Arquitectura

Qué define hoy a un edificio sustentable: consumo, materiales y confort

Una especialista en sustentabilidad explica por qué el gasto energético no alcanza y qué indicadores permiten medir el desempeño real de una vivienda.

Redacción••4 min de lectura
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Qué define hoy a un edificio sustentable: consumo, materiales y confort

La sustentabilidad de un edificio no se mide solo por su consumo energético. Según la arquitecta Sandra Amerise, docente y asesora en Sustentabilidad del Instituto Unicer, evaluar una construcción exige una mirada integral que contemple el confort térmico y acústico, la calidad del aire interior, la ventilación, el uso del agua y la elección de los materiales a lo largo de todo su ciclo de vida.

El Instituto Unicer es una asociación civil integrada por siete empresas de la industria cerámica argentina que investiga, promueve y difunde soluciones constructivas basadas en ladrillos cerámicos rojos. Amerise detalla en una entrevista los indicadores y las decisiones de proyecto que permiten lograr edificios saludables, eficientes y duraderos.

“El consumo energético es un indicador importante, pero la sustentabilidad de un edificio debe evaluarse de manera integral”, sostiene la especialista. Y agrega que no se trata solo de consumir menos energía, sino de alcanzar edificios más saludables, confortables y eficientes, adaptados a su clima y a las necesidades de quienes los habitan.

La envolvente y los materiales cumplen un rol central en esa estrategia. Las soluciones de mampostería termoeficiente, por ejemplo, forman parte del conjunto de decisiones que definen el desempeño de una construcción. En esa línea, el diseño de una primera casa familiar ya incorpora criterios que exceden lo estético.

Consultada sobre la relación entre eficiencia energética y calidad de vida, Amerise afirma que están profundamente vinculadas: un edificio eficiente debería consumir menos recursos sin resignar el bienestar de sus ocupantes. Una buena calidad ambiental interior implica temperaturas adecuadas, confort térmico, buena ventilación, aire saludable, iluminación y condiciones acústicas confortables.

“La eficiencia energética no debería pensarse solamente como ahorro, sino como una herramienta para mejorar el confort y la calidad de vida”, remarca. El diseño, la orientación, la envolvente y la elección de materiales sanos deben trabajar en conjunto para lograr espacios saludables y eficientes.

Un edificio sustentable, explica, es aquel que logra un buen desempeño ambiental durante todo su ciclo de vida, reduciendo el consumo de recursos y el impacto ambiental, pero manteniendo o mejorando el confort, la salud, la seguridad y la calidad de vida de sus ocupantes. La sustentabilidad ya puede medirse de manera objetiva, aunque no existe un único indicador que diga por sí solo cuánto lo es.

Entre los parámetros evaluables figuran la demanda y el consumo energético de calefacción, refrigeración, agua caliente e iluminación; el desempeño de la envolvente, con su transmitancia térmica, aislación, puentes térmicos e infiltraciones; el confort higrotérmico; la calidad del aire interior; el uso del agua y la gestión de aguas pluviales. También se consideran el origen e impacto de fabricación de los materiales, su durabilidad y su fin de vida, además de las emisiones de gases de efecto invernadero, la gestión de residuos, la iluminación natural y el confort acústico.

En Argentina existe el PRONEV (Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas), que clasifica una vivienda de A a G según su desempeño energético mediante el Índice de Prestaciones Energéticas. “Todas las fábricas del Instituto Unicer trabajamos mucho y hemos podido integrar nuestros productos a los listados oficiales de certificaciones energéticas, lo cual es un gran logro desde lo técnico industrial”, acota Amerise.

La especialista menciona además que en la Ciudad de Buenos Aires el Código de Edificación incorpora requisitos de diseño sostenible, con estrategias de diseño pasivo, aislamiento térmico de la envolvente y medición de energía. “Desde 2026, el etiquetado energético de viviendas en la Ciudad se implementa de manera voluntaria dentro del PRONEV, siendo ya 18 provincias las adheridas”, resume.

Respecto de las variables ambientales, Amerise señala que deben considerarse el clima, la orientación y el asoleamiento, la temperatura, los vientos y la humedad del lugar, además de la disponibilidad de luz natural, la ventilación, el entorno urbano y las características del suelo. Esas variables permiten definir la orientación, la forma del edificio, sus aberturas, la envolvente y los materiales adecuados. “No se debería diseñar primero y adaptar el edificio al clima después”, advierte.

Para saber si una vivienda es confortable hay indicadores objetivos. Se analiza la temperatura operativa, que combina la temperatura del aire y la media radiante, y resulta fundamental la humedad relativa para evitar condensaciones y aparición de moho. La ventilación y la calidad del aire se miden en la tasa de renovación, las concentraciones de CO2, material particulado y compuestos orgánicos volátiles. También se evalúa el comportamiento de la envolvente mediante la transmitancia térmica, la resistencia térmica, las infiltraciones y los puentes térmicos.

“Lo que no se mide, difícilmente se puede mejorar”, plantea Amerise. En cuanto a los materiales, sostiene que debe considerarse todo su ciclo de vida: el origen de las materias primas, su extracción, el proceso de fabricación, el comportamiento durante la vida útil y el impacto al finalizarla. La cerámica roja es un ejemplo: los ladrillos cerámicos huecos se elaboran a partir de arcillas naturales que, para estas aplicaciones, no requieren la incorporación de agregados químicos, por lo que una vez cocidos se obtiene un material inerte y estable.

Por qué importa

La forma de medir la sustentabilidad de una vivienda define qué se construye y cómo se habita. Con el etiquetado energético en expansión, los criterios de confort y materiales ganan peso en las decisiones de obra.

Qué sigue

El etiquetado energético de viviendas en la Ciudad de Buenos Aires avanza de manera voluntaria dentro del PRONEV. Resta ver si esa adhesión se extiende al resto de las jurisdicciones y se vuelve obligatoria.

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