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Trump en Pekín: el protocolo imperial de Xi como herramienta de diplomacia

Con alfombras rojas, guardias de honor y ceremonias en sitios históricos, el gobierno chino despliega un recibimiento diseñado para halagar al presidente estadounidense en medio de tensiones globales.

Redacción3 min de lectura
Trump en Pekín: el protocolo imperial de Xi como herramienta de diplomacia
Trump en Pekín: el protocolo imperial de Xi como herramienta de diplomacia

El presidente Donald Trump llegó a Pekín esta semana para una cumbre con el líder chino Xi Jinping en un momento de tensión sobre guerra, comercio e inteligencia artificial. La recepción del gobierno chino fue cálida y cuidadosamente orquestada, revelando cómo Pekín utiliza el protocolo y la ceremonia como herramientas diplomáticas ante un líder estadounidense conocido por su aprecio por la pompa.

En el universo jerárquico de la diplomacia china, cada gesto protocolar tiene peso estratégico. La acogida a Trump refleja lo que especialistas interpretan como mayor confianza china en su posición negociadora y, al mismo tiempo, escepticismo respecto del presidente estadounidense. Rush Doshi, investigador senior del Council on Foreign Relations, afirmó que el nivel de ceremonial desplegado "refleja una mayor confianza china en su posición, un mayor escepticismo hacia Trump y la incomodidad de la relación actual".

La relación bilateral cambió drásticamente en los últimos nueve años. Pasó del acercamiento a la competencia abierta, tocó fondo durante la pandemia de Covid-19 y se tensionó aún más con las guerras comerciales. Expertos sostienen que el peso económico chino y su dominio sobre la cadena de suministro global permitieron a Pekín negociar desde una posición de fortaleza. El conflicto reciente con Irán, que bloqueó el estrecho de Ormuz y sacudió la economía global, le otorgó a Xi una ventaja adicional antes de la cumbre.

Este viaje es significativamente distinto al de 2017. Trump viaja sin la primera dama, Melania Trump, y la agenda fue comprimida a un día. Danny Russel, exdiplomático estadounidense de alto rango, anticipó que "el despliegue extraordinario no será como hace años, porque la agenda fue despojada de todo lo superfluo". Sin embargo, agregó que Pekín mantendrá los símbolos ceremoniales porque los considera herramientas diplomáticas eficaces.

La bienvenida formal incluirá elementos clásicos del protocolo imperial chino. Trump descenderá del Air Force One por una escalera alfombrada de rojo con bordes dorados y será recibido por Xi y otros funcionarios cuyo rango será revelador del mensaje político de Pekín. Inspeccionará una guardia militar alineada con precisión, mientras suena música estadounidense, y es probable que reciba una salva de 21 cañonazos.

Russel explicó la lógica detrás de estos gestos: "La pompa y la ceremonia están diseñadas tanto para halagar al presidente como para tranquilizarlo, hacerlo más receptivo a los pedidos chinos y reducir el riesgo de confrontación pública incómoda". China sabe que Trump responde positivamente a la adulación y al espectáculo.

El momento más simbólico será en el Templo del Cielo, un antiguo sitio imperial donde los emperadores chinos rezaban por cosechas abundantes. Xi acompañará personalmente a Trump en un recorrido por este Patrimonio de la Humanidad, frente al Salón de Oración por las Buenas Cosechas, con su emblemático diseño circular y techo triple. El parque permanecerá completamente cerrado durante la visita, un nivel de exclusividad inusual: no fue cerrado para los primeros ministros de Gran Bretaña o España cuando visitaron este año otros sitios históricos.

La comparación con 2017 es instructiva. Entonces, Pekín catalogó la visita como "visita de Estado plus", la única de esa categoría jamás otorgada a un líder extranjero. Xi y su esposa, Peng Liyuan, llevaron a Trump y a la primera dama a recorrer el Museo del Palacio, asistieron a una función de ópera en un teatro imperial que no veía una representación en un siglo, y compartieron cena en el sitio, algo nunca antes permitido a un líder extranjero. Esta vez, aunque el escenario será menos expansivo, el mensaje sigue siendo el mismo: China proyecta fuerza y control a través de la tradición y la ceremonia.

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