River enfrenta el juicio del Monumental tras perder la final ante Belgrano
La derrota 3-2 dejó señalado a Coudet por su planteo táctico, cambios tardíos y expulsión contra el árbitro.

River regresará al Monumental el próximo miércoles con el foco puesto en la Copa Sudamericana, pero cargando el peso de una final perdida contra Belgrano que dejó profundas dudas sobre su funcionamiento. La caída 3-2 en Córdoba, con dos goles recibidos en tres minutos sobre el cierre del partido, abrió una herida que va más allá del resultado: cuestiona las decisiones técnicas y expone las grietas de un equipo que atravesó un semestre convulso.
El partido se definió en los últimos diez minutos. Belgrano ingresó con mayor energía luego de los cambios del técnico rival Ruso Zielinski, mientras que Eduardo Coudet había realizado solo una variante por obligación —la lesión de Acuña— que desestabilizó la defensa. Cuando el entrenador de River decidió meter a Juanfer Quintero y Salas, ya era demasiado tarde para revertir el rumbo.
El descontrol del equipo se materializó en la cancha, pero su epicentro fue la banca técnica. Coudet fue expulsado por sus desbordes contra el árbitro Falcón Pérez, al que responsabilizó de la derrota por la sanción del penal y otras decisiones discutibles. El técnico evocó sus finales perdidas anteriores con Rosario Central en ese mismo escenario, lo que sugiere una acumulación de frustración que influyó en su comportamiento durante el partido.
En el balance, Belgrano mostró mayor coherencia táctica que River. El equipo de Zielinski llegó con un planteo agresivo desde el inicio, con capacidad para revertir desventajas y ejecutar cambios precisos. Coudet, aunque logró levantar al plantel tras la renuncia de Gallardo hace tres meses, fue superado en esta instancia de definición.
El semestre que termina para River fue convulso. De la salida del entrenador más ganador de su historia a la llegada de un Coudet que revitalizó al equipo pero con rendimientos irregulares. Esta final representaba una carta inesperada en el mazo de objetivos iniciales, pero alcanzada, el club por su historia se exigía ganarla. Perdió y ahora debe rendir cuentas.
Más allá de los lesionados que forzaron malabarismos en la formación, existe un trasfondo más profundo: la confección del plantel. La inversión de más de 20 millones de dólares en jugadores como Castaño y Salas que apenas tuvieron minutos en la final genera interrogantes sobre la política de refuerzos.
Coudet se acerca al momento de tomar posición definitiva al mando de River. Ya está confirmada la llegada del defensor Nicolás Otamendi, de 38 años, hincha del club. También se apunta al uruguayo Arambarri del Getafe, se especula con Thiago Almada y el volante Tobías Andrada de Vélez. El nuevo director deportivo Pablo Longoria gestiona vinculaciones con Mauro Icardi, cuyo contrato con Galatasaray vence próximamente. También está en agenda una posible salida de Quintero por su condición de suplente.
El miércoles en el Monumental se sabrá si River obtiene comprensión o acumula otro cuestionamiento. Mientras tanto, el equipo que anduvo a los bandazos todo el semestre carga una derrota que no era presupuestada y que obligará a repensar los próximos pasos.
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