Desastres Naturales

Crecida en el Litoral: evacúan 30.000 animales y casas móviles en las islas de Victoria

En Entre Ríos, productores desmontan sus viviendas y trasladan hacienda por el Puerto Paranacito ante el avance del agua sobre la cuenca del Paraná y el Uruguay.

Redacción••4 min de lectura
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Crecida en el Litoral: evacúan 30.000 animales y casas móviles en las islas de Victoria

En la zona de Victoria, Entre Ríos, la crecida del Paraná y el Uruguay obligó a los productores de las islas entrerrianas a evacuar hacienda y hasta casas móviles para ponerse a salvo del agua. El Puerto Paranacito, un pequeño embarcadero sobre un canal de servicio, se convirtió en el punto clave de un operativo que entró en su hora más crítica. La orden en las islas es sacar todos los animales antes de que sea tarde.

Se estima que en la región quedaban unos 30.000 animales, según se difundió en los últimos días. El Puerto Paranacito funciona como arteria vital de la ganadería insular desde hace seis meses, cuando la Sociedad Rural de Victoria lo puso en marcha como proyecto logístico. Hoy opera entre barcazas, camiones, barro y arreos urgentes.

“Es una emergencia”, dijo Emiliano Merzbacher, vicepresidente de la Sociedad Rural de Victoria, en declaraciones a la prensa durante un recorrido por la zona. El dirigente pasa sus días entre el muelle, las planillas y el barro, y trabaja a la par de sus hijos. Además es productor agropecuario y también tiene que mover su propia hacienda desde la isla.

En las islas no solo se evacúan animales. Los pobladores comenzaron a desmontar sus propias casas modulares para evitar mayores pérdidas. Fernando Brasesco pisó “tierra firme” tras desembarcar de una barcaza en la que no venía solo con su hacienda: sobre la cubierta traía su casa móvil montada a cuestas. “No se puede dejar nada. El agua viene bajando fuerte desde el norte y las lluvias no van a dar tregua”, comentaban productores y vaqueros en la orilla.

La logística ideada por Merzbacher se sostiene sobre una disciplina estricta. “Esto es el canal de servicio. De acá se sacó tierra para hacer la traza de la 174. Los barcos vienen por el canal y nosotros armamos este puerto”, explicó mientras señalaba las maniobras de acople de un camión. “Antes, para descargar en el puerto de Victoria, un barco tenía que hacer dos horas y media de ida y dos de vuelta. Hoy, en 40 minutos va, carga a una isla cercana, viene y descarga. Te mete tres o cuatro viajes en el día. La agilidad es absoluta”, completó.

Para evitar cuellos de botella en los corrales y garantizar que los animales no se estresen ni sufran lesiones, la regla en Paranacito es tajante: camión que no está esperando en muelle, barco que no descarga. “Si el barco llega y no tengo dónde descargar, me frena la cadena. Los dueños nos avisan a qué hora llegan, hacemos atracar la barcaza y empezamos a bajar inmediatamente”, detalló.

El problema no es solo que el agua avance, sino la velocidad con la que puede transformar las condiciones de trabajo. “A mí me gusta estar acá, me gusta trabajar con la hacienda porque es mi pasión y esto lo hice para eso. Esto lo hice con mis hijos”, expresó. En los campos cercanos al puerto, los animales permanecían en medio del humedal, rodeados de agua y pastizales anegados.

A unos 40 kilómetros, en el Puerto San Lorenzo, el más cercano a Rosario, Merzbacher también configura una red de contención ganadera y logística de descarga en este momento de emergencia. A metros de la manga de descarga, Matías, un productor llegado desde Nogoyá, observaba el desembarco de más de un centenar de vacunos que mantenía en el sector insular. “Trajimos más de 100 animales. Tener que mover la hacienda de golpe siempre representa una pérdida, pero no hay opción”, reflexionó.

Aunque los precios de la ganadería ofrecen un respiro relativo frente a los costos operativos, los productores coinciden en que la logística de evacuación erosiona la rentabilidad. Aclaran, de todos modos, que antes está la necesidad de salvar a los animales. Las inclemencias del tiempo de los últimos días no dan tregua e incluso obligan a repensar estrategias en medio de los traslados, por el estado de los caminos de tierra en lo que llaman “el continente”.

“Llovió en la zona de entrantes y hay camiones encajados; hay que esperar a que oree un poco para poder encarar hacia los campos a donde van los animales”, relató Matías. La situación se enmarca en un contexto más amplio de crecidas que ya afecta a varias cuencas de la región, como la crecida del río Uruguay y el avance del Paraná en Corrientes.

En este rincón de las islas, la ganadería convive desde hace generaciones con los ciclos del Paraná. Pero, según los productores, la diferencia entre anticiparse y llegar tarde se mide en animales que logran ponerse a salvo, pérdidas económicas y horas de trabajo.

Por qué importa

La crecida pone en riesgo el corazón productivo de la ganadería insular entrerriana: cada día de evacuación implica pérdidas económicas y animales que no siempre logran ponerse a salvo. El operativo marca el nivel de alerta en toda la cuenca del Litoral.

Qué sigue

Los productores esperan que las lluvias den tregua para avanzar con los traslados por los caminos de tierra anegados. La evolución de la crecida del Paraná y el Uruguay definirá si el operativo se extiende en las próximas semanas.

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