Deportes

Mano en el fútbol: por qué nadie entiende las reglas que cambian cada año

Las decisiones arbitrales en Boca-Cruzeiro exponen la confusión que genera la ambigüedad del reglamento sobre posiciones antinaturales y ampliación de espacio.

Redacción3 min de lectura
Mano en el fútbol: por qué nadie entiende las reglas que cambian cada año
Mano en el fútbol: por qué nadie entiende las reglas que cambian cada año

La polémica por las manos en el partido entre Boca y Cruzeiro del martes pasado en la Bombonera volvió a exponer un problema que trasciende a los xeneizes: la dificultad para entender un reglamento que cambia constantemente y genera interpretaciones distintas según quién sea el árbitro. Una mano cobrada y otra no sancionada coparon la agenda durante días, con una sensación común entre hinchas y jugadores de no saber exactamente cuándo se debe sancionar un contacto de la pelota con el brazo.

En el fútbol argentino, los reclamos por mano son casi rituales. Defensores y atacantes piden constantemente, a veces sin argumento válido. Los jugadores de Boca le reclamaban a Jesús Valenzuela que debía haber cobrado penal simplemente porque Lucas Romero tocó la pelota con la mano, como si todas las manos fuesen cobrables. El problema radica en que los encargados de escribir las reglas las volvieron complicadas.

El recorrido de qué mano se debe sancionar cambió como nunca en los últimos años. La intención siempre fue lo primero que se debió evaluar, pero de allí surgieron nociones como posición antinatural y ampliación de espacio que generaron aún más confusión. La regla considera antinatural la mano que no es consecuencia del movimiento del cuerpo en esa acción concreta o no se puede justificar por dicho movimiento. El problema es evidente: la subjetividad.

¿A cuántos centímetros del resto del cuerpo un brazo está en posición natural? Entendiendo que la inercia del movimiento obliga a los jugadores a valerse de los brazos para mantener el equilibrio, lo antinatural sería correr con los brazos pegados al torso. Sin embargo, muchos defensores juegan con los brazos detrás de la espalda, como si cumplieran una prenda, solo para evitar que los árbitros les cobren manos que no son. En el gol de Cruzeiro, el VAR a cargo de Ángel Arteaga convocó a Valenzuela a una revisión cuestionable por supuesta mano de Kaiki. En la mano que pidió Boca, Romero estaba en posición convencional y la pelota buscó su brazo, no al revés.

La historia de los cambios de regla en el fútbol mundial muestra cómo una jugada polémica genera una reforma. En la Champions 2015, Neymar hizo un movimiento de cabezazo, le erró y la pelota le pegó en la mano; fue gol. Los árbitros lo permitieron considerándolo accidental, pero luego lo anularon. Esa decisión se adelantó a un cambio que aún no se había legislado: se prohibió convertir gol con la mano, intencional o no. Se agregó el concepto de inmediatez para sancionar no solo la mano que convirtiera el gol sino la que lo propiciara, en casos con distancia muy corta o pocos pases. Pero nuevamente surgió la subjetividad: ¿cuánto debía ser la distancia? ¿Cuántos pases?

La International Board tuvo que buscar otra solución tras otra jugada relevante. El Mundial de Clubes de 2021 se definió con polémica cuando Bayern Munich le ganó a Tigres con un gol de Benjamin Pavard tras un rebote en la muñeca de Robert Lewandowski. Los árbitros no pudieron precisar si había dado en la mano. Al mes siguiente, la International Board debió explicitar que no todos los contactos del balón con la mano constituyen infracción. Publicó una aclaración: se deja de considerar infracción cuando el toque es accidental y, acto seguido, un compañero marca gol u obtiene una ocasión para ello. Una jugada es tiro libre para el rival en un momento y gol al año siguiente.

Los árbitros mundialistas acuden a seminarios previos a los grandes torneos. En esos congresos presentan ejemplos de jugadas exageradas, las que no generan dudas. Es imposible explicar todas las variantes. Allí escucharán directrices sobre cómo penar el juego brusco grave, sumar minutos y evitar convalidar goles con la mano, sean directos o no. Sin embargo, en las recomendaciones a los árbitros se les piden cuestiones que no están reglamentadas. A esta altura, es lógico que entre los propios árbitros reinen la falta de criterio homogéneo y la confusión total.

A semanas de un Mundial siempre surge la esperanza de que no haya una jugada de estas definiendo un partido. Ya sucedió en cuartos de final entre Alemania y España cuando la UEFA reconoció que el árbitro debió haber cobrado penal por mano de Marc Cucurella. De fútbol hablan todos en Argentina, pero pocos lo hacen de acuerdo a lo que hay que hacer. Las reglas no se escriben para que no haya dudas. Es extraño que eso ocurra en el juego más universal y comentado de todos, el que permite creer que el saber es solo una cuestión natural.

Más en Deportes