"Lo mucho que te amé": la novela de Sacheri llega al Teatro Cervantes
Belén Brito interpreta a Ofelia en la adaptación teatral dirigida por Corina Fiorillo, con funciones de jueves a domingo.

La adaptación teatral de "Lo mucho que te amé", la novela de Eduardo Sacheri, se presenta en el Teatro Nacional Cervantes, ubicado en Libertad 815. La obra, dirigida por Corina Fiorillo, cuenta con la interpretación de Belén Brito en el rol protagónico y funciones de jueves a domingo a las 18.
La dramaturgia fue realizada por Fiorillo, Brito y el propio Sacheri, quien adaptó su novela homónima. La puesta apuesta por una decisión escénica que modifica el modo de contar la historia: Ofelia, la protagonista, queda casi sola frente al público.
La época, los mandatos, el matrimonio, la familia, el deseo y la prohibición funcionan como motivos para convertir el relato en un amor imposible. Sin embargo, la escena desplaza la pregunta central. No focaliza en si Ofelia debió elegir a un hombre u otro, ni en si sus decisiones la hicieron feliz. La pregunta que atraviesa la obra es otra: ¿cuánto de una vida se comprende mientras se vive?
Ofelia habla desde un tiempo posterior a los acontecimientos y esa distancia lo transforma todo. Oscila entre el presente representado y la narración que solo habilita el pasado, que no aparece como una sucesión ordenada de recuerdos sino como una materia que busca su forma y su sentido.
La mujer que recuerda no es la misma que tomó las decisiones. Se producen vueltas, modificaciones y resignificaciones. Belén Brito asume un desafío particular: interpreta las distintas edades de una misma mujer y encarna la distancia entre quien fue y la que ahora puede mirarse desde el presente de la escena.
En ocasiones, Ofelia recuerda y, en otras, parece sorprenderse de su propia memoria. Existe una fisura entre vivir y narrar que constituye la dimensión teatral, según plantea la puesta.
La música en vivo de Lucía Gómez y Tomás Pol no funciona como ilustración sonora de la época, sino como inscripción de una temporalidad en la que el recuerdo se desplaza sin necesidad de explicación. Más extraños resultan los efectos sonoros que buscaban reemplazar lo que no podía ser visto en los tiempos del radioteatro.
La puesta de Corina Fiorillo trabaja desde un lugar paradójico: cuanto más íntima es la historia, menos privada resulta. En el momento en que los protagonistas de la historia de amor tendrán su primer encuentro íntimo serán descubiertos, pero por esas ironías de la vida y del piso lustrado, la que iba a romper el secreto se rompe la crisma.
El espacio escénico es precioso: las palabras se diseminan en el suelo como si estuvieran manuscritas. Esas palabras luego se escucharán en la boca de Ofelia. También construyen un espacio oculto en miniatura que representa parcialmente el escenario. La escenografía se arma con mitades, con estructuras quebradas o incompletas, con posibilidades de armado y desarmado. Lo mismo sucede con la dramaturgia de la iluminación que transforma tiempos y lugares.
Sin embargo, el personaje no explota del todo ese espacio y queda como una promesa incumplida en torno a sus posibilidades, probablemente porque, aunque se desplace de un sitio a otro, suba y baje, cambie de niveles o se acueste en el piso que reproduce un manuscrito, su eje central está en el acto de narrar.
El teatro sucede entre lo que está y lo que no: un cuerpo presente puede convocar a uno ausente, una voz puede traer varias décadas, el espacio puede contener una casa, una familia, una ciudad, un pasado. El escenario puede hacer existir lo que ocurrió sin convertirlo en una simple reconstrucción.
Ofelia no vuelve al pasado para cambiarlo, vuelve para mirarlo y para contarlo. Esto produce una relación particular entre la actuación y la narración. No se trata de elegir entre contar y actuar. La obra se sostiene en ese borde inestable y tal vez se quede más del lado del contar como signo inequívoco de su origen.
La ficha técnica se completa con Ricardo Sica en diseño de iluminación y Nicolás Pol en diseño de escenografía. La composición y el diseño sonoro están a cargo de Tomás Pol.
Por qué importa
La obra lleva a escena una novela de gran circulación y propone una relectura sobre la memoria y el paso del tiempo. El Cervantes, teatro nacional, ofrece una vidriera clave para el teatro argentino contemporáneo.
Qué sigue
La obra continúa en cartel con funciones de jueves a domingo a las 18 en el Teatro Cervantes. La respuesta del público y la crítica definirá su permanencia en la sala.
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