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La vuelta de las cartas: cafés postales y clubes de correo reviven el ritual de escribir a mano

En Recoleta abrió el primer café postal del país y ya despachó más de 5000 cartas. Los mailclubs se multiplican en el mundo y las búsquedas crecieron 700% en un año.

Redacción••4 min de lectura
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La vuelta de las cartas: cafés postales y clubes de correo reviven el ritual de escribir a mano

En un mundo cada vez más digital, escribir y despachar una carta a mano vuelve a ganar espacio. En la calle Quintana 48, en Recoleta, funciona Posdata, el primer café postal de la Argentina, donde los clientes eligen papel, sobres, lacres y estampillas, y dejan su correspondencia en un buzón original del siglo XIX. A casi un año de su apertura, ya se despacharon más de 5000 cartas.

El local combina bar, biblioteca y taller literario con un sistema de casillas postales para recibir y enviar correspondencia. Su dueña, Carolina Barone, nació en Venado Tuerto en una familia de ferroviarios y estudió Relaciones Internacionales antes de dedicarse a la política. Con Posdata concretó el emprendimiento que siempre soñó para conectar a las personas y acaba de abrir otra unidad en Chacras de Coria, Mendoza.

"Siento que humildemente pusimos en conversación de vuelta la correspondencia, el encuentro, algo que estaba pasando y que se ve en esto de vivir la experiencia, lo postal, volver a leer y a escribir cartas", dice Barone.

Los cafés postales aparecen como parte de la recuperación de lo epistolar en todo el mundo. En París, Café Pli abrió en 2024 inspirado en un espacio similar de Seúl y permite escribir cartas que se envían en el momento o hasta 20 años después. En Singapur, Postboy Coffee abrió este año y propone autoenviarse postales para el "yo futuro". La red The Sunday Letter Project articula más de 100 cafés, librerías y papelerías vinculadas a la correspondencia en varios continentes, y Posdata forma parte de ella.

El fenómeno también crece en formato de suscripción. Un mailclub o club postal envía cada mes un sobre físico al buzón de la casa con contenido de artistas, ilustradores y creadores. Un relevamiento de Mail Club Hub identificó más de 1000 clubes activos en más de 20 países: nueve de cada diez envían correspondencia mensualmente y el precio medio ronda los 10 dólares. Según datos de Google Trends, las búsquedas de este formato aumentaron 700% en el último año.

Desde su estudio en Ámsterdam, la escritora argentina Aniko Villalba lanzó en marzo Umi Mail Club y ya envió casi 2500 cartas a más de 350 direcciones en 45 países. Cada envío incluye una carta escrita a mano e impresa en papel ilustrado, una historia, una consigna de escritura, una actividad para hacer offline y algo para coleccionar.

"Quien se suscribe a este tipo de clubes no lo hace solo por el contenido, sino más bien por la experiencia. Un mailclub te obliga a esperar, te invita a esperar, te enseña a esperar. Y tiene algo que no se puede replicar de manera online: materialidad", sostiene Villalba.

En Buenos Aires, Otro Aire nació en junio de este año en la productora audiovisual de Roberto Medina y Andrea Servín como una forma de alternar las pantallas y registrar la memoria familiar. La carta funciona como un diario abierto que cuenta los movimientos de la pareja junto a su bebé Dante y su perrita Zama. Roberto escribe y Andrea crea las piezas gráficas que acompañan cada envío: postales, estampillas, separadores, stickers y mapas.

"No estamos en contra de la tecnología, la usamos todo el tiempo. Buscamos generar una experiencia distinta: un mail se abre con un click, la carta es otra cosa, hay una espera, un recibimiento, tiene un peso, volumen, ocupa un espacio", explican.

Para las nuevas generaciones, las amigas Inés del Mazo y Gabriela Zanone lanzaron a principios de año Cartalia, un club postal para chicos de 5 a 10 años. La propuesta busca que los más chicos vivan la experiencia de recibir algo tangible en el buzón, en un contexto donde la comunicación pasa casi toda por pantallas.

El interés por lo analógico también se apoya en sus efectos sobre el cerebro. Escribir a mano integra procesos visomotores, cognitivos, emocionales y simbólicos, y distintos especialistas señalan que mejora la concentración y la memoria frente al teclado. En esa línea, el debate sobre los vínculos digitales y el uso de las redes aparece como telón de fondo de este regreso al papel.

La tendencia se replica en redes: así como un tema puntual puede volverse tendencia en X en cuestión de horas, los clubes postales se difunden boca a boca y por recomendación entre suscriptores. La diferencia es que el resultado no queda en una pantalla: llega por correo, con peso y volumen propios.

Por qué importa

El regreso de la carta a mano propone una pausa concreta frente a la comunicación instantánea y abre un mercado de suscripciones y espacios físicos que ya factura en decenas de países. Para los lectores, es una alternativa tangible al scroll.

Qué sigue

Habrá que ver si el modelo de cafés postales y mailclubs se consolida con nuevas aperturas en el país y si las suscripciones sostienen el crecimiento que muestran las búsquedas. La expansión a Mendoza es la primera prueba.

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