Alemania vota en Berlín y Mecklemburgo: prueba clave para Merz y avance de la AfD
El canciller llega debilitado a dos comicios regionales donde la extrema derecha busca consolidar su crecimiento y la CDU enfrenta su peor crisis interna en 81 años.

Los electores de Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental acuden este domingo a las urnas en dos comicios regionales que funcionan como una prueba de fuego para el canciller Friedrich Merz. La clase política alemana, habituada al consenso, afronta un escenario inédito en décadas: la posibilidad de una victoria de la extrema derecha tanto en un estado del oeste como en uno del este del país.
Un año y medio después de llegar al poder, Merz llega a esta cita en su posición más vulnerable, todavía golpeado por el terremoto del 6 de septiembre, cuando Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el 43,8% de los votos en Sajonia-Anhalt, más del doble que la CDU del canciller, que quedó en 17,2%.
Ese resultado fue el primero de la AfD en unos comicios regionales y le dio fuerza a una hipótesis que hasta hace poco parecía irreal: que la extrema derecha pueda llegar al poder en la principal economía europea en las elecciones federales de 2029. A nivel nacional, las encuestas ubican hoy a la AfD entre el 27% y el 29%, frente a un 18-20% de la CDU.
En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, un estado rural y poco poblado de la antigua Alemania Oriental, la AfD también parte como favorita: la última encuesta del instituto INSA le atribuye un 37% de intenciones de voto, por delante del Partido Socialdemócrata (SPD, 35%), La Izquierda (10%), Los Verdes (5%, justo en el umbral) y la Alianza Sahra Wagenknecht (3%, por debajo de la barrera crítica).
Para la CDU el pronóstico es sombrío: se desplomaría hasta el 7%, su peor resultado histórico, con riesgo real de quedar fuera del parlamento regional al no alcanzar el 5% necesario.
El único baluarte de los partidos tradicionales frente a la AfD tiene nombre propio: Manuela Schwesig, de 52 años, la actual ministra-presidenta socialdemócrata, cuya popularidad supera el 60%. Al frente de una coalición con La Izquierda, construyó una imagen muy distinta a la del gobierno federal de Merz, pese a que el SPD es socio minoritario en la coalición de gobierno.
"Se trata, ante todo, de la marca Schwesig", resume Wolfgang Muno, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Rostock, quien la describe como "de lejos, la personalidad política más conocida del Estado", impulsada por "un sentimiento antipartidista cada vez más fuerte en esta región". Si las encuestas se confirman, el SPD podría renovar su coalición con La Izquierda y Los Verdes, siempre que estos últimos superen la barrera del 5%.
Para Merz se suma una crisis de confianza que ya es personal. Tras poco más de un año en el poder, su índice de popularidad se derrumbó al 14% a nivel nacional y por debajo del 10% en los estados de la antigua Alemania Oriental. Una encuesta de INSA difundida este fin de semana es más dura: el 78% de los consultados, incluida una mayoría de simpatizantes de su propio partido, considera que ya no es el hombre adecuado para el cargo de canciller.
El declive se explica por la acumulación de promesas de reforma que no pasaron de las palabras, una incertidumbre económica persistente y la erosión de la confianza de los votantes. Merz había hecho campaña defendiendo el "freno a la deuda" (Schuldenbremse), pilar de la ortodoxia presupuestaria alemana, antes de aprobar un amplio programa de gasto financiado con deuda para defensa e infraestructuras. El giro fue mal recibido incluso en sus propias filas.
En el terreno, es sobre todo el encarecimiento de los combustibles lo que alimenta la indignación, en un país donde el crecimiento sigue estancado y donde muchos, sobre todo en las zonas rurales del Este, dependen del auto para desplazarse.
Schwesig no se guardó nada al respecto y reprochó al canciller su incapacidad para ponerse en el lugar de los votantes que enfrentan el aumento del costo de vida. "El canciller no da la impresión de ver ni de comprender las dificultades de la gente. Simplemente ignora el problema", dijo.
El viernes, Merz intentó un último gesto al anunciar un posible tope a los precios de la energía y rebajas impositivas, una maniobra que gran parte de la opinión pública calificó de tardía.
La fragilidad electoral del canciller se suma a una crisis interna sin precedentes en la CDU. Una fallida reforma ministerial a fines de julio, marcada por la destitución del ministro de Transportes, Patrick Schnieder, y por la salida forzosa de Jens Spahn de la presidencia del grupo parlamentario CDU/CSU, dejó huellas profundas.
Algunos cuadros del partido advirtieron al canciller que dirige "un partido, no una empresa", y varios reconocen "la crisis más profunda en los 81 años de historia de la CDU". El presidente de la CDU de Bremen, Heiko Strohmann, resumió el ambiente: "Nos acercamos a un clima catastrófico. Muchos miembros están descontentos con el canciller".
Los medios europeos especulan sobre el futuro de Merz, alimentados por filtraciones de su propio bando. El nombre del ministro-presidente centrista de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst, circula como posible alternativa si los principales referentes del partido concluyen que Merz no puede evitar un desastre electoral en 2029.
Por ahora, la dirección de la CDU mantiene su apoyo oficial al canciller, consciente de que un recambio precipitado debilitaría la agenda de reformas sin resolver los problemas estructurales del país. Sin embargo, la idea de que una nueva derrota este domingo podría costarle el cargo en cuestión de meses se instaló con fuerza incluso en los pasillos del poder.
Por qué importa
Los comicios miden el deterioro de Merz y la consolidación de la extrema derecha en la principal economía europea. Una derrota de la CDU podría abrir una disputa por el liderazgo y reordenar el tablero político alemán de cara a 2029.
Qué sigue
Los resultados definirán si Merz sobrevive al frente de la CDU o si se activa una interna por su reemplazo. También se verá si la AfD confirma su techo electoral y si el SPD de Schwesig retiene Mecklemburgo.
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