Considerando toda la gestión Milei, estos cultivos acumulan así una baja significativa: comenzaron con derechos de exportación de 12%. Para la soja se implementó un esquema de reducción gradual que arrancará en enero de 2027, con disminuciones de entre 0,25 y 0,5 puntos mensuales según la evolución de la recaudación.

La decisión también responde a una crisis de márgenes en el sector que requería intervención urgente. La campaña de trigo enfrenta un problema que no es climático sino de costos. La guerra en Medio Oriente disparó los precios internacionales de fertilizantes, con la urea subiendo 77% desde enero mientras el trigo a cosecha avanzaba apenas 16%. Esta desproporción produjo un deterioro brutal en la relación insumo-producto.

La Bolsa de Comercio de Rosario alertaba que antes de esta medida hacían falta 2,7 toneladas de trigo para comprar una tonelada de urea. Ahora esa relación se había movido a 4,3 toneladas. El impacto fue inmediato: entre marzo y abril, la rentabilidad esperada del cereal cayó 43% en campo propio y 54% en campo alquilado. En algunos esquemas de alquiler, los números ya marcaban pérdidas.

La proyección que circulaba en el sector era aún más preocupante. La Bolsa de Comercio de Rosario estimaba que la campaña 2026/27 podría perder 500.000 hectáreas de intención de siembra, una caída interanual del 7%, con una superficie proyectada de apenas 6,66 millones de hectáreas. En ese contexto, el Gobierno entendió que necesitaba ofrecer una señal para sostener el área sembrada.

La dimensión de lo que está en juego es importante. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires estimaba que la próxima campaña de trigo y cebada podría generar exportaciones por US$4.603 millones y aportar alrededor de US$1.180 millones en derechos de exportación. Aunque ahora esos ingresos serán menores por la baja de retenciones, el Gobierno apostó a que una superficie más amplia compensaría la menor recaudación por derecho.

El equipo económico también observaba una ventana macroeconómica favorable. En abril el Gobierno reportó superávit financiero y acumuló en el primer cuatrimestre un resultado primario equivalente al 0,5% del PBI. En ese contexto, la rebaja de retenciones fue considerada viable sin arriesgar la meta de equilibrio fiscal que sostiene el programa de estabilización.

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