Inmigración

De Vietnam a Buenos Aires: la historia del cocinero que llegó por una película

Thomas Nguyen dejó Vietnam, se instaló en Estados Unidos y una escena de Happy Together lo trajo a la Argentina, donde hoy difunde la cocina del sudeste asiático.

Redacción4 min de lectura
Tras ver una imagen argentina en un film, un hecho clave lo llevó a apostar por el país: “Cumplir mi sueño de la película”

Thomas Nguyen creció en la provincia de Hue, en Vietnam, en medio de la guerra y la escasez. Era uno de los más chicos de una familia católica numerosa y sus mejores recuerdos de esa época lo muestran junto a su abuela, a quien ayudaba en la cocina y que le enseñó las recetas tradicionales de su tierra. Cuando el conflicto terminó, su familia se mudó a Estados Unidos y comenzó un largo período de adaptación: otro idioma, otra cultura y la necesidad de aprender una profesión.

En ese contexto encontró su lugar en la música. Fue disc-jockey durante más de diez años en un hotel importante de Washington y conserva una colección de vinilos que hoy forma parte de la atmósfera de sus restaurantes en Buenos Aires. Pero el giro decisivo llegó en 1998, cuando vio Happy Together, la película de Wong Kar Wai sobre una pareja que sueña con viajar a las Cataratas del Iguazú.

“Mi mejor recuerdo es mi época de Disc-Jockey, lo hice por más de diez años, en un importante hotel de Washington”, aseguró Nguyen. Poco después, en Washington, se enamoró de un argentino y cuando la relación se afianzó decidió acompañarlo en un viaje por el país. “Quizás fue el destino, pero opté por seguirlo y cumplir mi sueño, el de la película. Tuve el apoyo de mi familia y mis amigos”, contó.

Su primer contacto con la Argentina ocurrió cuando asomaba el nuevo milenio, aunque la estadía no fue definitiva: la vida lo llevó a Tailandia, donde recuperó los recuerdos de las recetas de su abuela y se postuló como asistente de cocina. Allí se interiorizó en el manejo del wok, el uso de hierbas y la importancia de un buen arroz como base de la gastronomía. Argentina, mientras tanto, ya se había instalado en su corazón.

En 2011 volvió a Buenos Aires para quedarse. Se instaló en la ciudad, que desde la primera vez lo había asombrado por su atmósfera europea y a la vez moderna y accesible. Esta vez llegó con un propósito: difundir la cocina asiática, los sabores de su país natal y los de Tailandia, donde había perfeccionado sus saberes culinarios.

Empezó con un restaurante a puertas cerradas, una modalidad de moda por esos años. “No fue fácil al comienzo, pero encontré mucha gente con buena predisposición. Me embarqué en la gastronomía oriental en un momento donde los argentinos comenzaban a buscar nuevos sabores y la gastronomía oriental ofrece una variedad infinita de posibilidades con sus mezclas y el uso de ingredientes frescos”, sostuvo.

El despegue llegó cuando lo visitó Pablo Marotta, un personaje inquieto del rubro gastronómico, que lo convocó para abrir el mítico Saigón. Los clientes hacían fila en San Telmo para probar sus platos. Tiempo después conoció a José Delgado y se conformó un trío que le permitió desplegar su talento en dos espacios nuevos: Cang Tin, dedicado a la cocina vietnamita y tailandesa en Palermo, y luego Tony Wu, una cantina china moderna de Villa Crespo. En ambos la música y los vinilos de su profesión pasada son parte esencial de la propuesta.

“Pongo mucho cuidado en la elección de ingredientes de temporada. Para mí, es fundamental que el comensal sienta los sabores como deben ser y la frescura de los productos por sobre todas las cosas. Uso todo lo típico y sólo los reemplazo cuando no puedo encontrarlos en el mercado. Trato de viajar a Vietnam y/o Tailandia al menos dos veces por año para mantener mis contactos y conocimientos”, explicó.

Los recuerdos de los tiempos de guerra regresan a veces, pero también lo hace la familia unida, su abuela, los aromas y sabores de la infancia. La vida lo llevó a recorrer diversos puntos del planeta, pero Argentina ingresó a la suya para quedarse. “Estoy contento, en Buenos Aires descubrí una forma de vida nueva. Es cierto que todavía debo caminar mirando para abajo para no pisar caca de perro, pero ha mejorado mucho en los últimos años”, dijo con una sonrisa.

“Y estoy muy agradecido a la Argentina por esta oportunidad. Pero no olvido a mi familia y mi país de origen. Regreso cuando puedo y aprovecho esos viajes para aprender un poco más e interiorizarme de los rápidos cambios que se están produciendo en el sudeste asiático, siempre con la intención de volcarlos en mis emprendimientos”, remarcó.

“Estoy muy contento con mi trabajo y con el esfuerzo de acercar la cultura del sudeste asiático a los argentinos. Es una forma de resguardar mi pasado y sentirme más cerca de este país tan generoso con los inmigrantes”, concluyó.

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