Gabriela Gruszko: del mundo corporativo al arte tras una intoxicación química
La hipersensibilidad química múltiple la obligó a reconstruir su vida; hoy crea esculturas con arcilla natural.
Gabriela Gruszko pasó gran parte de su vida adulta en el ámbito corporativo, entre oficinas y reuniones, hasta que en marzo de 2025 una exposición a ácido muriático en un PH que alquiló en Vicente López desencadenó un cuadro de hipersensibilidad química múltiple. La intoxicación le provocó sarpullidos, conjuntivitis, ardor en la nariz y la boca, e inflamación en el pecho, lo que la obligó a abandonar su trabajo y a recluirse en la casa de su madre.
Tras ocho días de exposición al químico, su salud se deterioró de forma sostenida. "Cada crisis es como un bombardeo", describió Gruszko a este medio. "Con que pase una persona perfumada cerca, el humo de los autos, o la góndola del supermercado con productos de limpieza, ya es terrorífico". Durante semanas durmió sentada, bajo efectos de corticoides y calmantes, y llegó a pensar que prefería no seguir viviendo así.
En medio del dolor, una madrugada de internación encontró en internet un paper que describía sus síntomas y dio con el nombre de su padecimiento: síndrome de hipersensibilidad química múltiple. También halló a una especialista argentina que hoy sigue su caso. "Pasé de ser una mujer fuerte e independiente a tener que vivir con mi madre, encerrada, primero en un balcón y luego en una habitación", relató.
La necesidad de volver a crear surgió como un impulso del cuerpo. Investigó masas y masillas hasta encontrar arcillas naturales sin horno que no representaran un riesgo para su salud. "Encargué un pan de prueba y tardé varios días en animarme a abrirlo", recordó. Cuando lo hizo, salió al patio, pellizcó un pedazo y formó una bolita entre las palmas. "Lloraba mientras lo moldeaba. A partir de ese día nunca más paré", afirmó.
De esa primera pieza, un cactus de tres centímetros, pasó a crear figuras nostálgicas como fauna marina, gauchos y personajes de su infancia, hasta llegar a dioramas. Su obra más significativa se llama "Aguanta Corazón", un busto con el pecho abierto que expone el órgano. "La protagonista no tiene boca, porque no puede expresar todo el dolor que siente", explicó. La pieza toma su nombre de la frase que Ulises se repetía en la Odisea para no rendirse.
Gruszko, que antes de la intoxicación no encontraba equilibrio entre su persona, la mujer y la mamá, hoy define al arte como "meditación en movimiento". "El arte cobija -sostuvo-. Es como si me sumergiera en una especie de vientre, me siento abrigada, plena, existiendo como corresponde que exista". Su historia es un testimonio de resiliencia: de la adversidad química surgió una nueva identidad creativa.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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