Ibatín, el sitio arqueológico donde nació San Miguel de Tucumán hace 460 años
El Parque Provincial Ibatín conserva los cimientos de la primera ciudad fundada en 1565 y trasladada en 1685; un recorrido por su historia y su paisaje

En la localidad de León Rougés, en el departamento Monteros, Tucumán, el Parque Provincial Ibatín conserva los vestigios de la primera San Miguel de Tucumán, fundada el 31 de mayo de 1565 por el capitán Diego de Villarroel. El sitio, uno de los conjuntos arqueológicos más relevantes de Sudamérica, permite recorrer los cimientos de una ciudad que permaneció habitada durante 120 años hasta su traslado, hacia 1685.
El Museo Arqueológico a Cielo Abierto Ibatín (Macai) funciona allí bajo la coordinación de Cristian Guaraz, que guía a los visitantes entre las ruinas. "Acá nació la historia de los tucumanos. Se gestó la ciudad fundacional de San Miguel de Tucumán", afirma el encargado del espacio.
El nombre del paraje proviene de la lengua tonocoté: eatym significa "chacra" o "campo de maíz". Villarroel eligió ese punto por sus condiciones estratégicas. "Era un lugar alto, de clima agradable, disponía de mucha madera y leña, y tenía cerca el río El Tejar —hoy Pueblo Viejo—, que proveía de agua a la población, a los animales y al cultivo", explica Guaraz.
El factor decisivo, sin embargo, fue comercial. El Camino Real, la vía más directa entre el Río de la Plata y el Perú, pasaba por la ciudad. Eso le dio un movimiento constante y una vida económica singular durante más de un siglo.
El trazado original se organizó en forma de cuadrilátero, con siete cuadras de lado divididas en 49 manzanas. La manzana central quedó reservada para la plaza pública, donde se plantó el "palo de la justicia" o rollo-picota, símbolo de la autoridad colonial. Alrededor se ubicaron los solares de los vecinos españoles y los edificios principales: el Cabildo, la iglesia matriz y los conventos de mercedarios, franciscanos y jesuitas.
La sociedad estaba dividida de manera estricta. La elite española vivía junto a la plaza y era la única considerada "vecina", con un contingente de 3000 indígenas y africanos a su servicio. Una clase media de artesanos —talabarteros, sombrereros, carpinteros, zapateros y albañiles— producía lo que el viajero necesitaba para sus trayectos hacia el Perú.
"Era una ciudad muy llamativa y un paso obligado; incluso la plaza se ofrecía como lugar de descanso al viajero, porque era una ciudad muy ordenada", sostiene Guaraz.
En diciembre de 1680, el rey de España dictó una cédula que ordenaba el traslado de la ciudad. La medida llegó en 1683 y se concretó hacia 1685, unos 65 kilómetros más al norte, donde hoy se levanta la capital provincial. Las causas fueron las mismas que habían atraído a los españoles: el río comenzó a inundar el casco urbano y el agua estancada propagó enfermedades como el bocio, el Chagas y el paludismo. A eso se sumaron los ataques de pueblos originarios que bajaban de las montañas para recuperar sus tierras. Al volverse peligroso el Camino Real, la ciudad quedó aislada.
El final fue abrupto. "Los vecinos se resistían a la decisión del Cabildo, tras haber vivido aquí por tres generaciones o más. Por eso, una vez que lograron sacar hasta al último habitante, el 27 de septiembre de 1685, mandaron a destruir todo lo que quedaba y a incendiar el lugar, para que no hubiera ningún motivo de regreso", relata Guaraz.
Hoy, las inundaciones sucesivas dejaron la ciudad enterrada y convertida en parque arqueológico. El sitio se alcanza por la ruta 38 hasta León Rougés y luego por ocho kilómetros de camino de tierra afirmado. Entre cañaverales y monte, el paisaje conserva parte de la vegetación autóctona del piedemonte tucumano: cebiles, nogales, cedros, tipas, laureles, lapachos y algarrobos. Guaraz asegura haber observado corzuelas, pequeños venados y serpientes que buscan refugio del calor estival.
Durante todo el año, escuelas de distintos puntos de la provincia llegan al sitio en excursiones educativas. El abandono definitivo se completó en 1692, cuando todavía permanecían algunos vecinos.
Por qué importa
Ibatín es uno de los sitios arqueológicos más importantes de Sudamérica y resguarda el origen de una de las ciudades más antiguas de la Argentina. Su puesta en valor combina patrimonio, turismo y educación en el piedemonte tucumano.
Qué sigue
El sitio seguirá recibiendo visitas escolares y turísticas, con el desafío de conservar los vestigios frente a las inundaciones que ya enterraron la ciudad. La difusión del parque apunta a consolidarlo como destino histórico de la provincia.
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