Sociedad

Bodyshaming: el 68% no encuentra su talle y la ley de talles sigue sin aplicarse

Una encuesta de AnyBody revela que la discriminación corporal golpea en locales de ropa, escuelas y consultorios, y que la presión estética afecta la salud mental.

Redacción3 min de lectura
Discriminación corporal

No encontrar ropa acorde al propio talle es una experiencia que atraviesa al 68% de las personas en Argentina y, lejos de resolverse en el probador, deriva en consecuencias concretas: dietas, ejercicio compulsivo y malestar con el propio cuerpo. Así lo determinó la última encuesta nacional sobre alimentación, ejercicio y redes sociales realizada por la organización no gubernamental AnyBody, concluida en febrero de 2026 entre 2000 hombres y mujeres.

El estudio confirma que la humillación corporal, conocida como bodyshaming, dejó de ser una práctica aceptada para convertirse en una brecha generacional con efectos de corto y largo plazo, sobre todo entre adolescentes que construyen su identidad.

La ley de talles, aprobada en 2019, creó el Sistema Único Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria para que la ropa se ajuste a los cuerpos reales. Sin embargo, su implementación sigue pendiente y la brecha entre la norma y la práctica se traduce en una herida histórica contra la diversidad corporal.

Los datos de AnyBody muestran cómo ese vacío impacta en la vida cotidiana. Ante la imposibilidad de encontrar su talle, el 54% de los consultados recurre a dietas para modificar su cuerpo y el 51% opta por el ejercicio con el mismo fin. El 90% afirma sentirse mal cuando la ropa no le queda, el 46,7% se enoja con la tienda y el 43,7% se enoja o entristece con su propio cuerpo. Apenas el 10% se mostró indiferente.

La proximidad del verano intensifica esa presión en 4 de cada 10 personas. La búsqueda de cambios corporales se asocia más con agradar a otros que con razones de salud. La autopercepción y la aceptación social van de la mano: el 97% consideró que la sociedad trata mejor a quienes cumplen con cierto mandato de belleza, y más de la mitad admitió evitar ir a un lugar o retirarse antes por incomodidad con su propio cuerpo.

Según el informe, la discriminación corporal se siente con fuerza en los locales de ropa (64,7%), en espacios educativos (54,3%), en el hogar (50,8%) y en consultorios médicos (40%).

Las redes sociales amplifican el fenómeno. Los anuncios influyen sobre 7 de cada 10 encuestados y un 32% sigue cuentas de personas que se someten a dietas para modificar el cuerpo. Casi un 90% reconoció ver con frecuencia propuestas para cambiar la figura, y 7 de cada 10 presenciaron maltrato o discriminación en redes hacia quienes tienen cuerpos similares a los suyos.

El peso de la imagen corporal llega al punto de condicionar decisiones: el 55% de los encuestados afirmó que esperaba cambiar su cuerpo para darse permiso para hacer aquello que desea. "La discriminación corporal se siente fuerte en los ámbitos donde debería haber contención, no juicio", sostuvo el informe de AnyBody.

Crear conciencia sobre estas realidades puede prevenir trastornos alimentarios y aplacar la discriminación que impone los estereotipos de belleza. Implementar la ley de talles constituiría una contribución valiosa en ese sentido.

Por qué importa

La discriminación corporal afecta la salud mental de miles de personas y condiciona decisiones cotidianas, desde qué ropa comprar hasta a qué lugares ir. La falta de implementación de la ley de talles perpetúa un problema que ya tiene norma y datos que lo respaldan.

Qué sigue

La implementación efectiva del Sistema Único Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria sigue pendiente desde 2019. El debate sobre su aplicación y el control del cumplimiento en comercios y marcas es el próximo paso para cerrar la brecha entre la ley y la práctica.

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