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Digger: Iñárritu apuesta a la sátira y el resultado es un film previsible

La nueva película del director mexicano desperdicia un elenco de lujo, con Tom Cruise a la cabeza, en un relato que se ahoga en su propia grandilocuencia

Redacción••2 min de lectura
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Digger: una “sátira” vociferante que termina devorada por su propia grandilocuencia

Digger es la nueva película de Alejandro González Iñárritu, con Tom Cruise como protagonista. El film, una coproducción entre Estados Unidos, México y el Reino Unido distribuida por Warner Bros., dura 129 minutos y cuenta con fotografía de Emmanuel Lubezki, colaborador habitual del director. La propuesta apunta a la sátira política y al retrato del poder, pero el resultado queda atrapado en su propia grandilocuencia.

La historia arranca en una habitación barroca donde el magnate petrolero Digger Rockwell despierta entre reclamos de su hermana, recordatorios de su secretaria y el quejido de su gata Maggie, anciana y moribunda. Esa escena inicial define el tono del film: un cine de culpas declamadas y conciencias aporreadas. Cruise compone una caricatura explícita, un villano ridículo y narcisista que recibe la noticia de una catástrofe planetaria preguntando por sus acciones en la Bolsa.

El conflicto se desata cuando una plataforma de extracción petrolera se desprende en el Mar del Norte. A partir de ahí, el film despliega una galería de personajes que incluye al presidente, al vice, a jefes militares, a pontificadores religiosos y a científicos que intentan explicar la debacle. Todos participan de un ida y vuelta de cinismo manufacturado para construir una narrativa viralizable que oculte responsabilidades.

"Yo voy a seguir perforando para que ustedes puedan disfrutar de sus vidas", grita el megamillonario ante un auditorio europeo. La frase condensa la estrategia de la película: vociferar verdades incómodas ante un público convertido en convención de monos enojados. Iñárritu también apunta contra el ecologismo, empujado al precipicio como las acciones de la compañía verde de Emma Rockwell.

El elenco incluye a Riz Ahmed, John Goodman, Sandra Hüller, Michael Stuhlbarg, Jesse Plemons, Emma D'Arcy y Robert John Burke. Sin embargo, el guion, firmado por Iñárritu junto a Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobbone, Sabrina Berman y Jez Buterworth, desaprovecha el talento disponible: algunos actores sostienen escenas, otros son ninguneados y unos pocos ofrecen una parodia de sí mismos.

La película intenta un gesto de autoconciencia con una ficción interior que funciona como espejo. Pero ese interrogante se afirma en la literalidad. La puesta rimbombante y pretensiosa sostiene la misma superficialidad contra la que dispara. El pretendido gag del gato, un peluche desmelenado que concentra la metáfora del poder estéril de Digger, es el termómetro de todo el humor posible, replicado en el tumor anal del presidente y en otras escatologías.

La vocación de poner el propio cine en entredicho queda atrapada en la obviedad de sus planteos y en el torpe envoltorio en el que los entrega. No hay nada debajo de esta sátira, salvo el devenir anticlimático, previsible y perezoso del relato, que termina devorado por su propia grandilocuencia.

Por qué importa

Iñárritu es uno de los directores más premiados del cine contemporáneo y su regreso genera expectativa. El film busca interpelar al público sobre el poder y la crisis climática, pero su apuesta estética y narrativa no logra sostener ese objetivo.

Qué sigue

Digger ya está en cartelera en Argentina. La recepción de la crítica y del público definirá si la apuesta de Iñárritu encuentra eco o queda como un tropiezo en su filmografía.

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