A los 25 años, estudiante de Enfermería detectó un bulto en el pecho y enfrentó un cáncer de mama
Ariana Acosta cursaba el último año de la carrera en Posadas cuando el autoexamen le encendió la alarma: el valor de la detección temprana y el rol de su familia
Ariana Acosta tenía 25 años y cursaba el último año de la Licenciatura en Enfermería en Posadas, Misiones, cuando se palpó un bulto en el pecho mientras se bañaba. El autoexamen mamario le encendió la alarma de inmediato: por su formación supo que era una señal de riesgo. Días después, el diagnóstico confirmó un carcinoma invasor y su vida quedó en pausa para atravesar cirugía, quimioterapia y criopreservación de óvulos.
La joven llevaba una rutina enfocada en recibirse y en acompañar a su novio, Joaquín, con quien estaba en pareja desde hacía siete años. Ese plan se interrumpió de golpe cuando la sospecha se convirtió en certeza.
“El momento exacto fue mientras me estaba bañando. Al realizarme un autoexamen mamario sentí un bulto grande que no me dolía ni me molestaba; no había tenido ningún síntoma previo y apareció de la nada, pero por mi formación supe al instante que era una señal de alerta”, relató Ariana. “Lo primero que pensé fue: es imposible que me pase a mí, soy muy chica. Entré en shock, me invadió el miedo y al principio guardé silencio”.
Con los días logró contárselo a su pareja, que la impulsó a consultar a la ginecóloga. Sin antecedentes cercanos y con toda la vida por delante, asimilar que podía ser algo grave fue, según contó, durísimo. La confirmación médica llegó con las palabras “carcinoma invasor” en el informe.
Comunicar la noticia fue un proceso lento. Primero se lo dijo a su novio, después a sus tíos y abuelos, y más tarde a sus padres. “Su primera reacción fue abrazarme con fuerza y prometerme que íbamos a salir juntas de esto”, recordó sobre su mamá. A su papá se lo contó por teléfono.
En medio del desconcierto, adoptó un mantra que la acompañó durante todo el tratamiento: “Dentro de todo lo malo, lo mío no es tan malo”. Esa frase funcionó como un escudo para no dejarse ganar por el miedo.
El entorno se organizó para sostenerla. La acompañaban a las consultas y a las sesiones de quimioterapia, la cuidaban en casa después de cada aplicación y preparaban distintas comidas para ver qué podía tolerar. Su hermano fue quien más tiempo le dedicó. “No podría haberme tocado una mejor persona como hermano. Pasó horas haciéndome compañía durante cada sesión”, contó.
En la facultad, sus profesores fueron comprensivos y le permitieron continuar con las materias del último año para no perder la cursada. Antes del diagnóstico hacía una pasantía en un sanatorio de su ciudad, que debió dejar por la cirugía y el reposo posterior.
Uno de los momentos más difíciles fue la decisión sobre su fertilidad. La criopreservación de óvulos apareció como una posibilidad frente a un tratamiento invasivo. “Encontrarte a los 25 años teniendo que decidir si querés ser madre o no, pensando en la posibilidad de arrepentirte en el futuro o de que el tratamiento afecte tu fertilidad, es una situación muy difícil”, sostuvo.
También recuerda el día en que decidió cortarse el pelo por completo. Le pidió a su mamá que viniera sola a su casa. Fue un momento íntimo entre ella, su pareja y su madre. “Lo lloré, me dolió y tuve que atravesarlo. Desde entonces y hasta hace unos meses, el pañuelo se convirtió en mi mejor amigo”.
Sus amigas le regalaron una gorra con una peluca para cambiar de imagen cuando lo necesitara. La detección temprana fue clave en su caso, como lo es en la mayoría de los diagnósticos de cáncer de mama, el tumor más frecuente entre las mujeres. La consulta médica ante cualquier cambio en el pecho, incluso sin dolor, sigue siendo la recomendación central.
Ariana aseguró que la certeza de su fortaleza apareció durante el proceso. “Soy una persona que tiene muchos miedos frente a lo desconocido. Este proceso me sacó completamente de mi eje, pero también me permitió encontrarme con una versión de mí que no conocía y de la que pude aprender muchísimo”, afirmó.
Por qué importa
El cáncer de mama es el tumor más frecuente entre las mujeres y la detección temprana cambia el pronóstico. El caso de Ariana muestra que también puede aparecer antes de los 40, sin antecedentes familiares y sin síntomas previos más allá del bulto.
Qué sigue
Ariana continúa con controles y busca retomar la carrera para recibirse de enfermera. La historia refuerza la recomendación de realizar el autoexamen mamario y consultar ante cualquier cambio, incluso en mujeres jóvenes.
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