EE.UU. lanza una ofensiva económica sin precedentes contra Irán y exige apoyo a China
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, prometió las sanciones más duras de la historia para provocar el colapso del régimen iraní.

Estados Unidos prepara una ofensiva económica sin precedentes contra Irán y busca que sus aliados y China acompañen la estrategia. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, aseguró que impondrá las sanciones más duras de la historia y que el objetivo es provocar el colapso del gobierno de Teherán.
“Va a funcionar en Irán y va a hacer colapsar al régimen”, dijo Bessent en una entrevista con CNBC. El funcionario definió el plan como la mayor operación de aislamiento económico coordinado en la historia mundial y sostuvo que Estados Unidos combinará las nuevas sanciones con el bloqueo naval. Bessent adelantó que ofrecerá el lunes una conferencia de prensa para dar más detalles.
La estrategia marca un desplazamiento desde la presión militar hacia la presión económica, en un momento en que la guerra, iniciada hace casi seis meses, atraviesa una etapa de menor intensidad. Bessent aseguró que una campaña de máxima presión económica reduce, al menos por ahora, la posibilidad de que Estados Unidos retome operaciones militares de gran escala contra Irán.
“Si estamos aplicando la máxima presión económica, eso significa que probablemente no habrá una reactivación bélica a gran escala, pero enfatizaré que eso es por ahora”, afirmó. También consideró que los mercados petroleros interpretan de manera equivocada las implicancias de la nueva estrategia. Los precios del crudo alcanzaron este jueves máximos de más de tres semanas.
Washington también pretende ampliar el frente internacional. Ante una consulta sobre la posición de los aliados, Bessent lanzó una advertencia tajante: “Están con nosotros o contra nosotros”. El presidente Donald Trump había advertido el miércoles sobre “tremendas consecuencias económicas” para cualquier país que permita que instituciones financieras, empresas, aeropuertos o entidades gubernamentales proporcionen un salvavidas a Irán.
Uno de los principales interrogantes pasa por China, que compra más del 80% del petróleo exportado por Irán, según datos de 2025 de Kpler. La ofensiva podría concentrarse primero en la red que permite a Irán esquivar las sanciones, desde la llamada flota clandestina hasta bancos, aseguradoras, empresas y operadores vinculados al comercio de petróleo. Desde el inicio del segundo mandato de Trump, el Tesoro puso el foco en personas y entidades relacionadas con las exportaciones iraníes y con mecanismos para eludir las restricciones. Con la guerra, esa política se endureció y más de un millón de personas, barcos y aeronaves ya quedaron alcanzados por sanciones estadounidenses.
China aparece como el caso más sensible. Pekín ha comprado durante años la mayor parte del petróleo iraní, en buena medida a través de refinerías alejadas del sistema financiero estadounidense. El mayor riesgo, sin embargo, podría recaer sobre los bancos que participan en las operaciones de pago por petróleo o en transacciones vinculadas con armamento. Una ofensiva contra grandes entidades financieras chinas podría tener efectos sobre el sistema económico internacional y provocar represalias de Pekín.
Bessent evitó anticipar qué medidas podría adoptar Washington contra Pekín y sostuvo que “muchas conversaciones es mejor tenerlas en privado”, aunque instó al gobierno chino a sumarse al plan. El secretario del Tesoro argumentó que China también tiene incentivos para respaldar la iniciativa estadounidense. “Los chinos obtienen el 50% de su energía del Golfo. Por lo tanto, les vendría muy bien sumarse a la iniciativa”, afirmó. Washington considera que existe un interés común en la reapertura del estrecho de Ormuz y en una baja de los precios de la energía.
Una escalada económica con Pekín, sin embargo, también supondría riesgos para Estados Unidos. China es uno de sus principales exportadores y controla suministros clave, entre ellos minerales de tierras raras, por lo que una ofensiva contra empresas chinas que comercian con Irán podría provocar represalias.
El alcance de las posibles sanciones secundarias también podría extenderse a otros socios de Teherán. Emiratos Árabes Unidos, India y Turquía figuran entre los países más expuestos, aunque los dos últimos ya redujeron de manera considerable sus vínculos económicos con Irán. India, por ejemplo, pasó de un intercambio bilateral de unos 17.000 millones de dólares en 2018-2019 a 1630 millones de dólares en el último año, mientras Turquía redujo a la mitad su comercio con Teherán desde el comienzo de la guerra. El dilema para Washington es que una ofensiva simultánea contra todos esos países también podría afectar sus propios intereses estratégicos y comerciales.
Teherán respondió con dureza. El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní calificó las sanciones de “terrorismo económico” y “crímenes contra la humanidad”, y sostuvo que sus responsables merecen ser juzgados y castigados. El canciller Abás Araqchi afirmó, además, que el nuevo plan de Trump busca “distraer de la propia crisis de Estados Unidos”.
La economía iraní ya enfrenta una presión severa después de décadas de sanciones. El 22 de julio, la inflación alcanzaba el 66% interanual, frente al 46% de febrero, mientras la moneda profundizaba su depreciación: el miércoles, un dólar equivalía a 1,88 millones de riales, frente a 1,65 millones antes del comienzo de la guerra.
El conflicto comenzó el 28 de febrero, con ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos. Casi seis meses después, Washington mantiene un bloqueo naval, Teherán conserva prácticamente cerrado el estrecho de Ormuz y las conversaciones entre Estados Unidos e Irán permanecen suspendidas. Pese a la guerra, Teherán no renunció a su uranio enriquecido ni abandonó sus planes declarados de energía nuclear.
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