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Digger, la nueva película de Tom Cruise, divide al público por un giro inesperado

El film de Alejandro González Iñárritu cambia de género a los 30 minutos y descoloca a los espectadores en las salas

Redacción••2 min de lectura
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El giro que está dividiendo a los espectadores de Digger, la nueva película de Tom Cruise

Digger, la nueva película de Tom Cruise dirigida por Alejandro González Iñárritu, ya está en cines y genera reacciones opuestas entre el público. El motivo es un giro argumental que llega durante el primer tercio del film y transforma por completo lo que parecía una sátira política.

La cinta arranca con Cruise en el papel de Digger Rockwell, un magnate petrolero anciano cuya operación de perforación en Groenlandia amenaza con desatar una catástrofe mundial. John Goodman aparece como presidente de Estados Unidos y todo apunta a una comedia negra reconocible.

Pero a los 30 minutos, Iñárritu rompe la estructura. Rockwell no es Rockwell: la mayoría de los personajes son actores que ensayan una obra de teatro sobre esa posible catástrofe. El personaje de Cruise es en realidad Curtis Markson, un intérprete que da vida a Digger dentro de la representación.

Desde ahí, el film mezcla ensayos teatrales con la crisis familiar de Curtis, que busca a su hija desaparecida. El thriller satírico se convierte en una combinación de metacine, teatro dentro del cine y drama familiar.

La obra que ensayan se titula Fossil Fools y no imagina un futuro apocalíptico: reconstruye hechos reales que ya tuvieron consecuencias devastadoras. Kenny Rockwell, el personaje de Jesse Plemons, es sobrino del verdadero Digger y compró los derechos de la obra tras verla en Londres.

El cierre termina de dar vuelta todo. La representación acaba con la muerte de Digger y el teatro, antes vacío, aparece lleno. El público aplaude y sale a la calle con máscaras con filtros de aire. Afuera espera una ciudad postapocalíptica patrullada por soldados.

La catástrofe fue real y el mundo aparentemente normal de los ensayos era solo una burbuja dentro de una realidad más oscura. Esa estructura explica la división: donde algunos ven una propuesta audaz, otros encuentran una película excesiva y desconcertante.

Iñárritu podría haber hecho una sátira convencional, pero eligió una historia que cambia de género varias veces y obliga a reinterpretar lo visto. Puede salir bien o desesperar, pero Digger no deja indiferente a nadie.

Por qué importa

La apuesta narrativa de Iñárritu marca un quiebre en el cine de estudio: una superproducción con Tom Cruise que renuncia a la fórmula convencional y apuesta a un relato fragmentado. El resultado redefine el vínculo entre el público masivo y el cine de autor.

Qué sigue

Queda por ver cómo responde la taquilla global en las próximas semanas y si la división de opiniones se traduce en un fenómeno de culto o en un fracaso comercial para la dupla Cruise-Iñárritu.

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