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Milei apura la eliminación de las PASO y enfrenta el fantasma de las expectativas crecientes

El Gobierno negocia con gobernadores dialoguistas para suspender las primarias antes de abril, cuando arranca el proceso electoral de 2027

Redacción••4 min de lectura
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Milei apura la eliminación de las PASO y enfrenta el fantasma de las expectativas crecientes

El Gobierno nacional inició una carrera contra el reloj para suspender las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) antes de abril, cuando arranca formalmente el proceso electoral que desembocará en los comicios de 2027. La Cámara Nacional Electoral advirtió al Congreso que el país está al límite del plazo recomendado para modificar las reglas de juego: el margen ideal es de entre tres y seis meses antes del inicio del proceso comicial.

El oficialismo necesita una mayoría absoluta de 37 senadores para darle media sanción a la ley que suspenda las PASO. Para conseguirlo, desplegó gestiones urgentes con gobernadores provinciales dialoguistas, a fin de que persuadan a los legisladores de sus distritos de votar el proyecto.

Entre los argumentos que esgrime el Poder Ejecutivo, se menciona que las primarias implican un gasto público innecesario para una elección que, en la mayoría de los casos, no dirime verdaderas internas partidarias, porque las fuerzas políticas suelen presentar listas únicas. También sostiene que los resultados de agosto anticipan el escenario de octubre y pueden provocar inestabilidad en los mercados, saltos cambiarios y parálisis económica durante la transición, como ocurrió en 2019, cuando el kirchnerismo superó en votos a la coalición de Mauricio Macri.

Más allá de esos fundamentos, impera la convicción de que el mileísmo busca evitar que el peronismo resuelva sus disputas internas a través de las primarias abiertas. Forzar una atomización del sistema beneficiaría a La Libertad Avanza en la elección general presidencial y colocaría al PRO y a la UCR en una encrucijada.

El plan oficial convive con un desafío menos visible y más profundo. El presidente Javier Milei aspira a que la ciudadanía lo premie con la reelección por su combate contra el déficit fiscal y la inflación, que bajó del 211% a alrededor del 30% desde que llegó a la Casa Rosada, del mismo modo que favoreció a Carlos Menem en 1995. La derrota de la hiperinflación y el llamado "voto cuota" fueron decisivos para que Menem, tras la reforma constitucional, fuese reelegido con el aval de casi la mitad de los votantes.

Sin embargo, dos años más tarde la victoria frente a la inflación pasó a un segundo plano y las preocupaciones se enfocaron en la recesión y la corrupción pública. El menemismo empezó a perder apoyos frente a la alianza entre la UCR y el Frepaso en los comicios legislativos de 1997 y cayó ante Fernando de la Rúa en 1999.

El reconocimiento público por el logro de un gobierno nunca dura para siempre. La "revolución de las expectativas crecientes" define una situación en la que las aspiraciones de mejora social y económica crecen mucho más rápido que la capacidad real de las instituciones para satisfacerlas. El descontento no nace de la pobreza extrema, sino justo cuando las cosas empiezan a mejorar.

Esa dinámica se explica por la teoría de la curva en J, del sociólogo estadounidense James Chowning Davies: tras un período de avance, las expectativas suben en línea recta, pero el progreso se detiene o se desacelera en forma de J invertida mientras las aspiraciones continúan subiendo por la inercia del optimismo previo. Cuando esa brecha se acentúa, la frustración puede transformarse en rebelión.

Al haber construido su identidad política sobre la promesa de terminar con los privilegios de la política tradicional, Milei elevó la vara de la transparencia institucional a niveles inéditos para sus seguidores. Cualquier episodio reñido con la honestidad y toda contradicción respecto del discurso original son juzgados con severidad por una sociedad que ya no tolera los estándares del pasado.

Que no se perciba hoy en la vereda de enfrente, copada por el peronismo, una alternativa coherente y sólida es la principal ventaja del oficialismo. Pero el temor a que las expectativas crecientes desencadenen una "revuelta", en el sentido de un retorno al pasado populista, está presente en no pocos inversores. En cada encuentro internacional con hombres de negocios, los funcionarios deben responder las mismas preguntas: ¿qué garantías hay de que el modelo continúe después de las elecciones de 2027? ¿Puede volver el kirchnerismo?

Cierto nerviosismo en hombres del Gobierno fogonea esas dudas. La demanda de Luis Caputo de un urgente blindaje político del programa económico, los mensajes de diferenciación de Patricia Bullrich y el festival de insultos y exageraciones del propio Milei alimentan la incertidumbre. La desesperación por sancionar la reforma electoral puede leerse como otra señal de debilidad, en medio de un escenario donde el desmarque de Bullrich y las tensiones internas marcan la agenda.

Por qué importa

La suspensión de las PASO define el tablero electoral de 2027: si el oficialismo logra atomizar a la oposición, su chances crecen. Pero el desgaste de las expectativas crecientes puede jugarle en contra, como le pasó al menemismo.

Qué sigue

El Congreso debe tratar la suspensión de las PASO antes de abril, cuando la Cámara Nacional Electoral considera que se cierra el plazo ideal. La votación en el Senado, donde el oficialismo necesita 37 votos, es el primer hito.

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