Nora Colosimo, la madre de Wanda y Zaira Nara, salió del bajo perfil: panelista, streamer y con ofertas de teatro
A los 62 años, la mujer que acompañó en silencio las carreras de sus hijas cuenta cómo pasó de vender ropa tras el divorcio a convertirse en figura mediática.

Nora Colosimo (62) dedicó más de cuatro décadas a estar detrás de escena. Acompañó los primeros comerciales de Wanda (39) y Zaira Nara (38), manejó sus carreras y administró sus ingresos. En menos de dos meses, esa mujer de perfil bajo se transformó en panelista de televisión, streamer y recibió ofertas para debutar en teatro.
“Por años me escondí. Estaba guardadita”, dice Colosimo, que nació en el barrio porteño de Saavedra y se crió en San Isidro. La exposición llegó después de una vida marcada por las decisiones familiares y por una separación que la dejó en una situación económica delicada.
Cuando era joven, entre los 18 y los 20 años, hizo comerciales. “Todo muy tranquilo, nada de lencería, era muy tímida”, recuerda. Su carrera se cortó cuando conoció a Andrés Nara, padre de sus hijas, que le planteó una elección: “Tu carrera o yo”.
“Él quería que, cuando volviera del trabajo, yo estuviera ahí. No voy a echarle la culpa: yo acepté las reglas del juego”, sostiene. Se casó a los seis meses de conocerlo, en la iglesia María Madre de la Iglesia, sobre la Ruta 197. “Era otra época”, resume.
Durante años se ocupó de todo lo que rodeaba a sus hijas: las vestía, iba a las reuniones de padres y las llevaba a los castings sin que faltaran al colegio. “Mi rol fue ser apoyo, estar. A mis dos hijas por igual les dediqué los mejores años de mi vida”, afirma.
También administró el dinero que ellas ganaban. Abrió una cuenta en el banco y la manejó hasta que cumplieron la mayoría de edad. Después fue apoderada legal. Cuando Wanda se casó y se fue a Rusia, Colosimo se encargaba de pagar las cuentas de su departamento de soltera. Cuando Zaira puso un local en Las Cañitas, lo registró a nombre de su madre. “A las dos les cuidé el dinero y jamás les pedí un peso”, asegura.
Tras separarse de Andrés Nara, quedó “en menos cero”. Había trabajado como vendedora de ropa y con su padre, Carlos Alberto Colosimo, vendiendo seguros de sepelios. Armó un showroom y empezó a vender ropa con el apoyo de vecinas y amigas.
Wanda le regaló el departamento donde vive hoy, en Núñez, con vista a la ciudad de Buenos Aires. Lo compró diez años atrás para su cumpleaños, desde Italia, y mandó llenarlo de globos. También contrató a un stripper para la celebración.
“No tengo todo lo que quiero, pero amo todo lo que tengo”, dice Colosimo, que cita a su padre. El lugar es chico, pero suficiente: si sus hijas la llaman, arma un carry-on y se va. Las tres comparten la obsesión por el orden y la limpieza, herencia de Rosa, su madre.
Es cocinera. Aprendió después de casarse, a los 20, cuando no sabía hacer ni una sopa. La torta invertida de manzana que Wanda menciona en MasterChef era de su mamá. También prepara un pollo con pesto que le enseñó su padre. Al mediodía recibe a Valentino (17), hijo mayor de Wanda y del ex futbolista Maxi López, que almuerza con ella después de entrenar en River Plate.
“Soy cariñosa e intensa como abuela como lo soy como mamá. Soy tan intensa que más de una vez mis hijas me mandaron al psicólogo”, cuenta entre risas. Tiene siete nietos y asegura que no tiene preferidos.
Su vida sentimental también se rearmó. Desde hace cinco años está en pareja con Rafael Stancanelli (62), representante de jugadores de fútbol de divisiones inferiores. Se conocieron por Tinder, en una cuenta que le abrió Wanda mientras estaban en Francia. Colosimo la usó tiempo después, cuando se quedaba en lo de Zaira cuidando a Malaika y Viggo. “Abrí Tinder y apareció Rafa. Me gustó su foto y que fuera manager”, relata.
Hoy, a los 62 años, Colosimo disfruta de una exposición que nunca buscó. Panelista, streamer y con propuestas teatrales sobre la mesa, la madre de las Nara atraviesa un presente que contrasta con las décadas de bajo perfil.
Por qué importa
La historia de Colosimo muestra el costo invisible de sostener las carreras ajenas y cómo una mujer de 62 años puede reinventarse en el espacio público. Además, expone el entramado familiar y económico detrás de las figuras más mediáticas de Argentina.
Qué sigue
Resta ver si Colosimo acepta las ofertas teatrales y cómo evoluciona su rol en televisión. Su exposición creciente podría convertirla en una figura mediática con proyecto propio, más allá de su rol como madre de las Nara.
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