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We Are Aliens: el anime japonés que llega tras La tumba de las luciérnagas

La ópera prima de Kohei Kadowaki, ovacionada en Cannes y Sitges, explora la alienación infantil y sus heridas en la vida adulta.

Redacción••3 min de lectura
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We Are Aliens: el anime japonés que llega tras La tumba de las luciérnagas

We Are Aliens, la ópera prima del cineasta japonés Kohei Kadowaki, se consolidó como una de las revelaciones de la animación japonesa reciente. La película tuvo su estreno mundial en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes y luego pasó por la sección oficial del Festival de Cine Fantástico de Sitges, donde crítica y público coincidieron en señalarla como una obra mayor.

El filme sigue la amistad entre Tsubasa, un niño introvertido y temeroso de no encajar, y Gyotaro, un compañero excéntrico y rebosante de energía, en una pequeña localidad rural de Japón a principios de los años 2000. La armonía se rompe cuando una cobardía en el patio del colegio y los rumores malintencionados llevan a Tsubasa a alejarse de su amigo para proteger su reputación social.

Lo que distingue a esta producción es la madurez narrativa de su director, nacido en 1996. Kadowaki se formó dirigiendo videoclips para fenómenos del pop japonés como YOASOBI y, en su debut en el largometraje, asume también el guion y el montaje. Lejos de la fórmula habitual del relato de iniciación, construye un díptico que quiebra su punto de vista a mitad de metraje y retrasa la aparición del título hasta casi el ecuador del filme.

Ese recurso obliga al espectador a reexaminar los mismos hechos desde las perspectivas contrapuestas de sus dos protagonistas. La etiqueta de "raro" o "alienígena" que condena a Gyotaro al ostracismo no remite a la ciencia ficción convencional, sino a la experiencia íntima de la alienación: el momento en que la infancia deja de ser juegos en el recreo para convertirse en la necesidad de aprobación, el juicio del grupo y el miedo a lo diferente.

En el plano visual, la película respira una afinidad profunda con el espíritu del Studio Ghibli: sensibilidad humanista, respeto por los tiempos contemplativos y devoción por los paisajes cotidianos. Sin embargo, Kadowaki no se limita al homenaje. Combina animación digital en 2D que recrea la textura del dibujo tradicional con un contraste estilístico deliberado entre los protagonistas, de trazos limpios y expresivos, y la riqueza fotorrealista de sus entornos.

Tuberías industriales, tendidos eléctricos, canales de hormigón y dormitorios iluminados por la luz tenue de una lámpara adquieren una presencia casi táctil. A medida que la inocencia se resquebraja, la propia técnica evoluciona: las líneas pulidas se tornan rugosas, las sombras se vuelven más ásperas y la cámara recurre a encuadres angulados y distorsiones de gran angular que sumergen al espectador en la desorientación emocional de la pubertad.

A través de un marco narrativo que conecta el pasado escolar con la solitaria vida adulta de sus personajes dos décadas después en Tokio, la cinta reflexiona sobre cómo las heridas y culpas de la infancia condicionan la salud mental, la capacidad de amar y el aislamiento en la madurez. Una historia que dialoga con el impacto emocional de clásicos como La tumba de las luciérnagas y que invita a reflexionar sobre las decisiones que se toman cuando todavía no hay herramientas para nombrarlas.

Por qué importa

La película instala a un director de menos de 30 años en el mapa de la animación autoral y propone un relato sobre el bullying y la culpa infantil que interpela a audiencias fuera de Japón. Su paso por festivales anticipa un recorrido comercial internacional.

Qué sigue

Resta confirmar la fecha de estreno comercial en cines de Argentina y si la película competirá en la próxima temporada de premios de animación.

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